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La delincuencia no está en confinamiento

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Por: Salvador Cosío Gaona

La inseguridad en varias partes del país sigue en aumento a pesar de que hemos vivido los últimos meses en un obligado confinamiento a propósito de la pandemia de coronavirus, siendo que desafortunadamente sacar el ejército a las calles no ha sido la panacea para amainar un problema tan arraigado en territorio nacional, donde se siguen acumulando muertos en cifras exponenciales sin visos de que exista una estrategia para intentar contrarrestar esta problemática. 

El propio presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha reconocido que las operaciones de seguridad no han logrado contener la violencia. 

«Estamos atendiendo lo del coronavirus, pero desgraciadamente seguimos teniendo problemas con homicidios «, ha dicho el mandatario.

El hecho de que infinidad de actividades se hubiesen detenido por la también llamada cuarentena no ha logrado frenar la violencia. 

Especialistas han coincidido, en que a los carteles de droga y de robo de combustible -los principales generadores de violencia en el país- no les importa la pandemia de coronavirus.

«Las organizaciones criminales siguen en lo suyo», le dijo a BBC Mundo el especialista en seguridad Ricardo Márquez Blas. «No tienen por qué acatar las medidas de aislamiento social. La confrontación entre ellas es ahora más intensa».

Es otra epidemia», apuntó al mismo medio Francisco Jiménez Reynoso, investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

«En México tenemos una epidemia de inseguridad al alza, se mueve en paralelo al coronavirus. Pero hay más muertos por la violencia, hasta el momento».

Curiosamente, el día más violento del año, el 20 de abril, el presidente López Obrador envió un mensaje a los delincuentes.

«Bájenle, bájenle y piensen en sus familias, en ustedes mismos», dijo en su conferencia de prensa matutina.

«Estamos atendiendo lo del coronavirus pero desgraciadamente seguimos teniendo problemas con homicidios. Ni siquiera porque existe esta situación se han calmado».

No es extraño, dice Jiménez Reynoso. «La delincuencia en México no está en cuarentena ni entiende de eso, sigue moviéndose al mismo ritmo».

De hecho, coinciden los especialistas, los carteles de narcotráfico y las bandas de robo de combustible parecen aprovechar las medidas de salud contra la pandemia.

Las fuerzas armadas, la Guardia Nacional (GN) y las corporaciones policíacas locales han estado desplegando una cantidad importante de sus elementos para ayudar en la emergencia sanitaria, explica el especialista Márquez Blas.

La GN vigila la mayoría de los hospitales públicos, mientras que las policías estatales y municipales «tratan de que la población acate el aislamiento social».

En tanto los carteles aprovechan este repliegue para tratar de arrebatarse terreno. Por eso el incremento de homicidios dolosos y la violencia, especialmente en zonas donde la guerra entre bandas es más intensa.


Así ocurre en estados como Jalisco, Michoacán o Guanajuato. La zona es disputada por el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la banda conocida como Cartel de Santa Rosa de Lima, el mayor grupo de robo de combustible del país.

Pero en la disputa por los mercados de droga y robo de combustible participan otras organizaciones, como los restos del cartel La Familia Michoacana o la banda de Los Viagras.

Los especialistas apuntan que esta guerra es una de las causas del incremento de la violencia durante la pandemia de coronavirus, pero otra es que en su estrategia de seguridad el gobierno de López Obrador no contempla acciones militares contra los carteles, como sucedió en otros años.

Además, miles de policías y militares están dedicados a ayudar en la contingencia de salud. 

«Si lo sumas, te das cuenta de que en realidad los grupos están bastante sueltos» asegura el especialista Márquez Blas.

Ciertamente la ola de violencia no es un problema nuevo, pero en la pandemia actual se vuelve más notoria.

En otros países el índice de violencia se redujo porque la mayoría de la población se quedó en casa, recuerda el investigador Jiménez Reynoso.

En esos lugares la pandemia es más letal que los problemas de inseguridad. No es el caso de México.

Además de la creciente inseguridad, los expertos consultados por BBC Mundo destacan que otra de las razones tras el decreto presidencial es que la corporación creada para sustituir a los militares en labores policiales, la Guardia Nacional (GN), todavía no completa su integración.

Un año después de su nacimiento el cuerpo policíaco no ha logrado estar presente en todos los sitios considerados como de mayor riesgo.

La orden presidencial a los soldados y marinos es que colaboren con este cuerpo en tareas de seguridad pública. Los militares permanecerán en las calles hasta marzo de 2024 , es decir, prácticamente lo que resta del gobierno de López Obrador.

En ese tiempo se espera que la GN reclute los 140.000 elementos que deben integrarla según la estrategia de seguridad. Actualmente cuenta con 76.000.

Cabe recordar que la corporación se creó para sustituir a los militares que desde hace varios años realizan labores policiales. Pero hasta ahora no ha sido posible, reconocen las autoridades.

El plan es similar a las estrategias de seguridad en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, señalan algunos especialistas.

En el primer caso, se creó la Policía Federal para sustituir a los militares que combatían a la delincuencia organizada.

La administración de Peña Nieto, por su parte, estableció la Gendarmería Nacional, con el mismo objetivo. En ningún caso fue posible sustituir a las Fuerzas Armadas.

Cuando se creó la GN, en junio de 2019, muchos advirtieron que en el fondo era la misma estrategia que había fallado.

De hecho, algunos especialistas como Gerardo Rodríguez Sánchez y Paula Montserrat Aguilar, investigadores de la Universidad de las Américas de Puebla, alertan de que existe una fuerte dependencia de los militares en la estrategia de seguridad pública del país.

La orden presidencial para desplegar militares en varias ciudades provocó duras críticas en ese sentido por parte de organizaciones civiles y expertos.

Sin embargo, algunos analistas señalan que los militares en funciones de policía existen desde el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), recuerda Javier Oliva Posada, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De hecho, el expresidente Ernesto Zedillo (1994-2000) sustituyó, en 1995, a todos los agentes de la Policía Judicial Federal (PJF) con elementos de la Policía Militar (PM).

Y cuatro años después el mandatario creó la Policía Federal Preventiva, que se integró con la Tercera Brigada de la PM.

Además desde hace casi dos décadas muchos de los jefes de policías estatales o municipales son militares en retiro.

En este debate algunos incluso llegaron a defender que la decisión marca el eventual fracaso de la estrategia de seguridad de López Obrador.

Pero no es tiempo de afirmarlo, considera Peña. «Hay un plazo para que la Guardia Nacional y las policías se fortalezcan».

«En 2024, si no se ha logrado cambiar o la Guardia Nacional no establece control territorial, entonces se puede hablar de un fracaso».

La realidad es que durante el primer semestre del año, se registraron 17 mil 493 víctimas de homicidio en México, lo que alcanzó una tasa histórica de este delito por cada 100 mil habitantes, según Semáforo Delictivo.

Opinió[email protected]

@salvadorcosio1 

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