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La crisis de MORENA rumbo al 2021

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Por: Carlos Reyes

La soberbia de muchos simpatizantes de MORENA se mantiene firme pensando que realmente el posicionamiento (conocimiento) del Presidente Andrés Manuel López Obrador es lo suficientemente sólido como para transmitirlo a los que serán los siguientes candidatos para los puestos a elección popular de 2021.

La más reciente muestra, fue el fervor con el que anunciaron que los simpatizantes de Andrés podrían generar una marcha de un millón de seguidores como muestra de la defensa del Presidente pero no lograron llegar ni a diez mil activos en su marcha.

Lo que sí vimos claramente fue la ferocidad con la que atacaron al movimiento de FRENA que se encuentra en campamento permanente en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, y con ello una profunda reflexión, ya que es notable que esta marcha no tuvo la atención necesaria para ser exitosa, ni de la dirigencia nacional (inexistente), ni de las dirigencias estatales.

Al mismo tiempo debemos tener muy claro que la ola que vivimos en el 2018 tuvo que ver con factores indiscutibles, el hartazgo social de los gobiernos del PRI y del PAN a nivel nacional, el discurso de Andrés Manuel sobre la corrupción y sobre el fracaso del neoliberalismo, el robo de elecciones al por mayor, así como la pobreza en la que estaba sumido el país.

La batalla que se da en las calles (cualquiera que sea) tiene connotaciones sociales a favor o en contra de alguna causa, todas ellas significan algo y nos dan lectura de análisis importantes, basta con recordar los movimientos feministas, los pro aborto, la enorme marcha sucedida en puebla en marzo, iniciada por los estudiantes de la BUAP, así como las sucedidas en CDMX y Jalisco que entramparon a los gobiernos de ambas ciudades en un conflicto abierto.

Entonces tenemos que ser muy claros en saber darle el peso correcto a cada movimiento y conocer de fondo cuál es su causa real, sobre todo porque la conflictividad es parte de los indicadores de gobernabilidad, por lo tanto la presencia de movilizaciones, manifestaciones o confrontaciones dirigidas (directa o indirectamente) contra políticas, decisiones o actos del gobierno, afectan directamente a la percepción del gobierno Andrés Manuel, que además le van restando legitimidad.

Y si bien alguna parte de la clase media aún tiene afectos por la forma de llevar el gobierno o con la llamada cuarta transformación, existe otra muy golpeada que ya el presidente la está perdiendo, precisamente es esta clase social la que se encuentra ahora haciendo esfuerzos por ser visibles y no podemos olvidar el significado de salir a tomar las calles.

Un ejemplo claro lo dijo el propio Fidel Castro en su visita por Chile en noviembre de 1971, en la que permaneció por tres semanas para apoyar a Salvador Allende después de que el Congreso le habría confirmado como Presidente. Fidel fue a legitimar la posibilidad de la opción pacífica hacia el socialismo, sin dejar de advertir a los revolucionarios chilenos que debían prepararse para la brutal reacción contrarrevolucionaria y que la única manera de detenerla era no dejándose arrebatar las calles.

Por lo tanto la batalla que se ha iniciado en las calles es de tal importancia que puede generar un encono social lo suficientemente fuerte como para que la otra parte de la clase media salga a entregar el apoyo a quienes hoy están a punto de victimizarse por la falta de cálculo político y descontrol de los movimientos anti Frena y pro AMLO.

En este contexto está más que claro que no existe un liderazgo político al interior de MORENA y por lo tanto las tribus siguen su propio cauce y es el único que saben tomar, el de la confrontación,  esto es un total reflejo de lo que sucede en las más altas esferas de este partido, ya que han tenido que llegar a los tribunales por no tener la sensatez política para construir acuerdos.

Rumbo al 2021 tenemos que hacer un freno total para analizar lo que sucedió en Coahuila y en Hidalgo, con la aplastante maquinaria Priista y de manera obligada, tenemos que tomar en cuenta que en 2018 MORENA logró en el primer estado 5 diputados federales, 3 por mayoría relativa y 2 de representación proporcional, y de manera local solo cuentan con 1 diputado, es decir que tuvieron dos años para demostrar que en el centro de sus decisiones públicas debería estar el ciudadano y por otro lado no les alcanzó la fuerza para lograr en las urnas mejorar las posiciones en el estado.

