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¡Basta de “abrazos no balazos”!

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Por: Salvador Cosío Gaona

Pese a que cada día se hace más crítico el problema de violencia, muerte e inseguridad en nuestro territorio nacional, hay que decir que ciertamente no hay nada qué esperar en cuanto a un posible cambio en la estrategia del Gobierno Federal, que insiste en mantener su posición primigenia en este sentido que establece “abrazos no balazos”, y otras posturas que a los ojos de no pocos mexicanos parecen equivocadas simple y sencillamente porque no logran contener y menos abatir a los enemigos de este país, es decir, los miembros del crimen organizado, los delincuentes, y los que con diversos uniformes atentan contra la población de formas diversas.  

Desde ningún punto de vista se puede aceptar que la narrativa del presidente Andrés Manuel López Obrador sea “abrazos no balazos”, o que pida que se respeten los derechos humanos de quienes secuestran, mutilan, ejecutan, asesinan, y desaparecen a sus víctimas; al tiempo que minimiza asuntos tan graves como los retenes que cada vez proliferan más en territorio nacional, como el que retuvo días atrás a periodistas que cubren la fuente de presidencia, generando desconcierto y temor durante lo que fue la enésima visita al Triángulo Dorado -que hasta el nombre quería cambiar por el Triángulo del Bienestar- ubicado entre Sinaloa y Durango donde se encuentra la capital del cartel de Sinaloa que encabeza técnicamente el hoy detenido en los Estados Unidos, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, mientras que el presidente se limitó a decir que “no pasó nada”.

Resulta inadmisible la ligereza con la que el mandatario tabasqueño responde a situaciones tan delicadas y amenazantes para la población como es el tema de los retenes que establecen los carteles del narcotráfico y ahora ya también carteles de todo tipo de delitos.

Lo peor es la toma de calles, instalaciones de servicios y mercados, de comunicaciones en poblados o ciudades importantes de gran trascendencia para el turismo y la vida cultural y económica de México.

En días pasados fuimos testigos de imágenes deplorables como las registradas mediante videos en San Cristóbal de las Casas en Chiapas, donde elementos fuertemente armados generaron caos y temor entre la población al circular libremente en las calles y emitir detonaciones, para luego conocer mediante la prensa que el presidente municipal pidió apoyo a las diferentes corporaciones policiales y el ejército y nadie acudió a ayudarle sino hasta cinco horas después.

Es evidente la amplia penetración de la delincuencia, pareciera la más aberrante de la historia contemporánea porque es ahora sí abierto el control que tienen sobre localidades, carreteras, puertos, negocios, y hasta productos, porque con base en extorsiones y cobros de piso se han apoderado también de la producción de alimentos, sin contar la tala inmoderada de recursos naturales y forestales, el robo de agua propiedad de la nación, es decir, ya se tiene un gobierno paralelo que es más poderoso porque no solamente está tolerado sino que goza de la complicidad de las autoridades, y eso ya no es un secreto a voces, siendo que personajes como Porfirio Muñoz Ledo, Lilly Téllez y Francisco Labastida, han afirmado que México es conducido por un narcogobierno.

El colmo es lo que ocurre en muchas carreteras del país y de esto hay testimonios y lo hemos visto; caminos que llevan a Puerto Vallarta, Jalisco; zonas costeras de Michoacán; Colima; Sinaloa; Nayarit; y Zacatecas, por mencionar algunas, donde hay retenes de revisión oficiales a cargo de la Guardia Nacional, y posteriormente entre ese retén y uno próximo del ejército o La Marina, hay un retén de elementos paramilitares uniformados quizá hasta mejor que los elementos de seguridad de la nación con uniformes, pasamontañas, cascos, chalecos antibalas, armamento de alto calibre y de gran fuerza y que de forma cínica y totalmente tolerada retienen a los automovilistas en esos caminos y carreteras importantes para “cachear” a los ciudadanos, revisar vehículos, interrogar, intimidar, detener por tiempo indeterminado a las personas hasta conseguir su propósito de despojarles de dinero y pertenencias o simplemente cobrarles una cuota para permitirles seguir su camino siendo el colmo que lo hagan frente a las policías y grupos de seguridad del país a los que incluso saludan cuando se encuentran, como si fuese parte ya de una actividad realizada en conjunto de forma coordinada concertada permitida.

También están los retenes de personas que se visten como bandoleros, delincuentes, eso sí, fuertemente armados y que cuando pasa algún convoy militar, de la Guardia Nacional o de La Marina, no solamente los agreden sino que los hacen huir como se ha visto ya en varios patéticos videos donde un comando de crimínales detiene a elementos del ejército y se escucha y se observa que prácticamente les perdonan la vida, dejándoles claro que si no los asesinan o los cuelgan del puente, es en razón de que el presidente municipal del lugar aboga por ellos y es su agente.

Hasta dónde hemos llegado que ya todo esto se tolera, prohijando que los maleantes hagan sus actividades delincuenciales y generando que cumplan esas tareas de extorsión, coacción, privación ilegal de la libertad del tránsito, mientras se pone en máximo riesgo a civiles que simplemente por alguna respuesta o algún detalle que no les parezca a estos salvajes puedan recibir una agresión grave que ponga en riesgo su integridad física y hasta su vida.

Y el otro tema final es que cuando no son los retenes paramilitares o de crimínales y son solamente retenes oficiales también hay extorsión, hay casos claros, comprobados, de que ya es necesario calcular en cada traslado por carretera, -además del costo de la gasolina y casetas-, la ‘aportación’ a la patrulla de la Guardia Nacional, una cuota que cobran en alrededor de 2 mil pesos.

Es pues necesario no solo que se genere una explicación sino incluso una movilización social para que se

Debemos dejar de tolerar que se consecuente a delincuentes mientras las familias mexicanas padecen y sufren todos los días la falta de seguridad, los muertos, las desapariciones de sus seres queridos, los abusos, las extorsiones, las amenazas, los cobros de piso, y toda clase de flagelos con la total impunidad por parte de un Gobierno Federal que ya es señalado como “narcogobierno”, y que al menos no ofrece muchos elementos para hacernos pensar los contrario.

Opinió[email protected]

@salvadorcosio1

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