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Un error que no se puede repetir

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Por: Salvador Cosío Gaona 

El tema aún resulta doloroso y provoca aflicción para quienes perdieron sus patrimonios hace 25 años a causa del denominado “error de diciembre”. Miles de empresas en quiebra, y millones de mexicanos seriamente endeudados debido a las tasas de interés variable, así como altos índices de desempleo, fueron algunas de las consecuencias que dejó el mayor colapso  económico que se ha vivido en México, lo que en el mundo también se conoció como “la crisis del tequila”.

Este suceso originado a partir de la violenta devaluación del peso, del que nadie quería hacerse responsable, pero del que todos fueron culpables, cumplió 25 años en diciembre pasado.

La recesión, que ocasionó una devaluación del peso de más de 100 por ciento, la erosión de las reservas internacionales, una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 6.2 por ciento, la quiebra de los bancos y cientos de miles de desempleados, ocurrió a los pocos días de que el expresidente Carlos Salinas de Gortari dejara el poder y al inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, quienes se acusaron mutuamente del acontecimiento.

Para Carlos Salinas, quien dejó el poder el 30 de noviembre de 1994, “las 72 horas transcurridas entre el 19 y el 21 de diciembre de 1994 condujeron al desastre nacional”, y culpó en diferentes textos al expresidente Zedillo y a su secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, de haber manejado políticamente y económicamente mal la necesidad de ampliar la banda de flotación del peso.

Incluso acusó a Serra de haber filtrado, el 19 de diciembre por la noche, a importantes empresarios del país, la información privilegiada que el día 20 se devaluaría el peso 15 por ciento, ampliando en este nivel la banda de flotación, lo que ocasionó la corrida contra el peso.

Zedillo y su gabinete contestaron a Salinas, al acusarlo de haber dejado la economía del país con graves distorsiones y prendida de alfileres.

En su primer Informe de Gobierno, en septiembre de 1995, Ernesto Zedillo explicó que “ciertamente, hubo razones para que la crisis estallara con tanta fuerza.

“Una de ellas fue que durante muchos años un fuerte y creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos se financiara con entradas de capital volátil”.

El “error de diciembre” marcó a toda una generación, recapitula el periodista Antonio Sandoval en una publicación de Alto Nivel, “significó en su momento la quiebra económica, literal, de México, hundió a millones de mexicanos en la pobreza y el desempleo, quebró a miles de empresas, al tiempo que arrasó con los avances macroeconómicos que se habían logrado en los años previos”. A 25 años del drama económico que cambió a México para siempre, vale la pena recordar lo que fue, lo que representó para nuestro país, y, sobre todo, las lecciones que dejó para que nunca más vuelva a presentarse un “error de diciembre”, ni de ningún otro mes.

20 de diciembre de 1994, el día más oscuro de la historia financiera del país

El día 20 se convirtió en el inicio de la mayor crisis financiera y económica en la historia del país, es el día que el peso colapsó y la economía se hundió, con todas sus consecuencias.

Cuentan las crónicas que, desde el día anterior, el ambiente estaba muy enrarecido en torno a las finanzas, después de la Gran Devaluación se supo, entre otras cosas, que hubo filtraciones sobre la inminente caída del peso, que dichas filtraciones provocaron un colapso mayor, y que la devaluación de la moneda mexicana fue un movimiento postergado desde las postrimerías de la administración de Carlos Salinas de Gortari, quien se opuso férreamente a que eso sucediera.

Como haya sido, la devaluación fue brutal, junto con sus consecuencias. El 20 de diciembre de 1994 la cotización interbancaria del peso contra el dólar abrió en 3.4662 unidades pero el Banco de México no “entró al mercado“; es importante recordar que en ese momento estaba vigente un régimen cambiario de “banda de flotación predeterminada” en la que el banco central mexicano (en realidad el gobierno, ya que en esa época el Banco de México no era autónomo), fijaba un tipo de cambio máximo y mínimo en el que se movía el mercado cambiario local, la llamada “banda de flotación” ya que el peso “flotaba” dentro de ese margen de precios fijados previamente. Al no haber cotizaciones del tipo de cambio en los mercados nacionales, no quedaba duda que se trataba de una devaluación. Al final del día la cotización oficial se ubicó en 3.99 pesos por dólar una vez que el Banxico “regresó” al mercado, lo que suponía una devaluación inicial de 15.28 por ciento a la banda de flotación. El día siguiente, 21 de diciembre, fue el inicio del régimen cambiario que prevalece hasta nuestros días, el de la libre flotación de la moneda, Banxico volvió a salirse del mercado y la paridad final se ubicó en 3.9970 pesos; el ajuste más violento empezó a partir del día inmediato cuando el peso terminó cotizando en 4.90 por dólar.

Para el 30 de diciembre de ese 1994, el precio del dólar se ubicó en 5.15 pesos, lo que significaba ya una devaluación de 48.57 por ciento desde que el peso entrara en el juego de la libre flotación; hacia el cierre del primer trimestre de 1995 la cotización se ubicaba en 6.79 pesos, una caída de 95.89 por ciento desde su punto de partida al abandonar el régimen cambiario de bandas de flotación.

Pero los estragos en otros rubros fueron tan violentos que partieron literalmente a la economía nacional en dos: las tasas de los Cetes, la llamada tasa líder, que había iniciado diciembre de 1994 ligeramente arriba de 13 por ciento, cerraba el mes en 31 por ciento. Con el paso de los siguientes meses llegaría hasta niveles de 82 por ciento. Lo más dramático fue el efecto sobre las deudas de personas y empresas, prácticamente todo el endeudamiento privado estaba contratado a tasa variable, nadie vio lo que iba a suceder y firmó contratos en los que se estipulaba una tasa de acuerdo a las condiciones de los mercados, todos pensaban que esas condiciones serían de estabilidad, nunca se imaginaron la dura realidad.

