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Escombros en mi mente – La Gira por Los Ángeles, EUA

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Por: Rodolfo Chávez Calderón

En mi propuesta del pasado 12 de julio traté el tema relativo a la entrevista realizada en Tijuana, B.C. México, con el Obispo Berlié, quien nos comentó que el Cardenal Posadas, para entonces ya fallecido, asesinado días antes en el aeropuerto de Guadalajara, conocía a los jefes de los cárteles, como los Arellano Félix, y de Sinaloa, porque todos “vienen a pedir oficios y no podemos negar el servicio a ningún católico, a ningún ser humano”… 

Posteriormente, me habría enterado de que en Zapopan, en el templo de la Avenida del Sol, a un costado de Plaza del Sol, el Cardenal Posadas, un día antes de su muerte había oficiado una misa de confirmación en la que “El Tigrillo” Arellano apadrinó a cuatro chamacos.

En fin, para cuando publicamos en El Occidental la entrevista con Emilio Berlié, ya era dos de junio, y después de acudir a Tecate, Baja California, a presenciar el descubrimiento de un narcotúnel, y otras situaciones que pudimos encontrar durante nuestros recorridos por la ciudad fronteriza, como el habernos encontrado con que un primo del entonces procurador General de la República, el Señor Carpizo, vivía justamente enfrente de una de las residencias de los Arellano Félix, quienes contaban con mil 500 propiedades en esa ciudad de paso. Y eso lo descubrimos porque mientras mi compañero Salvador Alcalá tomaba fotos de la fachada de la solitaria residencia, en la acera de enfrente, en una especie de glorieta que marcaba el final de una especie de coto, se abrieron las puertas de la cochera y al observar al conductor del auto que salía, me quedé pasmado… “Carpizo”¡! Le dije a Chava Alcalá… era muy parecido… Eso fue la punta de un hilito que nos sirvió para confirmar que aquél señor era primo hermano de Carpizo, el Procurador de la República.

Pero al día siguiente, ya en Los Ángeles, llegamos a un hotel del Centro, muy cercano a la Casa de Gobierno, y enseguida fuimos a comer en un restaurancito situado a unos 100 metros del hotel. Ahí de repente nos encontramos con el profesor Luis Octavio, en ese entonces jefe de la Policía de Zapopan, quien luego nos explicaría que había ido a comprar unas motocicletas para los agentes de su corporación. Platicamos largo y tendido, nos prometió que al dia siguiente iríamos a volar con la policía local y que podríamos hacer un recorrido por diferentes instalaciones de Seguridad, lo que nos alegró la noche. Quedamos de encontrarnos a las nueve de la mañana del día siguiente.

Sin embargo el encuentro no se dio, fue hasta las nueve de la noche cuando el jefe policíaco se comunicó por teléfono y comentó: “ya vio que detuvieron a Bejos (jefe de la Policía Judicial en Jalisco)… pura m… que regreso”.

Tristes y sin información, Chava Alcalá y quien esto escribe salimos a cenar… Cuando regresábamos al hotel, un conocido se cruzó con nosotros, saludó a Chava y siguió adelante. Le pregunté a mi compañero: ¿quién es?… “-Un agente del Ministerio Público Federal en México”, respondió… De inmediato lo alcancé y le dije amablemente, Señor, quieres venir con nosotros, señalando el elevador… El hombre aquél palideció y mirando al fotógrafo, le suplicó: “Chava, no me hagas esto!”…. Le puse una mano en el hombro al señor aquél y así lo conduje suavemente hacia nuestra habitación. Él se dejó llevar debido a su desconcierto, no sabía que pasaría.

Me aproveché entonces de la situación y comencé a hacerle preguntas, de cómo era que un abogado podía llegar a ser Ministerio Público Federal, y cómo hacía para llegar a ser Delegado estatal de la Procuraduría General de la República, hablamos de cuotas en dólares, estratosféricas algunas, que había que aportar, por parte del aspirante, para ser considerado en un ascenso. Pero el gasto valía la pena, porque la delincuencia organizada, los cárteles de la droga y otras organizaciones delictivas y hasta no delictivas, pagaban muy bien los favores y preferencias de un Ministerio Público Federal durante sus actuaciones juridiccionales.

EL final feliz para aquél Agente del Ministerio Público Federal en suelo norteamericano, fue que yo trabajaba para El Occidental, no para la DEA ni para el FBI como él supuso desde el primer momento en que lo abordamos. Y aunque hubiera estado en su derecho, de acusarnos de privación de la libertad, salió de la habitación prometiendo futuras reuniones con chelas y toda la cosa. No llegaron a darse, porque la verdad, en cuanto se vio liberado tal vez decidió poner tierra de por medio y no volvió a cruzarse en nuestro camino. Media hora después ya habíamos enviado una nota sobre ese tema, al Periódico en Guadalajara, aprovechando el fax de la administración del hotel.

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