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Café Sonoro – Canciones como sopas instantáneas

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Por: Carlos Carrizales

Desde que abracé a la música como pasatiempo, me propuse conocer al menos una nueva propuesta cada quince días, lo que implica escuchar su discografía desde do a si (o desde c a b si prefieren el sistema inglés).

Las responsabilidades de la adultez han limitado mi tiempo para este propósito, aunque existen más herramientas para hacerlo como los sistemas de streaming, lo cual facilita tener acceso a más artistas y géneros, lo que reafirma que, aunque las notas sean siete, la música es infinita.

Con base en esto último, no puedo decir que inicié desde lo más simple ni que en la actualidad únicamente elija lo más complejo para escuchar, ya que sería una autolimitación en cuanto a lo que conocimiento se refiere (incluso le doy oportunidad a géneros que no me agradan o a artistas que dejaron de gustarme) y el resultado ha sido más agradable: desde leyendas esculpidas en las piedras del olimpo musical, otras efímeras pero míticas (como Ritchie Valens, Buddy Holly y The Big Bopper, quienes murieron en un accidente aéreo cuando su carrera -irónicamente- despegaba) y otras que, sin pena ni gloria dejaron un pequeño indicio.

Lo que me llama la atención es que las últimas tendencias buscan menos complejidad en su elaboración, pero se enfocan en algo que enganche y que dure lo suficiente para un video viral de Tik Tok, es decir, su duración es menor que lo que tarda en estar lista una sopa Maruchan (no voy a decir que no se esfuerzan porque encontrar ese gancho tiene su chiste).

Es cierto que hay géneros o movimientos cuya estructura les permite hacer canciones que duren menos de un minuto (o un capricho del autor aquí también entraría) y tampoco espero encontrarme con obras como Thick as brick de los británicos Jethro Tull, una canción de 43 minutos 50 con una historia que contar, sin embargo, el contenido es lo que deja qué desear. 

¿Cuándo nos volvimos tan banales y conformistas? O ¿Es ser muy pretencioso escuchar algo que nos cuesta entender a la primera? ¿Ya no hay vuelta atrás y definitivamente ya es mejor adoptar las corrientes plásticas?

En este sentido, la música es como el gobierno: tenemos lo que merecemos y siempre habrá opositores, pero serán pocos de estos últimos los que realmente hagan algo para cambiarlo.

Posicionar tendencias es fácil, por lo que la fabricación en serie es sencilla pero también desechable, como diría Smithers en Los Simpson: «Pero el sombrero es nuevo», aunque también está el lado b de este vinilo: volver exitoso un tema de décadas atrás, también sirve para que las personas conozcan canciones o artistas que fueron referencias para los actuales, como el caso de la película biográfica de Freddie Mercury, Bohemian Rhapsody de 2018, o más recientemente, Running up that hill (a deal with God) de la británica Kate Bush, y Master of puppets de Metallica, los mayores exponentes del thrash metal, que volvieron a la cima con esas canciones gracias a la serie Stranger Things.

Sin duda alguna, el lugar común que siempre aplica es que en gustos se rompen géneros y habremos de preferir aquello que nos satisfaga, pero al igual que un platillo, si me lo preguntan, prefiero algo consistente, jugoso, bien cocinado o si será comida rápida, que por lo menos no tenga sabor a plástico y que tarde más de tres minutos en prepararse.

Hasta la próxima canción.

Recomendación musical de la semana:

Artista: Kate Bush

Álbum:Hounds of love

Género/Estilo: Art Pop

Año: 1985

Enlace: https://open.spotify.com/album/5BWl0bB1q0TqyFmkBEupZy?si=QFbjrFnnRt-lJKpXcp55Xw&utm_source=copy-link

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