Inicio INTERNACIONAL Tazas de té para luchar contra los ataques de ácido en la...

Tazas de té para luchar contra los ataques de ácido en la India

0
Compartir

Reshma estaba embarazada de su sexto hijo cuando su marido le roció con ácido sus partes íntimas. La joven, de 34 años, había dado a luz a cinco niñas y él ansiaba un varón para que el nombre de su familia perdurara. Aquel 24 de julio de 2013 ella realizaba sus tareas domésticas habituales cuando él le exigió conocer el sexo del bebé. Reshma se negó a realizar un test que confirmara el género de su vástago y él comenzó a golpearla. Después se marchó. «Por la noche, cuando volvió a casa, pensaba que iba a seguir insistiendo y pegándome, pero me arrojó ácido. Me quedé en shock y permanecí encerrada en un cuarto sin saber qué hacer durante cuatro días», rememora. «Una de mis hijas me trajo una pomada para aplicarla en mis heridas, pero lo que no sabía entonces es que nunca se curarían», confiesa. Hasta el día 29 de ese mes, fecha en la que sus padres la llevaron al hospital, no recibió ningún tratamiento médico.

Tres años después, Reshma convive con las secuelas físicas y psicológicas de esa pesadilla. Pero su historia no es un caso aislado, ya que la suya es una más de las de miles de mujeres que sufren ataques de ácido cada año en la India. De hecho, según los datos que maneja la Chhanv Foundation, una organización que busca apoyar a estas víctimas y acabar con la impunidad de estas agresiones, cada día se registra en la India, por lo menos, una de ellas. Sin embargo, este problema es todavía mayor. Desde la asociación resaltan que las cifras reales son «mucho más elevadas que las que aparecen en las estadísticas gubernamentales». Esto se debe, en parte, a que la mayoría de estos ataques no se denuncia a la Policía por ser la India un país de enraizadas tradiciones machistas. Debido a la escasa protección, las mujeres optan por esconder su cara y su cuerpo desfigurados para evitar ser rechazadas, a pesar de que muchos de ellos, perpetrados por maridos, padres, familiares directos o desconocidos, esconden muchas veces delitos de violaciones.

Con el objetivo de sacar de la oscuridad a estas víctimas, Chhanv Foundation puso en marcha en 2014 el café Sheroes Hangout Project en Agra, una de las ciudades con más ataques de este tipo y que cada año recibe millones de visitantes por albergar el famoso mausoleo Taj Mahal. Se trata de la primera cafetería en el mundo en la que trabajan exclusivamente víctimas de estas agresiones y que se construyó como puente entre las supervivientes y la sociedad. A la apertura de este espacio se suma la inauguración de dos nuevos proyectos en los últimos meses en las ciudades de Lucknow y Udaipur. En todos ellos las víctimas se encargan de limpiar, cocinar y atender a los clientes. Pero, además, las 16 trabajadoras que forman parte de la plantilla de estas tres cafeterías, entre las que se encuentra Reshma, se convierten en ejemplos para otras mujeres que han sufrido una experiencia similar, ya que demuestran que pueden llevar una vida normal. «Uno de los cientos de problemas de estas supervivientes es enfrentarse a tareas fuera de su casa y relacionarse con otras personas», describen desde Chhanv Foundation lo difícil que es para las víctimas romper con su propio aislamiento.

A las actividades habituales de una cafetería se añaden charlas, debates o presentaciones de libros con el objetivo de erradicar este tipo de comportamientos y concienciar a la sociedad, hombres y mujeres, para que no se conviertan en meros espectadores de estos ataques y se impliquen en la erradicación de toda clase de violencia. «Estos crímenes se realizan a veces en la calle a plena luz del día y con una respuesta adecuada del propio entorno podrían haberse evitado», insisten desde la asociación. Las consecuencias de los mismos son terribles y las estadísticas gubernamentales son, en realidad, historias tangibles como, por ejemplo, la de Faraha que, además de las quemaduras en su cara, perdió la visión, o la de Santi, quien apenas oye desde que fue atacada a los 18 años por disputas familiares.

No obstante, el calvario de estas víctimas no acaba aquí porque las operaciones que permiten recuperar su rostro son muy dolorosas y pueden prolongarse durante años. «Normalmente se utiliza su propia piel en las cirugías, ya que se evita que el cuerpo rechace el trasplante; pero eso requiere que pase un tiempo entre operación y operación», explican desde la organización. Por estas razonas, muchas mujeres deciden terminar el tratamiento cuando su aspecto adquiere un nivel «aceptable» que les permite vivir con relativa normalidad el día a día.

Al dolor físico se suman los daños psicológicos y la humillación que estas víctimas sufren de por vida debido a esta violencia que no busca matar a la mujer, sino convertirla en un ser feo: «El agresor busca que nadie más la quiera». No obstante, no es la sociedad la primera en rechazar a estas féminas, sino que son las propias víctimas las primeras en repudiar su imagen.

Como el número de agresiones de este tipo es muy elevado, en los últimos años, debido en parte a la presión de esta organización, el Gobierno ha impulsado algunas leyes que garantizan ciertos derechos de estas víctimas como, por ejemplo, pequeñas compensaciones económicas o tratamiento sanitario gratuito. Unas medidas escasas, consideran desde la fundación, si el ácido sigue siendo un material barato y fácil de conseguir y si no van de la mano de una correcta concienciación en la sociedad porque, insisten, en que el propio entorno, con su silencio, se ha convertido en cómplice de esta violencia.

Comments

comments