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Café Sonoro – Trítono y tiempo insonori

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Por: Carlos Carrizales

De pronto un día te dicen «¿Puedes venir, por favor?», caminas detrás de la persona y te indica que pases a un cuarto que en esos momentos solo tiene los escritorios de trabajo. Es la hora de la comida y tú estás esperando tu turno de calentar lo que tu esposa preparó un día antes, porque estuviste fuera de la oficina en comisión y el hambre es canija.

El timbre de la puerta de entrada te recuerda un poco a Time de Pink Floyd y estás esperando a que inicie la sección de bajo pero quien en su lugar entra es otra persona que interrumpe tu ensimismamiento. Te saluda y te pide que tomes asiento, rechazas pero ella insiste.

El chirrido de la silla te recuerda la canción del momento icónico de la película de Alfred Hitchcock, Psicosis y el bombeo de la sangre es como una batería tocando a 8/8. Te pasan la nómina, firmas y listo: te sueltan el sablazo de que ya no te renovarán contrato.

En ese momento, el corazón se quiebra como un disco de vinilo de 12 pulgadas y tu respiración dejó de ser rápida: de la incertidumbre brincas a la desesperanza. Pese a todo recuerdas que R.E.M. dice: No te dejes llevar/ Porque todos lloran/ Todos lastiman/ Alguna vez.,

Y en esta ocasión, les toca hacer el trabajo sucio al personal destinado a eso; gente a la cual entrenan los cobardes de arriba para no tener alma y como una canción de Ghost: Esta capilla de ritual/ Huele a humanos muertos en sacrificio/ Desde el altar, porque al final, es un sacrificio que no reconocen. Hubo horas que se dieron de más, trabajos extemporáneos en el que ser propositivo es casi tan malo como limitarte a hacer lo que te piden.

Regresas a tu mesa de trabajo porque aún no termina el turno y realmente no sabes qué hacer: ¿Qué está en tu cabeza?/ ¿Qué está en tu cabeza?/ Zombi, zombi, porque el panorama luce desalentador: no responden tus piernas y las palabras pasan por ti como el propio aire. Tienes que fingir que todo está bien y poner una estúpida sonrisa para verte más estúpido de lo que ya aparentas.

Te pones a pensar que habrá gastos y no ingresos, que los ahorros irán desapareciendo más rápido que el tiempo que duraste en juntarlos, a tal grado que ni siquiera te animas a pensar en lo que tienes guardado, no vaya a ser que se esfume antes y en ese momento te acuerdas que tu perro no tiene croquetas y lo peor: si no se resuelve pronto la situación, muy probablemente tendrán que comerse al perro.

Algunas veces cargamos más peso/ Del que nos pertenece. ¿Cuál es ese peso? ¿La ineptitud según la visión de la jerarquía? ¿No funcionas  porque al final no sabe explicar lo que quiere y es tu culpa que la telepatía no esté en tus habilidades? De seguro, si entraras y leyeras lo que hay en su mente, necesitarías terapia porque la represión que tiene es tan notoria que da miedo.

 Y una cosa es cierta: si tus credenciales hablan por ti, quienes no supieron aprovecharlas son aquellos que dirigen, por lo que no te queda nada más en el día más que despedirte de quienes fueron, hasta ese momento, tus compañeros de trabajo (a quienes llegaste a apreciar), pasas por la puerta o volteas a ver la ventana de la o el titular, gerente, presidente, directora o director, encargada o encargado del despacho (o como sea aquel puesto que lo convirtió en jefe soberbio y no en líder), te quedas unas milésimas de segundo con una dulce y alegre melodía en tu mente, para cantar junto a Lilly Allen: Fuck you/ Fuck you very, very much, mientras deseas con todo tu corazón que la próxima vez que vaya a cenar cereal, la leche le salga cuajada.

Hasta la próxima canción.

Recomendación musical de la semana:

Artista: Pearl Jam 

Canción: Unemployable

Álbum: Pearl Jam 

Género/Estilo: Rock alternativo  

Año: 2006 

Enlace: https://open.spotify.com/track/44A2TguanyIH5yGVdYjAYP?si=HHitSjBIRwi8g6wJmIjsxw&utm_source=copy-link

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