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Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

México no necesitaba “desgracias”

Con más del 40% de la población en situación de pobreza, en México viven más de 50 millones de personas pobres. Más allá del amplio y vago concepto de “la pobreza”, esta enorme cifra del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), incluso diferencia entre pobres moderados y pobres extremos… al fin y al cabo, pobres mexicanos.

Si lo vemos desde el ángulo contrario, si en México hay unos 123 millones de habitantes, se cuentan más de 800 personas cuya fortuna supera los 50 millones de dólares.

Lo que quiero decirle es que en México por cada 5 personas, una padece de hambre; mientras unas pocas familias acaparan una inmensa fortuna, que administran detrás de logotipos de marcas trasnacionales, que por cierto, son expertas en la evasión de impuestos, con estrategias contables que disfrazan el altruismo o la filantropía.

México no necesitaba de la reciente cadena de tragedias para darnos cuenta que somos un país muy desigual, que los medios de comunicación inventan una barbaridad de historias y que la sociedad civil organizada funciona mejor, mientras que impera la desconfianza en el trabajo de sus autoridades.

Por ejemplo: México no necesitaba de un sismo de estas magnitudes para darnos cuenta lo corruptos que pueden llegar a ser los funcionarios que autorizan la construcción de escuelas sin las debidas medidas de seguridad, o que ya había edificios a punto de caerse y nadie antes dijo nada.

Porque somos un país que vive al límite, en donde se vive al límite. En donde millones de personas no necesitaban que un día les llegara un sismo para abrir los ojos esa mañana y darse cuenta que lo habían perdido todo, porque desde antes no tenían nada.

Antes del sismo de 7.1 grados, que golpeó fuertemente la capital y el centro del país, en México, ya había familias que no tenían para comer, que carecían de casa, muebles, trabajo y hasta dignidad… ¿Qué nadie se había dado cuenta de ello?
¿A poco necesitábamos que se nos viniera una catástrofe para reaccionar y compartir con los más necesitados?

Tras la tragedia veo a empresas y familias ricas organizándose para mandar víveres e incluso entregarlos personalmente a los afectados por el terremoto geológico, pero discúlpenme que no las veo cuando el terremoto de la crisis económica nos ha golpeado igual de fuerte en ya muchas ocasiones.

Da tristeza que muchas familias lo hayan perdido todo; y también da mucha alegría ver cómo la sociedad se vuelca en apoyos para los damnificados, pero ¿qué onda con los damnificados del capitalismo? ¿Dónde quedan los campesinos y su campo que ya no produce? ¿Qué onda con los chicos que salen de la escuela y sólo encuentran una oferta de trabajos mal pagados que no harán sino conducirlos rumbo a la pobreza? ¿Quién cuestiona el monto de la miserable pensión que reciben los adultos mayores?, por poner solamente unos ejemplos de la crisis que ya vivíamos antes de los más recientes temblores.

No nos equivoquemos, que México no necesitaba de tragedias para ser un país que ya estaba al límite, al borde de la insultante situación de desigualdad, en donde quienes más tienen más quieren tener sin importarles que la cantidad de pobres siga creciendo, pensando que tiene que ser papá gobierno el que lidie con ellos.

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