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¿Se desplomó o lo desplomaron?

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Por: Felipe Guerrero Bojórquez 

Aquí, en Sinaloa, cayó la poderosa máquina de guerra: El Black Hawk y con él, 14 de nuestros soldados.

Hice una investigación al vuelo de lo que es realmente un helicóptero Black Hawk UH 60M, muy a propósito del que se desplomó o fue derribado en Los Mochis y que era propiedad de La Marina Armada de México. Les comparto una síntesis y una reflexión.

En el 2015, México adquirió para la SEMAR tres de estos helicóptero con un costo de poco más de 2 mil 500 millones de pesos. Se trató del Sikorsky Black Hawk UH 60M con seis motores, entrenamiento de tripulaciones y apoyo logístico.

 «Los seis motores T700-GE-701D de General Electric, seis sistemas de navegación inercial y GPS, seis ametralladoras multitubo Dillon Aero M134 de 7,62 mm., tres sistemas electroópticos Starfire III de FLIR Systems, tres sistemas de planificación de misión, doce gafas de visión nocturna AN/AVS-9 y una unidad de potencia para empleo en tierra.»

El Helicóptero Black Hawk UH 60 está diseñado para enfrentar las condiciones más extremas de un combate y para desatar, desde su interior, una furiosa y exterminante guerra electrónica.

No es una aeronave más;  no solo detecta cualquier tipo de proyectil a la distancia, sino que su estructura, a la hora de un ataque sistemático y potente, está ensamblada para resistir por piezas. Pueden tumbarle una parte y seguir funcionando en condiciones de defensa sin desplomarse. Su tropa incluso, puede escapar, previo a una casi imposible caída libre,  mediante un mecanismo de lanzamiento al exterior.

El Black Hawk tiene toda la tecnología de última generación, que le permite autonomía para planear y caer en los terrenos más extremos porque su tren de aterrizaje, poderosamente blindado,  contrarresta los impactos más terribles, evita incendiarse y explotar.

Es tan poderosa su capacidad que al interior puede una carga de más de una tonelada y  externamente arrastrar un peso de hasta cuatro,  aparte de soportar metralletas, un cañón y  lanza cohetes de 70 mm. De este tamaño es la seguridad.

Con todo lo anterior y sin el ánimo de especular, ¿qué pasó entonces en Los Mochis?. Porque estamos hablando de un monstruo diseñado para la guerra extrema, de un  animal con la inteligencia tecnológica suficiente para el ataque y el contra ataque en corto y a la distancia. Para volar a 30 metros de altura, 40 km por hora con ruido disminuído y evadir radares; para lanzar soldados a tierra o mares, víveres, armas o rescatar tropa y heridos. O bien para detectar al enemigo o salvar víctimas en la oscuridad o en la niebla con sus super galácticos infrarojos. O para volar a 5 kilómetros de altura y desde ahí lanzar potentes proyectiles como si el enemigo estuviese a cinco metros. Una bestia mortal, el Black Hawk, sin respeto alguno por la arena desértica, ni por los fangos pantanosos, ni por la alta y escabrosa montaña, ni la selva espesa, ni el fuego infernal, ni los ultra gélido polos, ni el aire venenoso.

Sin embargo la nave hecha para morir en la ferocidad de la guerra más cruel, cayó abatida como inocente palomita en un terreno dócil y productivo, reparador del hambre  y de la tranquilidad; se desplomó bajo un cielo semi despejado, con algunas nubes de figuras  angelicales.

Se desplomó o la desplomaron en el espacio menos apropiado. Fue un duro golpe para nuestros soldados, a quienes reitero mi reconocimiento y mi pésame a sus familiares. Pero también un duro golpe al orgullo gringo, porque casi todos sus Black Hawk han salido ilesos de sus últimas guerras cruentas en el mundo, y éste vino a caer en Sinaloa, en una ciudad que fue fundada por colonos norteamericanos, bajo el espíritu de la construcción, el desarrollo, la solidaridad y la paz.

Los 14 soldados mexicanos eran de élite. No cualquiera está capacitado para operar una bestia de una increíble inteligencia artificial. Nuestros agentes acababan de cumplir una misión en la sierra norte, en Choix, pero nunca se imaginaron que a las horas de capturar a Rafael Caro Quintero, morirían en un accidente aún inexplicable. Saquen conclusiones.

Por la memoria de nuestros 14 soldados muertos y por la lucha de quien quedó herido, el gobierno mexicano está obligado a investigar a fondo, a ofrecer un informe claro y contundente, a no mentir y a no traicionar, sobre este hecho, a las fuerzas armadas y al pueblo de México.

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