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Escombros en mi mente – La orden de aprehensión

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Por: Rodolfo Chávez Calderón

En mi oficina, dentro del periódico Siglo 21, ya casi a las diez de la noche de ese día, recibí una llamada telefónica mediante la cual un agente de la Policía Judicial me consultaba respecto a que “el Procurador quería detener a Gerardo López Coronado, director de la Policía Auxiliar del Departamento de Seguridad Pública de Jalisco”. Los agentes encargados de tal encomienda tenían temor de que al tratar de aprehenderlo pudiera suscitarse un tiroteo, puesto que en los corrillos policiacos corría la versión de que Gerardo era “el dedo chiquito” del capitán Horacio Montenegro, director de Seguridad Pública del Estado.

De inmediato me llegó a la memoria aquella conversación mediante la cual, López Coronado me había dicho que días antes, al término de una reunión interinstitucional en la Procuraduría, el Procurador Jorge López Vergara le susurró al oído “te voy a sacar una orden de aprehensión”.

El caso era un triple homicidio ocurrido en el Periférico poniente, donde tres personas habían muerto a balazos. Yo tenía antecedentes del asunto, recién realizado, porque me pareció raro que esa madrugada, en el lugar de los hechos, mi compañero Jorge Zamora Fuentes, uno de los mejores reporteros policiacos que ha existido en Jalisco, preguntó a un policía judicial si tenía idea del móvil de aquél crimen y la respuesta fue: “los mataron policías auxiliares”. Ante eso, Jorge repreguntó en qué se basaba para ello, y la nueva respuesta fue: “les robaron todas sus alhajas”.

Aunque algo no encajaba ahí, aquél asunto no se hubiera quedado en mi memoria, pero el caso es que cuando revelaron las fotos tomadas por el reportero Jorge Zamora antes de que llegaran los Judiciales, pude apreciar que las víctimas tenían consigo sus prendas de valor: relojes, pulseras, cadenas, dijes, etc.

Hubo un sobreviviente, los abatidos eran traileros, transportistas, y el que logró escapar con vida se fue a Querétaro, por lo que los judiciales de Homicidios habían ido a procurarlo en aquella entidad, para que identificara a Gerardo López, como el autor del crimen.

Pregunté al agente de la Judicial que me comentó su temor de tener un enfrentamiento con la Policía Auxiliar, que si sabía cómo fue que llegaron a la conclusión de que era el director de la Auxiliar el causante de aquellas muertes.

La respuesta fue sorprendente, me dijo: “estaba el jefe de grupo sentado en su escritorio, viendo el retrato hablado del sospechoso, mientras que con un lápiz golpeaba la superficie de su mesa, decía “a quién se parece, a quién se parece?”… y de repente dijo: “ah, ya sé a quién”, y abrió enseguida el primer cajón de su escritorio y en él tenía una foto de Gerardo Coronado, misma que le habían tomado durante un operativo en el Penal, de inmediato, el jefe de grupo aseguró: “este es”, y dio por culminada la “investigación”.

De ahí se derivó la persecución en contra de aquella persona que se había convertido en el ícono de la rivalidad existente entre la Procuraduría de Justicia del Estado, léase Jorge López Vergara, y el Departamento de Seguridad Pública del Estado, léase capitán Horacio Montenegro Ortíz.

Aquél antagonismo, como ya lo habíamos comentado, fue ocasionado por los retenes que la Policía Auxiliar implementaba en las calles de Guadalajara en forma aleatoria, en uno de los cuales Gerardo López tuvo la mala fortuna de detener la camioneta en que viajaba López Vergara, apenas dos o tres días después de haber sido nombrado procurador. La afrenta de obligarlo a detenerse con todo y escoltas, provocó la amenaza: “te voy a sacar una orden de aprehensión”.

La historia no termina aquí… espero no aburrirlos y continuamos la siguiente semana.

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