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Café Sonoro – R.I.P. 2022

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Por: Carlos Carrizales

2022 fue un año interesante: Rusia invadió Ucrania y el temor de una Tercera Guerra Mundial incrementó, Messi por fin levantó una copa del Mundo, las mujeres iraníes protestan con justa razón en contra de la represión que viven, y, entrando en un lugar común, fue el final de una era ya que murió la Reina Isabel II y un servidor dejó de ser soltero, haciendo eco a la canción de David Bowie, “Changes”: No quiero ser un hombre más rico/Sólo tendré que ser un hombre diferente/ El tiempo puede cambiarme/ Pero no puedo rastrear el tiempo.

Esto último tiene más verdad de lo que se piensa: podemos hacer un recuento de lo que vivimos, de lo que pensamos y el sentirnos identificados con un instante que es la parte más brillosa de ese recuerdo, como “Summer of 69” de Bryan Adams: Cuando miro para atrás/ Parecería que ese verano duraría por siempre/ Y si pudiera elegir/ Sí, quisiera estar ahí por siempre/ esos fueron los mejores días de mi vida.

Sin embargo, el que el pabilo del año se consumiese, nos pone más nostálgicos de lo que quisiéramos admitir, además que la asociación de “año nuevo, vida nueva” parece un mantra en la mayoría de las personas y si lo vemos frívolamente, los cambios se dan no porque arranquemos la hoja del calendario, sino porque así mismo se suscita todo: el mismo ciclo de la vida es el que nos mueve hacia donde tenemos que estar, aunque no hay porqué perder la esperanza, como lo entonó Adam Duritz en la canción “A Long December” de los Counting Crows: Un largo diciembre y hay razones para creer/Quizá este año sea mejor que el anterior/ No puedo recordar todas las veces que traté de decirme a mí mismo/Para aferrarme a estos momentos conforme pasan/ Pero es un día más en el cañón/ Y es una noche más en Hollywood.

2022 fue un año de iniciar desde cero en más de una ocasión, todas las experiencias, desde las secuelas por Covid hasta el nacimiento de mi sobrina unos días antes de que concluyera el año, fueron difíciles de procesar por el tiempo mismo, pero sin duda hubo dos sucesos que me hicieron caer en la realidad: la muerte de uno de mis amigos más allegados en mayo y mi matrimonio.

El primer porque a pesar que Alex era mayor que yo más de una década, siempre tuvimos una unión por gustos similares, incluso fuimos a ver a Toto la última vez que visitó Guadalajara, y aquí es cuando escucho una canción de los magníficos Rush, «Afterimage», en la que refiere que Trato de creerlo/ Pero no es nada bueno/ Esto es algo/ Que no logro comprender.

El segundo, simplemente fue el cambio más radical que he tenido en la vida y precisamente porque me sentía como en «Riptide» de Candlebox: Estaba atrapado en una ola/ Y pensé que nada cambiaría/ Pero en ese momento/ Me has encontrado.

Además que esos momentos, por las dos ceremonias vividas, tuve reencuentros con gente importante en mi vida, así como conocer en persona a uno de quienes considero de mis mejores amigos y que, por vivir en Estados distintos, no habíamos coincidido.

¿Qué sigue para todos nosotros? Ya lo veremos, pero que nunca falte el café y los abrazos, las charlas con una buena cerveza y los planes para viajar o conseguir algún objetivo.

El año se fue y aunque no nos hacemos más jóvenes, seguramente el 2023 lo iniciaremos un poco más sabios, por mientras, les deseo lo mejor en este fin de 2022 que agoniza y que el próximo tengan más sonrisas que lágrimas.

Hasta la próxima canción.

Recomendación musical de la semana:

Artista: Kevin Martin & The Hiwatts 

Canción: Thoughtless Innuendos

Álbum: The Possibility of Being

Género/Estilo: Rock Alternativo  

Año: 2003 

Enlace: https://open.spotify.com/track/0E8sMNt3iv2bp4um3wkRp6?si=IuxdBB6IR5SHzhml9n-4BA

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