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Caso Assange: asilo en México

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Por: Héctor Romero González

Son ya 15 años de que el programador y periodista australiano Julian Assange creó “WikiLeaks”, una organización internacional que se especializa en el análisis y publicación de información reservada relacionada con guerras, espionaje y corrupción, habiendo publicado más de 10 millones de documentos y análisis en este período.

Fue en el 2009 cuando cobró relevancia mediática al publicar 500 mil mensajes de personas enviados en la ciudad de Nueva York durante el 9/11, pero no fue sino hasta 2010 que se ubicó en la mira del gobierno estadounidense como uno de sus principales enemigos, al publicar cientos de miles de cables diplomáticos e información clasificada relacionada con las guerras en Irak y Afganistán que fue filtrada por la soldado Chelsea (originalmente Bradley) Manning.

Para la soldado esto supuso el arresto y un proceso judicial donde fue encontrada culpable de más de 20 cargos y sentenciada a 35 años en prisión; pena de la cual fue indultada por el presidente Obama.

En cambio, Assange en un inicio no fue perseguido por la justicia estadounidense, sino que se inició una investigación y proceso por supuestos delitos sexuales en Suecia, los cuales no prosperaron, pero lo obligaron a vivir bajo el asilo de la embajada ecuatoriana en el Reino Unido durante casi siete años.

No fue sino hasta años después que Estados Unidos presentó formalmente cargos en contra del australiano, relacionados con conspiración para recibir y divulgar información de defensa nacional, así como espionaje, lo que conllevó a su arresto en 2019 cuando Ecuador, bajo el mando de Lenin Moreno, retiró el asilo político.

Desde ese momento Assange ha librado una guerra judicial en contra de Estados Unidos desde una prisión británica, con la intención de evitar la extradición para enfrentar el juicio en su contra, lo que ha sumado a miles de organizaciones y activistas en manifestaciones de apoyo hacia el periodista.

El último capítulo de esta historia por fin brindó una victoria para Assange, al negarse la solicitud de extradición por la jueza inglesa Vanessa Baraitser argumentándose motivos de salud, pero dicha resolución fue impugnada ante lo cual el activista deberá continuar el proceso desde prisión.

Otra noticia afortunada fue la oferta de asilo político extendida por Andrés Manuel López Obrador, frente a la amenaza de sus derechos humanos con motivo de la persecución norteamericana.

Dicho ofrecimiento, por sorpresivo que parezca en el contexto que guarda la relación bilateral entre México y Estados Unidos, es coincidente con la tradición de la política exterior mexicana de puertas abiertas, sin intervenir en asuntos internos de otras naciones.

Ejemplo de esto son casos como Evo Morales quien recibió asilo en nuestro país hace apenas poco más de un año; Ricardo Patiño, canciller de Ecuador a inicios del 2019; o casos más emblemáticos como Trotsky durante el régimen cardenista; Rigoberta Menchú, premio nobel de la paz; Mohamed Reza Pahlevi, Sha de Irán a finales de la década de los setentas; Héctor José Cámpora, presidente argentino; José Martí, padre de la patria cubana; así como una gran cantidad de españoles durante la guerra civil y chilenos a la caída del gobierno de Salvador Allende.

Pero ¿qué posibilidades hay de que ello realmente ocurra? La realidad es que se antoja difícil, considerando la imposibilidad de que Reino Unido otorgue un salvoconducto al no estar obligado por ninguna convención internacional, por lo que Assange aún requiere sortear las impugnaciones de la negativa de extradición previo a estar en posibilidades de pensar siquiera en buscar el asilo en otra nación.

Ello, sin mencionar el desinterés del propio activista de solicitar el refugio en nuestro país, al tener ofrecimientos similares de países como Bélgica y Francia, mientras que su padre ha realizado gestiones ante la cancillería neozelandesa.

Así, a pesar de que, para algunos sea considerado como un preso político y exista un latente riesgo de que el juicio por su labor de investigación tenga un efecto amedrentador en la prensa, vulnerando la libertad de expresión y el valor y beneficios que generan los medios de comunicación a la sociedad, para otros es considerado como un traidor que puso en riesgo la integridad y seguridad de los cuerpos militares norteamericanos.

La línea es muy delgada, por lo que este gesto de solidaridad pudiera traducirse en un mero posicionamiento sobre la libertad de expresión con un alto costo político, considerando que la relación con el gobierno de Biden no inicia con el pie derecho.

La Cancillería a cargo de Marcelo Ebrard enfrentará una complicada encrucijada en cómo cumple con la encomienda del presidente para ofrecer formalmente el asilo político, mientras estrecha relaciones con el gobierno entrante de Estados Unidos.

@hecromg

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