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Gareth Bale, el talismán madridista en las finales que hizo soñar a Gales

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El futbolista galés Gareth Bale (Cardiff, 1989) dirá adiós al futbol a los 33 años después de una carrera salpicada de momentos icónicos que reflejaron su enorme talento y justificaron su fama, pero dejando la sensación de que parte de la magia que atesoraba no llegó a aflorar del todo.

Cincelado en la cantera del Southampton, debutó con el primer equipo el 17 de abril de 2006 con 16 años, 9 meses y un día contra el Milwall. Por entonces solo Theo Walcott se había estrenado más joven, aunque luego Alex Oxlade-Chamberlain y Luke Shaw le relegaron a la cuarta plaza.

Situado en el lateral izquierdo, en sus primeras apariciones el galés destacó principalmente por su velocidad y por su excelente golpeo a balón parado. Estas virtudes no fueron ajenas a su combinado nacional, que le dio la alternativa con 16 años y 315 días. Eso le valió un récord de precocidad que sólo ha superado en su país Harry Wilson.

Dadas las circunstancias, solo quedaba esperar para saber qué ‘grande’ de Inglaterra echaría las redes sobre él. Lo hizo el Tottenham, que apostó por él en 2007 para reforzar el costado zurdo de su retaguardia. Allí se ubicó en sus inicios, estando su primera campaña condicionada por una lesión. Con el tiempo, el técnico Harry Redknapp optó por adelantar su posición y convertirle en extremo.

Bale, poco aficionado a jugar en la zaga pese a su gran rendimiento, devolvió con creces esa muestra de confianza y dio un paso adelante también en lo futbolístico. La mejor demostración la ofreció en San Siro ante el Inter de Milán, en un partido que le exhibió definitivamente en el escaparate internacional.

Pocas veces un futbolista salió mejor parado de una derrota, la sufrida aquella noche por su equipo en la Liga de Campeones. Perdiendo por 4-0, Bale se puso al frente y se acabó llevando el balón a casa gracias a tres potentes disparos a la base del palo izquierdo de la portería de Julio César, dos de ellos tras cabalgadas memorables que incendiaron el césped y las piernas de un mito como Javier Zanetti.

No terminó ahí su progresión, pues siguió haciendo méritos hasta consolidarse como el líder de su equipo ya con el 11 a la espalda en lugar del 3, despojándose así de uno de sus últimos vestigios que arrastraba de su pasado como defensa.

Llegó el momento en el que el contexto le exigía mirar más allá del Tottenham y fue entonces cuando el Real Madrid le abrió las puertas a una nueva dimensión, desembolsando para ello unos 100 millones de euros.

Las molestias físicas condicionaron los inicios de su primera temporada en el club blanco, la 2013-2014. Pero entre finales de octubre y finales de noviembre encadenó una serie de buenos partidos ante rivales como Juventus o Sevilla que sirvieron para empezar a explicar el porqué de la inversión llevada a cabo.

Los que aún permanecían incrédulos a pesar de esos fogonazos, cambiaron de opinión a final de temporada. El primer golpe en la mesa lo dio el 16 de abril del año 2014, en Valencia. Ese día, en la final de la Copa del Rey contra el Barcelona, gastó toda la gasolina que le quedaba en el tanque en un esprint memorable contra Marc Bartra, corriendo incluso por fuera del campo, para darle el título a los suyos en los minutos definitivos.

Ese idilio del extremo con los partidos en los que había en juego títulos se repetiría el 24 de mayo en Lisboa, cuando marcó el segundo de los goles en la final de la Liga de Campeones que los blancos ganaron por 4-1 al Atlético de Madrid, la misma del tanto de Sergio Ramos en el minuto 93.

El año 2014 terminaría con una tercera diana en un momento decisivo, la que anotó ante el San Lorenzo de Almagro argentino en el triunfo por 2-0 que certificó la conquista del Mundial de Clubes en Marruecos.

Eran días de esplendor para él y sus dos compañeros habituales en el ataque, Karim Benzema y Cristiano Ronaldo. Juntos formaron la bautizada como delantera “BBC”, tridente que sostendría en el plano ofensivo los éxitos que aún estarían por llegar para el Real Madrid.

Fue el caso de la Liga de Campeones de la temporada 2015-2016, de nuevo ganando en el enfrentamiento definitivo al Atlético de Madrid, esa vez en los penaltis. También la levantada en la 2016-2017 contra el Juventus en su ciudad natal, golosina en lo individual tras una temporada en la que sus lesiones empezaron a ser recurrentes.

Su último servicio para el recuerdo, que agrandó aún más su leyenda en las finales, fue la preciosa chilena que regaló contra el Liverpool en Kiev y que valió el primero de sus dos goles en aquel choque ganado por 3-1. A partir de ese momento nada volvió a ser igual, con la excepción de su buen papel en el Mundial de Clubes de 2018, ‘hat-trick’ en semifinales contra el Kashima Antlers japonés incluido.

El paso por el Real Madrid se fue difuminando entre una nebulosa de lesiones, suplencias, imágenes jugando al golf, demostraciones de disconformidad e incluso una cesión al Tottenham en la que no pudo replicar lo mostrado años atrás. Finalmente salió de forma definitiva rumbo al Los Ángeles FC, en el que ha levantado dos trofeos como colofón a su carrera.

En ella, incluido su periodo crepuscular, nunca dejó de ‘tirar’ de la selección galesa. El futbol internacional le recordará, pero más lo hará su país.

Gales, cuando creía haber desaprovechado el esplendor en el verde de Ryan Giggs sin haber disputado por el camino ninguna competición internacional, encontró a su ‘sucesor’, que lo cambió todo.

De la mano de Bale, Gales fue capaz de alcanzar las semifinales en la Eurocopa de 2016 y de jugar también la de 2020. Además, sus goles resultaron decisivos para que estuviera presente en la reciente Copa del Mundo de Qatar. Una derrota por 0-3 en ese torneo ante Inglaterra fue su último partido.

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