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La Transformación del Cuarto Poder

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Por: Héctor Romero González

En el siglo XVIII, Edmund Burke, durante el debate de apertura de una sesión de la Cámara de los Lores, hizo referencia que en el recinto se encontraban tres poderes distintos, haciendo referencia a los Lores Espirituales (representantes eclesiásticos), Lores Temporales (representantes de la nobleza) y los Comunes (representantes del pueblo), sin embargo, agregó que en la tribuna estaba presente el “cuarto poder”, el más importante de todos: la prensa.

Nuestro ex Presidente Porfirio Díaz comprendía su capacidad de moldear la opinión pública y controlar los movimientos sociales, por lo cual destinaba una gran cantidad de recursos para el pago a medios oficialistas. Aplicó a este segmento su política de “pan” y “palo”, donde oprimía a aquellos que se atrevían a confrontar sus acciones o ideología, mientras que premiaba a los que aplaudían sin cesar.

Para el año de 1888 el Gobierno Federal subvencionaba más de 50 periódicos, siendo que el costo total por dichas erogaciones equivalía al costo anual del Congreso de la Unión: 1 millón de pesos al año.

Entonces, el subsidio permitía que los medios beneficiados trasladaran el costo de sus periódicos del lector al Estado, lo cual generaba que su costo de venta fuese ínfimo a comparación de los medios cuya línea editorial era más crítica ante el gobierno.

“El Imparcial” era conocido por ser el medio oficialista por antonomasia, cuyo costo era únicamente de dos centavos. En comparación, el diario de oposición más popular era “El Hijo del Ahuizote”, con un costo de doce centavos.

Ya en las épocas postrevolucionarias las circunstancias cambiaron drásticamente y, sobre todo, la orientación de los recursos para los periodistas, al grado que “El Imparcial” desapareció en el año de 1914, lo cual generó un vacío. Esto explica el pronto crecimiento de numerosos diarios que, en su mayoría tomaron el bando carrancista, como El Pueblo, El Demócrata, así como los aún vigentes Excélsior y El Universal, fundados por el periodista Rafael Alducín y el diputado constituyente Félix F. Palavicini respectivamente.

Posteriormente, durante los 60’s, surge una nueva práctica: “el chayote”. Julio Scherer, en su libro Los Presidentesescribió que esta maña se institucionalizó a partir de un discurso inaugural del Presidente Díaz Ordaz durante la presentación de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala. Se dice que los periodistas empezaron a decirse entre sí: “¿Ves aquel chayote?, están echándole agua. Ve allá”. En el punto señalado se encontraba un funcionario entregando recursos a los reporteros que se acercaban.

El control de los medios se convirtió absoluto y cuando el sistema encontraba resistencia derrocaba al que atrevía a oponerse, tal como fue el golpe al Excélsior propinado por Luis Echeverría y el diputado Humberto Serrano, durante la dirigencia en el medio del propio Scherer.

Sin embargo, a la fecha poco ha cambiado y, si bien no existe un control tan coercitivo como el narrado en líneas anteriores, la publicidad oficial continuó generando una situación de dependencia casi absoluta de muchos medios de comunicación, no solo la prensa escrita.

De acuerdo al colectivo Fundar, quien cita datos proporcionados por el Sistema de Comunicación Social, en 2017 la administración de Enrique Peña Nieto gastó 11 mil 240 millones de pesos en este rubro. Ese mismo año, de acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación, se asignaron recursos para el Congreso de la Unión por 12 mil 171 millones.

Esto significa que la equivalencia entre el gasto para medios oficialistas y presupuesto asignado al Congreso de la Unión se mantiene de forma similar después de 129 años.

Hace algunas semanas se difundió una lista incompleta de periodistas y medios de comunicación que recibieron pagos por concepto de publicidad u otros servicios, cuyo monto total, si es promediado, representa 180 millones de pesos anuales.

El hecho que esta situación se haya visibilizado, así como la determinación del Presidente de la República para cerrar cada vez más “la llave de paso” a la publicidad oficial, nos obliga a reflexionar sobre el futuro de la comunicación y los medios de nuestro país.

A corto plazo solo podemos pronosticar el cierre de medios tradicionales y periodistas sin trabajo, pero por otro lado, debemos tener esperanza en una transformación del mercado, donde se tomen decisiones valientes y osadas por los periodistas.

La creatividad para la evolución de las narrativas públicas y el amplio espectro de posibles formatos en que pueda presentarse la información al público serán elementos fundamentales en esta nueva época del periodismo.

Por lo que hace a nosotros, los lectores, debemos apoyar pagando por productos de calidad y con rigor metodológico, privilegiando investigaciones de profundidad que puedan desentrañar las historias que cuentan. En cuanto al gobierno, será fundamental que los tres órdenes –municipal, estatal y federal- piensen en alternativas para el fortalecimiento del periodismo, pero aquellas que no comprometan su imparcialidad o privilegien solo a algunos cuantos.

@hecromg

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