He escuchado y leído a diferentes colegas justificar esta derrota como no derrota, porque “se trata de un proceso natural de crecimiento y que tiempo al tiempo”, además de que en su discurso hablan sobre la pérdida del registro de dos partidos políticos, que también un factor es el del gran elector y que se representa en la persona de los gobernadores de extracto priista, y me pregunto entonces, cómo esperan ganar la mayoría del congreso federal si tienen diez Gobernadores (uno priista) en la alianza federalista que gobiernan cuarenta millones de mexicanos y 11 gobernadores más priistas. Si todos operan como sucedió en ambos estados este 2020, la debacle es una crónica anunciada.

Por lo tanto, en resultados reales no le alcanzó al presidente de la república la fuerza de los programas sociales y clientelares para tener un mensaje que se traduzca en votos, como el vamos bien, el somos felices, felices, felices, porque en la realidad no salieron los morenistas a sufragar su voto en favor de la cuarta transformación, y valdría la pena agregar en la mesa otro factor que podría darse como reflejo del referéndum al presidente o el hartazgo temprano del sexenio.

Ahora bien, tenemos que dejar muy claro que las herramientas que Andrés Manuel López Obrador les dio a los morenistas en los estados son clarísimas: un superdelegado (que controla los presupuestos en lo local) y un partido ganador de las mayorías, los programas sociales y posiciones políticas de alta importancia, por lo tanto tenemos otro mensaje más, están haciendo esfuerzos individuales y puede ser por varios factores que suman en la derrota del 2021 (si es que no cambian las cosas en los próximos 7 meses), la pelea por la dirigencia nacional y que seguramente se va a replicar a nivel estatal y la búsqueda del poder por el poder, aunado a una nula coordinación con el centro.

Aunque habría que adicionar otro factor más, la presentación de candidatos sin trayectoria, experiencia, cercanía y trabajo real de servicio a la ciudadanía, finalmente las dirigencias nacional y estatales no pueden ponerse de acuerdo, nos queda claro que habrá facturas muy duras en lo local y el resultado será que Morena es el peor enemigo de Morena, y como dirían mis colegas “al tiempo”.

Cuando hablamos del proceso electoral del 2021 se entiende que la oposición no ha sabido concretarse ni en mensaje ni en movilización previa a lo electoral, al menos no hemos tenido muestras claras y faltan algunas renovaciones importantes al interior de los estados, sin embargo debemos sumar aún más frentes a la sucesión del poder, el no tener una estructura que funcione como partido no les dará la fuerza para movilizar a sus clientes de programas ni simpatizantes.

Andrés Manuel ha dejado cabos sueltos bastante visibles, uno de ellos es precisamente MORENA su movimiento convertido en partido y en el que pareciera que le estorba para gobernar, al igual que su propio gabinete y en términos de técnicas de gobierno, el presidente se ha encargado de restarle la capacidad institucional para resolver problemas a las dependencias del gobierno, aunado a una burocracia lastimada que también vota y que ha dejado de ser aliada natural y leal del presidente.

Es en la suma de todos estos factores que tienen una tarea muy importante que hacer si es que quieren ganar la madre de todas las batallas y pareciera que se están olvidando que cada día que pasa es un día menos en el poder.

México necesita recapacitar el voto y generar equilibrios tanto en los gobiernos estatales con alternancias naturales y en los congresos una representatividad que genere amplios debates con una oposición responsable, que fortalezca a la democracia y no solo al votar sino construir realmente modelos de participación ciudadana que nos den la oportunidad de estar en el centro de las decisiones públicas y que además nos obliguen a tener una responsabilidad de fondo en la transformación del país.

P.D. Los pobres resultados de Andrés Manuel, las muertes en aumento por el crimen organizado, la pérdida del empleo, los actos de corrupción al interior del gobierno y los fatales decesos por la pandemia no han sido medidos ni puestos en este pequeño análisis, pero creo que estos nos darán para otra columna.

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