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Industrias farmacéuticas, mineras y fabricantes de armas: beneficiadas con el triunfo de Trump

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Los mercados se recuperaron enseguida y los inversores se mostraron más optimistas tras haber digerido la noticia de la elección de Trump.

En el segundo día de la «era Trump» tras la elección, los mercados se aplacaron y las bolsas le dieron una suerte de bienvenida al republicano que será el presidente de Estados Unidos.

A las corridas y los malos presagios, le siguió la recuperación y la calma.

La presidencia de Trump puede traer estímulos fiscales, recortes en los impuestos a las empresas, tasas de interés más altas y un marco regulatorio más laxo para los negocios.

En suma, la esperanza de una agenda proempresarial para estimular el crecimiento económico de Estados Unidos, que parece haber opacado los miedos por la falta de experiencia del candidato en el terreno político.

AFP Torre de Trump, con su nombre sobre la puerta. «Uno como nosotros»: Trump es un hombre de negocios que debería traer tranquilidad a los inversores, apuntan analistas.

Las empresas financieras, las petroleras, farmacéuticas y de ingeniería e infraestructura anticipan una bonanza de la mano del nuevo gobierno – y sus valores de Bolsa así lo reflejan.

Las grandes farmacéuticas, en particular, respiran aliviadas porque Hillary Clinton había anticipado que implementaría controles estrictos para evitar que los precios de las drogas se dispararan.

Como respuesta a la victoria de su contrincante, las acciones de Pfizer, la mayor farmacéutica del mundo, llegaron a aumentar en casi 10%, mientras que su rival Merck creció 6%.

También las mineras: creció el precio del oro, el cobre y el hierro y las acciones de compañías como Glencore, Anglo American o Río Tinto.

El cobre en particular, destaca The Wall Street Journal, ha subido más de 13% en lo que va de la semana, impulsado entre otras cosas por un prometido aumento en el gasto en infraestructura.

Los operadores están apostando, además, a que el programa de recorte de impuestos de Trump empujará la inflación y hará aumentar la demanda de materias primas.

Por una industria nacional
Por otra parte, las compañías de manufactura en Estados Unidos podrían ver los beneficios del Made in America que Trump ha prometido incentivar.

En la campaña, anticipó que se crearán empleos en manufactura, un sector que ha perdido cinco millones de puestos desde el año 2000. Serán, de cumplirse sus planes, 25 millones de nuevos trabajos a lo largo de diez años.

El nuevo mandatario quiere también imponer mayores tasas a los productos que llegan de países como México y China, lo que incrementaría la demanda interna de bienes de manufactura nacional.

Aunque esto podría llevar, por ejemplo, a que México responda con un incremento de tarifas sobre productos de EE.UU., lo que sería una mala noticia para las compañías que quieren hacer negocio en un mercado apetecible como el mexicano, el tercero mayor para las exportaciones estadounidenses (de US$267,2 mil millones en 2015).

Pero son las empresas de infraestructura las que ven dibujarse un futuro promisorio, con el programa de Trump de «poner a los estadounidenses nuevamente a trabajar».

«Vamos a reconstruir nuestra infraestructura, que a propósito se volverá insuperable. Y vamos a poner a millones de personas a trabajar mientras la reconstruimos», declaró en su discurso de victoria.

Ya se había quejado antes del estado de los puentes del país y había prometido aumentar el presupuesto de rutas y aeropuertos.

Ahora, ha hablado del «plan de reconstrucción del billón de dólares» del que podrían sacar tajada las empresas del rubro, aunque Trump no ha dicho de dónde provendrán los fondos para las obras.

Para muestra, basta observar a la fabricante de maquinaria Caterpillar: 8% arriba se fueron sus acciones, mientras comenzaba a hablarse del plan de infraestructura por venir.

Armas y prisiones

Y las empresas de defensa no se quedarán atrás. Corporaciones como Lockheed Martin, BAE Systems o Boeing pueden salir bien paradas en un contexto de nacionalismo exacerbado, que lleva a aumentar las ventas de armas, vehículos blindados y jets, entre otros, y no sólo a las fuerzas armadas sino también a distintos proyectos pensados para incrementar la seguridad del país.

E incluso a otros países, sobre todo europeos, que verán la necesidad de ampliar su propio equipamiento de defensa como reacción a lo que hace Estados Unidos.

BAE Systems, por ejemplo -una empresa que hace desde barcos de guerra a soluciones de ciberseguridad-, vio una mejora de 6% en sus acciones el jueves, una señal de que la City espera que Trump cumpla su promesa de aumentar el presupuesto militar, que él reclama fue diezmado durante la presidencia de Barack Obama.

Quizá el sector que mayor curiosidad genera es el de las operadoras privadas de prisiones.

En Estados Unidos, son compañías privadas las encargadas de gestionar los centros de detención, en un negocio controvertido y multimillonario.

La razón, señalan los expertos, es que se espera que Trump dé marcha atrás a una decisión del Departamento de Justicia de ir quitando gradualmente la administración de las cárceles de manos privadas.

Y sugieren que las compañías podrían además beneficiarse del plan de deportación masiva con que Trump ha amenazado a los inmigrantes indocumentados.

Todo indica, dicen los analistas, que el nuevo ocupante de la Casa Blanca representa el triunfo político de un viejo modelo económico: «los recursos del centro del país por encima de la economía de internet de ambas costas que impulsó Barack Obama», la definió el periodista especializado en finanzas Dana Blankenhorn en Investor Place.

Aunque todavía es muy temprano: las oscilaciones de estos primeros días piden a gritos mesura en las proyecciones. Por qué tantos comparan el triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos con el Brexit en Reino Unido

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