Millones de créditos se volvieron impagables, la economía entró en suspensión de pagos internos y los bancos empezaron a reflejar esas condiciones de vulnerabilidad en sus finanzas, la quiebra bancaria fue la consecuencia inmediata. En realidad, lo que había colapsado era todo el sistema de pagos del país, México entero. Con la imposibilidad de pagar sus deudas, bajo los efectos de la devaluación y el incremento de las tasas de interés, las empresas empezaron a recortar personal, ejércitos enteros de desempleados inundaron las calles de las principales ciudades en busca de trabajo.

Por si lo anterior fuera poco, México debía 18 mil 884 millones de dólares en instrumentos de muy corto plazo (tesobonos), a inversionistas extranjeros, pero las reservas del banco central apenas eran de 12 mil millones de dólares ante de la devaluación y al final de diciembre de 1994 terminaron en 3 mil millones, no había forma de enfrentar esos pagos y la amenaza de un conflicto internacional estaba por convertirse en realidad.

Solamente el rescate financiero de Estados Unidos, y más concretamente del entonces presidente William Clinton, quien en uso de sus facultades ejecutivas autorizó un préstamo inmediato por 20 mil millones de dólares al país para que este pudiera cumplir con sus compromisos de corto plazo, impidió el colapso total.

Hacia el mes de abril, el inicio del segundo trimestre del año, el monto total de cartera vencida en los bancos se elevó a 80 mil millones de pesos, el tipo de cambio ya estaba en 7.10 pesos por dólar, el desempleo estaba en 7.8 por ciento, muy arriba del 3 por ciento reportado en otras épocas, las ventas de automóviles nuevos se habían desplomado 65 por ciento, mientras las tasas de los créditos se habían disparado a niveles jamás vistos:

Créditos automotrices; 118%

Hipotecarios: 117%

Tarjetas de crédito: entre 115% y 142%

Sin embargo, ese inicio del segundo trimestre significó el “fondo” para México, luego del rescate financiero del gobierno estadounidense, la economía inició un proceso de recuperación casi imperceptible, que en muchos casos fue más lento de lo esperado.

De acuerdo a Alto Nivel, “1994 es para la historia el año más difícil que ha tenido la economía mexicana en su época moderna, todo empezó desde el 1 de enero con el levantamiento Zapatista en Chiapas, que redujo toda expectativa positiva generada con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado con Estados Unidos y Canadá en noviembre de 1993. Este tratado, como sabemos, dejará en breve de estar vigente para dar paso al T-MEC.

Las lecciones

México es otro país 25 años después del “error de diciembre”, sobre todo porque realizó varios ajustes tras el colapso de la economía. Dichos ajustes le permitieron al país superar en muy poco tiempo la quiebra financiera y económica.

Lección 1: Tipo de cambio de libre flotación

El peso es una divisa que se encuentra sujeta a las condiciones de los mercados, en libre flotación. Esto es algo que aprendimos un poco tarde, pero como dice el dicho: más vale tarde que nunca. Desde mediados de la década de los setenta del siglo pasado, el gobierno quiso controlar el tipo de cambio para incidir en otros indicadores económicos y en la economía en general, los resultados los conocemos todos y si no, están consignados en la historia.

Lección 2: Control inflacionario

La inflación que hoy registra México no se parece en nada a la que tuvo en las tres últimas décadas del siglo pasado, especialmente en la llamada “década perdida”. De modo que es imposible que sepan, no por gusto sino por naturaleza, lo que significa una inflación de doble y hasta triple dígito. La lucha contra la inflación es uno de los grandes aciertos de las pasadas administraciones.

Lección 3: Autonomía del Banco de México

El banco central dejó de ser un ente ligado jerárquicamente al gobernante en turno. Esa liga fue evidente por décadas, de modo que en realidad quien tomaba decisiones de política económica, monetaria y financiera, era un político y no un técnico-experto.

Lección 4: Bancos capitalizados y obligados a bajar sus riesgos

Los bancos, sector en el que la economía mexicana colapsó por el “error de diciembre”, hoy son entidades altamente capitalizadas, ajustadas a los requerimientos regulatorios de la autoridad. Hoy tenemos bancos sanos y con vigilancias y alertas tempranas. No quiere decirse que no tengan riesgos, pero no serían un pasivo inmediato para la economía mexicana en caso de un escenario como el que vivimos hace 25 años.

Lección 5: Nadie es más grande que el mercado

Viene a colación por los errores cometidos en política económica durante años, aderezada con una mala comunicación y peor gestión de las crisis, que crearon la percepción errónea de que los gobiernos mexicanos podían controlar todo en el país, eso incluyó muchas veces la voluntad de los mexicanos, y el tipo de cambio. Al final los mercados se le “voltearon” y retomaron su cauce, como siempre sucede.

El error de diciembre fue todo un suceso económico, financiero, político, social, cultural, etc. Como señalamos, cambió a México para siempre, sus efectos los sentimos hasta nuestros días, un cuarto de siglo después. 

Dicen que “quien no aprende de su historia está condenado a repetirla”, pero para nuestra fortuna, en el México de hoy nuestra moneda goza de plena estabilidad y esa sin duda es una buena noticia para los mexicanos. 

Opinió[email protected]

@salvadorcosio1 

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