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Magdalena Teitipac, comunidad indígena donde los niños tienen esperanza

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Elizabeth tiene 15 años de edad, hace cinco perdió a su mamá en un accidente automovilístico, ya no va a la escuela porque cuida de sus dos hermanos pequeños; hace tortillas, siembra un huerto de hortalizas y aprende corte y confección; además, ella quiere ser conductora de televisión y es parte del programa ChildFund México, en donde le enseñan a utilizar herramientas básicas de computación para el desarrollo de proyectos productivos.

Con talleres específicos para niños desde la primera infancia hasta la adolescencia, la organización atiende a chicos en situación de carencia, exclusión y vulnerabilidad en alrededor de 30 países con 400 socios locales, es decir, organizaciones de ayuda a la infancia ya consolidadas con las cuales trabajan de la mano; en México cuentan con alrededor de 30, una de ellas es Niños de Magdalena Teitipac, en la comunidad del mismo nombre, en Oaxaca, donde vive Elizabeth.

Con presencia en África, América y Asia los programas de ChildFund han impactado la vida de 19.7 millones de niños y sus familias; en México, tiene presencia en 350 comunidades en Estados como Chiapas, Morelia, Estado de México, Guerrero y Oaxaca, por mencionar algunos de los siete estados en los que se concentra 50 por ciento de la pobreza en el país.

La organización civil ChildFund tiene ya 40 años en México y ha generado un impacto positivo en más de 100 mil personas mediante la atención de 27 mil niños y adolescentes.

En el país, 40.2 millones de personas tienen entre cero a 17 años de edad, de las cuales 28 millones viven en pobreza, en tanto que 4.7 millones están en situación de pobreza extrema. Además, sólo uno de cada seis niños vive en estado de bienestar y un tercio de las muertes en menores de 15 años se debe a la violencia, refirió la oficial de comunicación de ChildFund México, Paloma González.

Elizabeth, junto con sus hermanos, son afiliados a este programa que funciona mediante padrinos, quienes realizan una aportación mensual que es distribuida no sólo entre sus ahijados, sino que abarca a todos los niños afiliados al programa; sin embargo, la gerente de la fundación Niños Magdalena Teitipac, Oralia López, detalló que 80 por ciento de las aportaciones proviene de donadores extranjeros y sólo 20 por ciento es de mexicanos.

María Isabel tiene siete años y tres hermanos, todos en edad escolar, ella nació con una deformidad en el pie, la solución a su problema, de acuerdo con médicos de instituciones de salud pública fue amputar; sin embargo, la mujer extranjera que la amadrina decidió aportar recursos para su operación que únicamente consistía en liberar los tendones y realizar ejercicios de rehabilitación.

Aún cuando vive en la parte más alta del cerro, tiene más de lo que muchos podrían soñar, un patio grande para correr, una vista inigualable y un huerto casero en donde su abuela siembra algunas frutas, tomate, chile y hierbas de olor, María Isabel y sus hermanos fueron cuidados por sus abuelos luego de que sus padres intentaran cruzar la frontera con Estados Unidos y aún cuando ya volvieron, los abuelos, apoyados por la fundación, realizaron todas las diligencias para que la niña pudiera volver a jugar.

A menos de un año de operación María Isabel tiene los ojos llenos de luz y puede jugar por el patio de su casa junto con su hermana Liliana de tres años, quien habla poco pero corre mucho detrás de su hermana. ChildFund funcionó como un enlace entre ella y su madrina para gestionar los procedimientos para su operación, aunado a que acompañó a la familia durante el proceso de recuperación y terapias de rehabilitación física.

En ese sentido, Paloma González explicó que aún cuando la organización sólo está dedicada al empoderamiento de los niños mediante talleres educativos centrados en la protección de los derechos de la infancia, funge como enlace entre los padrinos y los niños en el caso de que los primeros decidan ofrecer mayores apoyos.

“ChildFund busca contribuir a que los niños, las niñas y los jóvenes rompan el círculo generacional de la pobreza en la que se ven envueltos de generación en generación y es complicadísimo que alguien salte de ese estado socioeconómico, queremos que los infantes alcancen su máximo potencial en cada etapa de sus vidas que se sientan libres y que estén libres de violencia”, expuso González.

La abuela de María Isabel habla zapoteco y como la mayoría de las mujeres de la comunidad hace tortillas, comienza sus labores desde antes de que salga el sol y aunque habla poco español, reconoce con orgullo que sus nietos, todos afiliados a esta iniciativa, son niños más despiertos, no como ella, que no cuenta con ningún grado de escolaridad, comentó.

La organización civil cuenta con una oferta programática que atiende a niños desde los cero hasta los 18 años de edad, en la primera infancia se busca integrar a los padres de familia y favorecer la crianza positiva libre de violencia, en tanto que de los seis a los 12 años se les dota de herramientas para el desarrollo de habilidades como lectoescritura y pensamiento lógico matemático.

De los 13 a los 18 se fortalece la autoestima de los adolescentes con talleres enfocados en liderazgo, emprendimiento de proyectos productivos, conocimiento de paquetería Office, promoción de hábitos saludables, así como tratamiento de temas de sexualidad y reproducción.

Amelia, de 33 años de edad, tiene cuatro hijos, Berenice y Gerardo son adolescentes, Nallely va en la primaria y Diego en preescolar, ella también inicia sus labores desde muy temprano, levanta a los niños, les da tacos de queso y los lleva a la escuela, después regresa a hacer labores caseras y de nueva cuenta vuelve a la escuela por el más pequeño.

Alrededor de las 13:00 horas regresan los demás y comen, posteriormente se pone a echar tortillas al comal y prepara más masa para el día siguiente, termina hasta las siete u ocho de la noche.

El marido de Amelia se marchó a Estados Unidos para juntar recursos para un terreno propio y ahorrar para los estudios posteriores de los niños, en específico de Gerardo, quien además tiene un gran interés en estudiar y cuenta con muy buenas calificaciones en la escuela.

A un año de haber partido, el esposo de Amelia aún debe dinero a familiares y amigos; además, vendió su viejo automóvil para juntar los 15 mil dólares que le costó cruzar la frontera “para más seguro”, comenta ella. Él tiene dos trabajos para pagar la deuda por lo que manda entre dos mil y tres mil pesos “cada que puede, porque sigue juntando para pagar, por eso yo le ayudo echando las tortillas”, refiere con nostalgia.

Los cuatro niños asisten al programa de la organización Niños de Magdalena Teitipac y su mamá comenta que van muy contentos y que han aprendido mucho. Los talleres se ofrecen los lunes y viernes después del horario escolar y los sábados por las mañanas en un aula bien equipada con materiales didácticos variados y una buena cantidad de libros en buen estado, todo producto de donaciones.

Además de impulsar el desarrollo de habilidades en lecto escritura, matemáticas y computación, la organización fomenta en los niños la conciencia de una vida sin violencia, el conocimiento de los derechos de la infancia, así como el cuidado de la salud, alimentación y desarrollo comunitario.

Niños de Magdalena Teitipac lleva 13 años instalada en la comunidad, en la actualidad tiene a 300 niños afiliados a los programas, cien de ellos asisten de manera regular; sin embargo, la gerente de la fundación Niños Magdalena Teitipac, Oralia López, agregó que además de manos para ayudar, hacen falta más recursos para edificar aulas en el terreno donado por las autoridades.

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