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Posponer el despertador tiene consecuencias para la salud

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Ya sé que cuesta horrores, pero te aconsejo que -a partir de mañana- cuando suene la alarma de tu despertador hagas todo lo posible por saltar de la cama raudo y veloz cual gacela para levantarte a la primera.

Sobre todo, trata (por todos los medios) de no retrasar la alarma porque esos cinco minutos extra que te concedes cada mañana están deteriorando tu cerebro y hacen que cada día te vuelvas un poquito más lento, torpe y lerdo. Lo siento, pero es así. Lo dicen los expertos en la materia.

Y es que darle al botón de ‘snooze’ se vincula con lo que se conoce como la inercia del sueño. Esto es: un estado de somnolencia y desorientación que se produce cuando nos despertamos abruptamente de un sueño profundo.

¡Claro! Por eso, cuando se te pegan las sábanas, además de estar de un humor de perros y llegar tarde a todos lados, no das pie con bola y estás ‘espeso’. Vamos que eres incapaz de razonar, comprender o ejecutar algo con la rapidez y eficacia habitual.

Según Juan José Ortega, vicepresidente de la Asociación Española del Sueño, posponer la alarma produce un efecto denominado inercia del sueño, un estado de desorientación y somnolencia muy parecido al que se presenta después de dormir una larga siesta.

“Cuando dormimos, lo habitual es que acabemos o completemos entre cuatro y seis ciclos por noche. En la madrugada está la fase REM, y tenemos una densidad del sueño mayor. Cuando nos despertamos, lo hacemos en el último ciclo REM o en un estado de sueño más superficial”, explica Juan José Ortega vicepresidente de la Sociedad Española del Sueño (SES).

Es decir, que al intentar conciliar el sueño por pequeños intervalos de tiempo estás interrumpiendo el sueño permanentemente sin dejar descansar bien la mente y el cuerpo; y esto acabará afectando a tu rendimiento diario.

Además no solo te levantas “embotado”, sino que el reloj biológico se ve afectado, ya que de alguna manera estás engañando a tu reloj interno porque cuando se acerca la hora de levantarse, nuestro cuerpo se prepara dos horas antes, bajando nuestra temperatura corporal, haciendo descender la melatonina al nivel más bajo (8 de la mañana) y subiendo el cortisol.

Lo cual, además de ocasionar “somnolencia persistente durante el día”, según explica Robert S. Rosenberg, director médico del Centro de Trastornos del Sueño en Prescott Valley en Arizona (EE.UU); produce un deterioro de la memoria, disminuye la capacidad para tomar decisiones y, en general, se ve perjudicado el rendimiento.

O sea, que retrasar la alarma tiene dos efectos negativos: por un lado, se está fragmentando un sueño adicional, que acaba siendo de poca calidad y por otro lado, se incita al cuerpo a entrar en un nuevo ciclo del sueño sin tiempo suficiente para completarlo.

Conclusión: te pasaras la próxima hora y media dando tumbos, más cansado que si te hubieras levantado cuando el despertador sonó por primera vez. Así que es mejor acostarse antes, porque la ‘propina’ del sueño de la mañana no va a solucionar el cansancio.

En cualquier caso, la mejor manera de levantarse es de manera natural, sin necesidad de recurrir al despertador porque eso demuestra que has descansado lo que necesitabas.

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