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Reloj de Arena – El Autogolpe de Trump

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Por: Guillermo E. Quiroga Madrigal

Los hechos de violencia y disturbios ocurrido el miércoles pasado en el mismísimo Capitolio en Washington D.C., fue más que nada el reflejo del declive y sed de venganza del presidente Donald Trump, al alentar tácitamente a sus seguidores a tomar las calles para revertir los resultados de las elecciones de noviembre de 2020, antes de dar marcha atrás y pedirles que se vuelvan a sus casas. Fue el ejemplo clásico de un intento de “autogolpe” latinoamericano.

No es de extrañar que así operen los llamados “populistas”, quienes se rehúsan a reconocer una derrota. Tal es el caso del presidente Trump, persona muy soberbia, que en cada momento culpa a los medios de comunicación y arremete contra aquellos que no piensen igual que él, tal como en México ocurre con el presidente López Obrador, ambos se hacen “victimas” y reparten culpas.

Al más puro estilo de “autogolpes” en América Latina, ese mismo que tanto critica, el presidente estadounidense quiso aplicarla en su país, incitó a sus seguidores para que no aceptaran su derrota electoral, los partidarios iracundos irrumpieron en el Capitolio, suspendiendo la validación de las elecciones y protagonizando el violento final de su presidencia.

Tras los actos de vandalismo y que lamentablemente dejaron a una persona fallecida, hará que se ponga en duda la autoridad moral de los republicanos que apoyan a Trump para predicar la democracia en países como Venezuela, Cuba o China. ¿Con qué cara criticarán a las dictaduras, cuando apoyaron un intento de golpe de Estado en su propio país?

Recordemos que en 2019, el entonces presidente populista de Bolivia, Evo Morales, se postuló para un cuarto mandato. Era un presidente electo que previamente había cambiado la constitución, que originalmente le permitía servir solo dos mandatos consecutivos.

Cuando Morales no logró una victoria en la primera ronda en las elecciones del 20 de octubre de 2019 y los observadores internacionales concluyeron que tenía que ir a una segunda vuelta, Morales pidió a sus seguidores que salieran a las calles. Sabía que lo más probable es que perdería una segunda vuelta, porque los principales candidatos de la oposición se unirían contra él.

Entonces, Morales se auto proclamó fraudulentamente ganador en la primera vuelta y llamó a sus seguidores a marchar hacia el palacio presidencial y el Congreso, hasta que la oposición reaccionó de la misma manera y la comunidad internacional exigió una segunda vuelta electoral.

Al final, la policía y el ejército boliviano decidieron no respaldar el autogolpe de Morales, y el entonces presidente se vio obligado a renunciar, o lo obligaron a hacerlo los militares, según a quien uno quiera creerle. (Andrés Oppenheimer)

Pero remontemos al 30 de julio del 2006 y siguiendo las tácticas del “populismo” y guardando las proporciones de la magnitud, el ahora presidente de México Andrés Manuel López Obrador, encabezó un plantón en la capital del país que se instaló en Paseo de la Reforma en protesta por el resultado de las polémicas elecciones que le dieron el triunfo a Felipe Calderón Hinojosa. El plantón, criticado un por sector de la población debido a los daños sobre todo económicos que provocó en la zona, se levantó hasta el 15 de septiembre, sumando 47 días de duración.

Regresando al tema en cuestión, el Congreso de Estados Unidos logró certificar de manera definitiva la victoria del demócrata Joe Biden sobre el presidente republicano Donald Trump. Quien lo que ha hecho, sienta un precedente terrible.

El llamado de Trump a sus seguidores para que se reviertan los resultados de las elecciones de 2020 debilitará el respeto de otros países por la democracia estadounidense, quizás por décadas. Al igual que Morales y otros demagogos populistas latinoamericanos, Trump ya había creado un culto a la personalidad alrededor suyo, ha sido un mentiroso compulsivo y ha usado la victimización como una estrategia política. Y ahora, ha sacado de la galera el último recurso del manual del dictador electo latinoamericano: el “autogolpe”… Seguimos en este Reloj de Arena.

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