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Con el Apagón, ¿Qué cosa sucede?

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Por: Carlos Enrique Martínez Gutiérrez
 
El pasado 28 de diciembre día de los santos inocentes la Comisión Federal de Electricidad nos jugó la broma de dejar a buena parte del país sin luz y el mismo día los funcionarios de dicha dependencia trataron de dar una explicación que para los ciudadanos de a pie no sé si fue comprensible, cuando pudieron haber dicho algo muy sencillo y poner una analogía, simplemente que había fallado las líneas de transmisión y con eso se dispararon los interruptores, como en una casa, donde tenemos un interruptor general, tenemos los cables, cuando hay un corto ya sea en un enchufe o en un foco, en automático se dispara el interruptor general o fusible, para protección de la mismas instalaciones previendo un posible daño mayor o inclusive fuego, esto es lo mismo que sucedió a nivel nacional, aparentemente fallaron las líneas de transmisión y se dispararon los sofisticados protectores que se tienen.
 
El dejar sin energía eléctrica a buena parte del país, su planta productiva, instalaciones de todo tipo y un aproximado de 50 millones de personas, nos lleva a una serie de preguntas y reflexiones, pero las dependencias encabezadas por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) justificaron que una quema de pastizales en el Estado de Tamaulipas había sido la causante, situación que fue desmentida oficialmente por el Gobierno de ese Estado y pidió aclaraciones por la presentación de un oficio falso por parte del Gobierno de la República, que al día de hoy no sabemos la verdad del problema que lo originó.
 
Pero lo más preocupante es que no habíamos tenido un evento de esta naturaleza desde hace muchísimos años, y desastrosamente el pasado 15 de febrero de nuevo se quedó otra parte del país sin energía, ahora aduciendo la Cenace falta de suministro de gas natural por parte de los proveedores extranjeros y a partir de este último evento se han programado cortes de energía y tandeos en otras partes del país hasta que se regularice la situación.
 
Aparentemente fue una tormenta invernal la que exhibió las vulnerabilidades de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que al no contar con almacenamiento suficiente de gas sacó de operación centrales en el norte del País y provocó un apagón que afectó a casi 5 millones de personas. Pero además afecto no solo los estados del norte del país como Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Durango, Tamaulipas y Zacatecas. También acto seguido vinieron en cascada apagones en distintos municipios de Veracruz, Puebla, Tlaxcala y Morelos, además de que extendieron a otros estados.
 
Los daños ocasionados al funcionamiento, el desarrollo, la economía y a la calidad de vida de los habitantes, nos llevan a una profunda reflexión y análisis: ¿porqué deja de funcionar el país por falta de energía eléctrica? si el problema es de mantenimiento, un problema de inversión, un problema de planeación energética o desarrollo, cuando deberíamos de estar pensando en eficiencia en términos generales, hoy tenemos fallas que aparentemente estaban superadas desde hace muchos años. La industria eléctrica es estratégica en el desarrollo de un país, de una ciudad o una comunidad, el estado debe de garantizar como prioridad su abastecimiento en cantidad y calidad.
 
Imaginemos por un momento una ciudad sin energía eléctrica, los servicios estratégicos paralizados como aeropuertos, casetas de peaje, hospitales, escuelas, o edificios sin elevadores, sin aires acondicionados o calefacción, las calles sin semáforos funcionando, los sistemas de bombeo de agua de la ciudad paralizados, sin alumbrado público, sin alarmas en los negocios, sin servicio en las gasolineras, sin transporte público, sin sistemas de vigilancia, sin telecomunicaciones, o ciudadanos sin forma de comunicarse o informarse.
 
La industria, el comercio y los servicios paralizados, sin producción de bienes, sin luz, sin computadoras, sin alarmas, sin facturación electrónica, sin internet, sin bancos y menos transacciones bancarias, sin transporte público. Un gobierno paralizado, sin servicios de emergencia, sin poder actuar en tareas de seguridad pública, sin vigilancia remota, sin telecomunicaciones internas y medios de comunicación a la población, sin forma de brindar seguridad a sus habitantes, limitado en sus tareas, habitantes confinados en sus casas por falta de medios de transporte, incomunicados, sin electrodomésticos, sin refrigeradores, sin teléfonos, radios o televisión por mencionar solo algunos.
 
El estado debe de garantizar como prioridad el suministro de energía eléctrica en cantidad y calidad como parte del derecho humano que tienen las personas al desarrollo y a la mejor calidad de vida, por tales motivos todas las acciones y políticas públicas deben ir encaminadas a este objetivo. El no tomar las medidas necesarias para brindar este precepto a sus habitantes está faltando al principal objetivo del estado, que es proteger los derechos humanos y brindarles seguridad a sus habitantes.
 
Hoy el estado se encuentra ante la siguiente disyuntiva, el de abastecer el país de energía eléctrica para impulsar su desarrollo de manera acelerada a través de diferentes formas de energía y producción, o seguir con el mismo modelo de sistema eléctrico en donde su producción, conducción y abastecimiento está sostenido con alfileres y las fallas, eventualidades, improvisaciones son la constante, como lo demuestran los eventos de los estos últimos meses, donde el gobierno ha hecho malabares en dar explicaciones creíbles.
 
El insistir con el modelo actual de generación de energía a través de las centrales eléctricas que funcionan a base a combustibles fósiles como el hidrógeno, el carbón, el petróleo o el gas además de la problemática antes descrita, genera contaminación en tiempos en los que la política nacional debería de ser combatir el calentamiento global, donde desgraciadamente el uso de estos combustibles genera una gran cantidad de gases contaminantes o de efecto invernadero, en contrasentido a la tendencia mundial de una economía más sostenible con un planeta limpio.
 
Por supuesto que las restricciones presupuestales y las prioridades de inversión juegan un papel importante, pero si se opta por impulsar el desarrollo del país con suficiente energía eléctrica, tendrá que ser a través de las diferentes fuentes de energía alternativa, las llamadas limpias como la eólica, solar, hidráulica, geotérmica, mareomotriz, Azul, gradiente oceánico o maremotérmica, con grandes inversiones del estado o inversiones mixtas donde se garantice su desarrollo, abastecimiento y autosuficiencia.
 
Claro que en ambos casos se requiere una revisión de las diferentes normas y leyes que regulan el sector energético, pero sobre todo requiere una transformación importante en las instituciones, donde no sé si las autoridades respectivas están dispuestas a cambiar y modernizar el país. El reto ahí está, la ciudadanía espera resultados y las autoridades tienen la última palabra.

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