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Falacias y terrorismo

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Por: Betsy Rua

El martes 26 de noviembre, el presidente de Estados Unidos, dijo en una entrevista, que pretende designar a los cárteles mexicanos de droga como terroristas por su papel en el tráfico de drogas y personas. Según dijo, él y su equipo llevan 90 días en ese asunto debido a que es todo un proceso con el que tienen que cumplir.

Sin embargo resulta curioso, puesto que precisamente el domingo 24 la familia LeBaron lanzó una petición a la plataforma “Petitions White House” donde piden que los cárteles mexicanos sean considerados como organizaciones terroristas extranjeras. Bryan LeBaron, dijo que han tenido acercamientos con congresistas y funcionarios estadounidenses. La solicitud debe cumplir con 100 mil firmas en el plazo de 30 días y tras su validación, la Casa Blanca debe dar respuesta en un lapso de 60 días.

Pero ¿qué significa considerar a estas organizaciones criminales como organizaciones terroristas internacionales? Es una maniobra legal, un concepto jurídico que implica protocolos de seguridad. El Departamento de Estado define una organización terrorista internacional, como una organización extranjera que comete “actos de terrorismo” y amenaza la seguridad de nacionales estadounidenses o la seguridad nacional de Estados Unidos. Es decir, lo eleva a la agenda de las prioridades. A nivel político, esta medida conlleva la prohibición irrevocable a todas las entidades del gobierno federal de tener relación y negocios con entidades extranjeras que implican peligro y riesgos a su seguridad nacional.

Con ella, quedarían sujetos a sanciones por parte de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros, lo cual permite la confiscación de bienes y el congelamiento de cuentas bancarias solo al interior, además del combate al tráfico de armas a México y el destino de mayores recursos a su combate. El gran pero, es que también abre la posibilidad a una intervención militar.

Pero hablemos del interés nacional, o más específicamente del interés de Trump. La medida evitaría u obstaculizaría que estas organizaciones reciban armamento y financiamiento. Sin embargo, esto llevaría al Departamento del Tesoro estadounidense a investigar a la banca privada y sus relaciones directas o indirectas con todo tipo de organización. En otra vertiente también representaría una confrontación con la Asociación Nacional del Rifle, quienes financian con cientos de millones de dólares campañas políticas. Enfrentamientos de esa índole no son muy convenientes debido a los tiempos electoreros en Estados Unidos.

Por otro lado, Trump necesita apalancar su campaña de reelección con la misma fórmula con la que resultó vencedor en 2016, la estigmatización del mexicano. A usted lector no le será difícil recordar cuando tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la discriminación y la xenofobia en contra de musulmanes se vio exacerbada, precisamente por la demonización de esa minoría y ya sabemos todos como terminó esa historia. Personificar la imagen de un enemigo resulta bastante rentable.

A Trump le urgen unas clases sobre seguridad ya que las organizaciones terroristas y la delincuencia organizada no son lo mismo. La principal e inalienable característica de un grupo terrorista son las reivindicaciones políticas y la ideología que guía todas sus acciones, y que en ningún caso es por dinero. En el caso de los cárteles de la droga, es mera delincuencia organizada que si bien, tienen una agenda política, su función es llanamente la de servir al interés principal: el lucro.

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