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El Gran Hermano

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Por: Héctor Romero González

Como dice el Libro Blanco sobre Inteligencia Artificial de la Comisión Europea, esta tecnología se desarrolla rápido y mejorará, así como facilitará nuestras vidas, pero también implica riesgos potenciales, como graves violaciones a nuestra esfera privada, discriminación o uso indebido de la información, incluido para fines criminales.

Sin embargo, la pandemia causada por el coronavirus ha resurgido el debate sobre su aprovechamiento, sobre todo considerando la drástica diferencia en la contención de la situación de emergencia entre los países orientales y occidentales.

Países asiáticos como Japón, Corea o China, han confiado primordialmente en análisis de datos y vigilancia digital para combatir la pandemia, es decir, las acciones gubernamentales no se han limitado a doctores o epidemiólogos, sino que se han sumado analistas de datos e ingenieros de cómputo como soldados en la lucha.

Un factor relevante que ha propiciado las condiciones para que esto sea una realidad es que la población en esas naciones regularmente tiene confianza en el Estado, lo que, a palabras de Byung-Chul Han, puede ser una herencia de la cultura confucianista, lo que provoca una mínima oposición a la mayor intromisión del gobierno en la intimidad de la ciudadanía.

Incluso antes de la declaratoria de emergencia China había instalado cientos de millones de cámaras de vigilancia, muchas con tecnología que permite el reconocimiento facial, con lo que el régimen identifica a todos, todo el tiempo, sin que existan demasiadas inquietudes sobre la privacidad y libertades civiles. En cualquier otro momento estas medidas autoritarias inmediatamente nos obligarían a pensar en el Gran Hermano de la distopía orwelliana, pero ha probado ser una solución efectiva para el manejo de la crisis de salud y el seguimiento de la propagación del virus.

Por otro lado, las naciones americanas y los países europeos cuentan con una sociedad con una escaza confianza en las autoridades y, por lo general, una sólida regulación de la protección de datos personales lo que, desde hace varios años, ha implicado la prohibición de tecnología de reconocimiento facial en espacios públicos, especialmente en Estados Unidos. Por ello, las naciones occidentales han optado por una estrategia distinta para atender la pandemia que consiste en cerrar negocios de manera drástica, lo que ha provocado la contracción de sus economías.

El individualismo permea en estos modelos sociales. México no es la excepción y tampoco Jalisco. La estrategia adoptada por el gobierno local apela a la “responsabilidad individual”, sin considerar que precisamente la justificación del propio Estado radica en la necesidad de limitar el libre albedrío de sus integrantes para garantizar la pervivencia de la comunidad.

El contraste entre ambas culturas es impresionante, ya que aunque la propagación del virus comenzó desde muchos meses antes en Asia, los países de la región han logrado controlar el esparcimiento del virus de manera efectiva, mientras que en occidente continúan incrementando exponencialmente los casos detectados. Nuestro país ya supera las cincuenta mil muertes.

La urgencia de encontrar el equilibrio respecto de la protección de la salud pública y la tutela de la privacidad para evitar el autoritarismo del Estado, obliga a debatir sobre los límites morales del uso de inteligencia artificial, sin la cual, definitivamente se prologará la necesidad del confinamiento, repercutiendo negativamente en las economías. 

Despertamos ante una “nueva normalidad”, donde las líneas no son tan claras, incluso algo borrosas y, a pesar de ello, la respuesta debe ser ágil, por lo que podríamos esperar que el reconocimiento facial pronto llegue a Occidente.

También es importante reconocer que esta tecnología no solo puede contribuir para enfrentar esta nueva y aún desconocida enfermedad, sino que también podría auxiliar para el control de un fenómeno más añejo en nuestro país: la delincuencia. 

Vivimos en un lugar donde nos han robado hasta la seguridad. Estas circunstancias pueden fomentar concesiones de la sociedad a algunos derechos, con la esperanza de recuperar el orden, pero también provocan y exponen los ocultos anhelos autoritarios de muchos gobernantes.

Por ello, a pesar de la posible justificación e, incluso, necesidad de esta tecnología, de aplicarse debe restringirse para ser proporcional al problema que pretende resolver y sujeta a un constante escrutinio para su perfeccionamiento. 

El colectivismo debe prevalecer sobre el individualismo y egoísmo que frecuentemente mostramos, pero tampoco puede entenderse esto como un pretexto de las autoridades para invadir la esfera privada e intimidad de los gobernados de manera arbitraria.

@hecromg

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