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El techo de cristal

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Por: María Elisa Bravo Navarro

Lic. En comunicación y Analista de problemáticas sociales

Alcanzar a ver la cima pero no poder alcanzarla. A esto nos enfrentamos diariamente la mayoría de las mujeres en nuestra vida profesional. Marilyn Loden, una escritora estadounidense, acuñó por primera vez el término “techo de cristal” en  1978, haciendo referencia a la desigualdad laboral y la poca oportunidad que tenemos las mujeres de acceder o “escalar” a puestos directivos. 42 años más tarde, las condiciones quizás hayan mejorado a nuestro favor, sin embargo aún estamos muy lejos de una verdadera equidad laboral y salarial.

El problema es complejo de combatir, pues entre muchos otros factores, se trata hasta de algo cultural. Una de las principales características de la economía Mexicana y en general de la Latinoamericana, es la desigualdad salarial ya que a pesar de contar con los mismos niveles de educación, el género femenino suele ganar en promedio 30% menos que el masculino, además de poseer puestos laborales con poca jerarquía y padecer una falta de representación política y social. Por ejemplo, en toda la historia democrática de nuestro país, únicamente nueve mujeres han sido gobernadoras y en las últimas elecciones, solo 11 de 48 fueron candidatas.

Algunas características biológicas de la mujer suelen estar ligadas directamente a la desigualdad salarial. Por lo general, las mujeres viven más años que los hombres y en su etapa de vejez suelen ser mucho más pobres. Lo anterior, debido a distintos factores; por ejemplo, que a lo largo de su vida profesional no hayan contado con empleos formales y por ello no cuenten con una pensión, o bien, aquellas que cuentan con una, suele ser mucho más baja porque trabajan menos años, ya que dedican tiempo a la maternidad y al hogar, acumulando así recursos insuficientes para su vejez. Incluso los seguros de vida y el acceso a la salud, suelen ser mucho más costosos para las mujeres debido a que fisiológicamente atravesamos por más procesos de esta índole. 

Aunque estas desigualdades aún permean en muchos países del mundo, en México el problema es severo y en comparación con los otros, se encuentra muy rezagado en oportunidades de trabajo, acceso a la salud y remuneración de las mujeres. De acuerdo con el índice mundial sobre desigualdad de género “Global Gender gap”,nuestro país ocupa el lugar 80 de 142 países. La razón por la que somos de los últimos países es porque en las tres dimensiones que incluye el indicador, estamos muy rezagados. Por ejemplo en el índice de participación de las mujeres en el mercado laboral, México se encuentra en la posición 118, en donde el 83% está ocupado por hombres (una de las razones principales a lo que se le atribuye es que no hay suficientes guarderías). La segunda dimensión evaluada por el indicador, es la igualdad salarial, en donde tenemos el lugar 116 de 142 países, siendo uno de los niveles más bajos, y el tercero es respecto a la discriminación salarial, en donde ocupamos la posición 114.

Cabe resaltar, que las actividades en donde las mujeres ganan más que los hombres, son las agrícolas y las de servicio, que por lo general suelen ser los espacios en donde no existen contratos y por ende no cuentan con derechos laborales, prestaciones y pensiones para cubrir sus necesidades en una edad avanzada. En el resto de las actividades, las mujeres ganan menos, por ejemplo en la manufactura y trabajos de oficina, ganan entre el 17% y 40% menos.

Migrar de políticas ex priori a ex ante

A mi parecer, el apoyo asistencialista por parte de los gobiernos no es negativo, ya que en muchas ocasiones es necesario, sin embargo, debe darse como complemento para mitigar y no como la única intervención o herramienta que se utiliza, ya que el presupuesto sería insuficiente para cubrirlo de esta manera. Una de las principales claves para lograr el Desarrollo Humano, es migrar de las políticas públicas ex post, que son aquellas que tratan de reducir la desigualdad una vez que ha ocurrido, a las políticas ex ante, es decir, evitar que se generen en primer lugar. Por ejemplo, entregar despensas a mujeres adultas porque no tienen qué comer es indispensable, pero lo correcto sería crear políticas públicas encaminadas a la igualdad salarial para evitar que en edades avanzadas padezcan hambre.

Es fundamental otorgar las mismas oportunidades de educación y sobre todo, realizar políticas públicas laborales con perspectiva de género. Las mujeres nos vemos prácticamente orilladas a decidir entre desarrollarnos profesionalmente o ser madres y esto no tendría por qué ser así. En los espacios laborales, es fundamental que existan espacios como lactarios dignos, guarderías y ludotecas de buena calidad para lograr que las mujeres en etapas de maternidad puedan unirse a la fuerza laboral, además de otorgar la oportunidad de laborar sin la necesidad de salir de casa, que como hemos visto los últimos meses con muchos trabajadores, ha funcionado bien. Debemos fortalecer los mecanismos de supervisión en las empresas para que cumplan con éstas y otras condiciones de igualdad, para así, por fin lograr romper el techo de cristal.

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