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Política exterior a capricho

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Por: Salvador Cosío Gaona

La postura de “No intervención”, en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha descansado algunas decisiones de su gobierno, se cae a pedazos cada vez que asume posiciones como la anunciada en los últimos días con respecto a lo que ocurre en Perú. Y es que, AMLO no solamente se olvidó de la Ley Estrada externando opiniones, sino que hizo viajar a su Secretario de Hacienda para que apoye al presidente Pedro Castillo, quien le habría pedido su apoyo. 

Desde el primer momento de su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha puesto a la política exterior en un papel secundario. “La mejor política exterior es una buena política interior”, solía decir el mandatario en los primeros meses de su gobierno.

Sin embargo, la pandemia de COVID-19 hizo que la política exterior tomara un rol mucho más activo al esperado. La búsqueda de equipo médico para atender la emergencia sanitaria y la posterior negociación para adquirir vacunas contra la enfermedad hicieron que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, aumentara su actividad.

El presidente ha delegado en su canciller casi todos los asuntos importantes de la política exterior. A diferencia de sus antecesores, ha reducido sus viajes al extranjero al mínimo y ha recibido solo a unos pocos presidentes y líderes extranjeros en visitas de Estado. 

Según expertos, la insistencia del presidente en seguir los principios de la Doctrina Estrada, vigente en el país desde principios del siglo XX, muestra que el presidente prefiere observar al pasado de México como un país mediador en conflictos internacionales y no adaptar la política exterior del país en un momento donde se necesitan soluciones globales a problemas globales, ha señalado la periodista Fernanda Hernández.

El asunto es que dicha postura presidencial es utilizada a conveniencia; porque ya hemos dado cuenta, al menos en un par de ocasiones, de situaciones en que no se respeta, como cuando el canciller Marcelo Ebrard dispuso de un avión de las Fuerzas Armadas de Mexico para viajar a Bolivia y rescatar al ex presidente Evo Morales. Pero luego entonces, en 2019 cuando el dictador venezolano Nicolas Maduro se impuso autoritariamente para un segundo mandato, AMLO se cobijó con la Ley Estrada para no intervenir, aún cuando 13 países de America, encabezados por Estados Unidos le pedían sumarse en rechazo al violatorio acto.  

La política exterior de México durante el gobierno de Andrés López Obrador ha estado regida, casi a rajatabla, por la llamada Doctrina Estrada, una serie de principios consagrados en la constitución mexicana y que surgió en los años 30 del siglo pasado, cuando el mundo estaba en una depresión económica y se encaminaba a la Segunda Guerra Mundial.

En el Plan Nacional de Desarrollo presentado por Andrés Manuel López Obrador se habla de recuperar los valores tradicionales de la diplomacia mexicana y habla concretamente de siete: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de los conflictos, eliminar el uso de la fuerza, la igualdad entre los Estados, la cooperación para el desarrollo y respeto a los derechos humanos.

Estos principios retoman la llamada Doctrina Estrada, presente en el artículo 89, fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que también señala que el presidente de la República es el encargado de dirigir la política exterior.

“La cuestión es que esto te funcionaba dentro del entorno que tenías entones, el entorno hoy es muy diferente. En 1970 no tenías la OMC (Organización Mundial del Comercio), el papel de la Organización Mundial de la Salud no es el que era hoy, el papel de la ONU tampoco era lo que es. Tampoco había tantos organismos regionales como existen hoy en día”, dijo Jorge Molina, profesor del Tec de Monterrey y especialista en comercio exterior.

Fernanda Vidal Correa, profesora-investigadora de la Universidad Panamericana, recuerda que en los años 30, cuando la Doctrina Estrada fue enunciada, México buscaba abrirse camino ante el mundo y reconocimiento como un Estado Soberano, sobre todo después de la expropiación del petróleo, el 18 de marzo de 1938, una decisión que afectó a los interés estadounidenses en el país.

La idea de la autodeterminación de los pueblos, uno de los principios que el presidente López Obrador más repite cuando se trata de política exterior, está basada en una visión muy nacionalista y que ya no es compatible con los discursos globalistas que rigen la política exterior actual.

No digo que la totalidad de la doctrina Estrada sea obsoleta, pero claramente ya no es aplicable esa idea de no juzgar o de no generar al menos acciones diplomáticas o reacciones en los foros adecuados y necesarios para posicionarse sobre ciertos asuntos, como la situación de Palestina”, dijo Vidal Correa.

México, por ejemplo, ha tenido una posición cauta ante la situación de violación de derechos políticos en Nicaragua. Junto con Argentina, ha sido el único país latinoamericano que no ha condenado al gobierno de Daniel Ortega por la detención de sus opositores políticos meses antes de las elecciones de noviembre, aunque no lo ha respaldado, como lo han hecho los gobiernos de Venezuela y Cuba.

Por otra parte, el presidente ha llevado su agenda de austeridad republicana a la política exterior. Con los recortes al presupuesto de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el servicio de los consulados en México en el mundo, principalmente a Estados Unidos, ha sufrido.

“Al momento de recortar y aplicar la tijera, la parte que más ha sufrido es la atención a los migrantes. No puedes decir que los estás ayudando cuando no les das las herramientas legales para poder enfrentar una deportación”, dijo Molina.

El académico del Tec de Monterrey indicó que también han sufrido las capacidades de cabildeo de México en el Congreso de Estados Unidos o ante el Parlamento Europeo, para empujar temas como una posible reforma migratoria o la ratificación del Acuerdo Global entre la Unión Europea y México.

Otro punto en el que los recortes se han sentido es en la “diplomacia suave”, pues los stands de México en espacios como la Expo Universal de Dubái o la Bienal de Venecia, ya no acaparan los titulares de la prensa internacional por su belleza o su despliegue de recursos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha permanecido en México la mayor parte de su gobierno. Así, ha dejado pendiente su participación en foros internacionales a los que México ha sido invitado, como la cumbre del G20 o la Asamblea General de las Naciones Unidas.

En este sentido, queda la impresión de que la política exterior de México se mueve a capricho del presidente, como tantos otros temas en este país. 

Opinió[email protected]

@salvadorcosio1

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