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Por el bien de todas y todos, hay que corregir el rumbo del país

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Por: Verónica Juárez Piña

Frente a los malos resultado en su primer año, por el bien de todas y todos los mexicanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador debería cambiar su estrategia de gobierno para poder darle un giro al rumbo del país porque hasta el momento no ha respondido a las expectativas que las y los electores colocaron en él y el país está peor particularmente en materia de seguridad, economía, empleo y salud.

Por el contrario, el presidente ha divido a la Nación al segmentar a la población entre “buenos” y “malos”, siendo los primeros quienes incondicionalmente acatan sus caprichos y los segundos quienes osan cuestionarlos o contrariarlos.

Sólo se escucha a sí mismo y es necesario, como uno de los cambios pertinentes, que escuche a todas y todos, incluyendo a sus críticos; que a partir del diagnóstico y de los datos reales, no de sus datos, exista un viraje en torno a cómo se deciden las cosas porque, de lo contrario las mexicanas y los mexicanos seguiremos exigiendo que se cumpla lo que prometió en campaña pero, sobre todo, el que gobierne para todas y todos.                

Son varios de los errores que en tan sólo doce meses de administración ha cometido el responsables del Ejecutivo Federal.

Destaca el encarecimiento de los combustibles a pesar del supuesto e incierto combate al “huachicol”, por lo que se desconoce al momento si hay algún proceso penal contra los delincuentes dedicados a ese ilícito, y la inseguridad y la violencia contra la población es cada vez más generalizada a pesar –o debido- a la fallida estrategia contra la criminalidad.

La estrategia de seguridad, ha fracasado rotundamente a pesar de que el Congreso de la República ha atendido todas sus peticiones, como la creación de la Guardia Nacional. Se ha disparado la violencia, los homicidios, infanticidios, feminicidios, las masacres, los desaparecidos, los desplazamientos forzados, las extorsiones y algunas regiones de varios estados están prácticamente bajo el fuego del crimen organizado. 

La incalificable masacre contra infantes y mujeres de la comunidad LeBarón en el límite de Sinaloa y Chihuahua y la fallida aprehensión del narcotraficante Ovidio Guzmán en Culiacán, son sólo un par de ejemplos.

La situación no es mejor en el terreno económico debido también a los yerros del mandatario federal –entre ellos la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco y del Metrobús de La Laguna con base en consultas a modo-, todo lo cual ha colocado al país en estancamiento y en “recesión técnica”, que han tenido como consecuencia desempleo, bajos salarios y más pérdidas en el nivel de vida de los trabajadores y sus familias.

Y así como en seguridad y economía, también hay pifias del presidente López Obrador en otros rubros que derivan en flagrantes violaciones a los derechos humanos de la población, como en el ejercicio del presupuesto en salud y educación, al amparo de una mal entendida y peor aplicada “política de austeridad”.

Por todo esto, paradójicamente, los más perjudicados resultan ser quienes demagógicamente el presidente dice defender, es decir, los más pobres, desamparados, las y los trabajadores y, sobre todo, las y los niños. Un ejemplo lamentable son aquellos infantes enfermos de cáncer que por la “austeridad”, no han tenido acceso a sus tratamientos y medicamentos.

Por estas y otras razones, es necesario que el presidente de la República en lugar de andar celebrando y simulando, replantee su estrategia de gobierno para atender las demandas de todas y todos los mexicanos. La gente quiere empleo, salud, educación, seguridad, poder salir a la calle con tranquilidad; en fin, una mejor calidad de vida; no promesas ni demagogia.

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