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Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

Sí ha cambiado Vallarta

Aunque en ocasiones parezca que no, Puerto Vallarta ha cambiado de manera sustancial en los últimos diez años. Todo comenzó con la alternancia política, que dio fin a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional, con Salvador González Reséndiz, que tenía el puerto en el total abandono, y todo, para cumplirse el gusto de promotor inmobiliario cambiándole la cara al malecón para peatonalizarlo, convertir el Palacio Municipal en un museo y mudar las oficinas del Gobierno Municipal al edificio de la Unidad Municipal Administrativa.

Presupuestada a un costo de 120 millones de pesos, la Unidad Municipal Administrativa se chupó todo el dinero que se debía destinar a la obra pública de su último año de gobierno, al grado que los electores le cobraron la factura.

Luego del desastroso papel de González Reséndiz, en el apartado de la Obra pública, la ciudad cambió básicamente porque peor no podía estar, pero fundamentalmente porque su sucesor Ramón Guerrero “El Mochilas”, les quedó a deber una buena lana a varios constructores.

Ya con Arturo Dávalos Peña encabezando el Gobierno, es cuando esta ciudad costera ha despuntado por encima del promedio, pues se han solucionado como por lista las más sentidas quejas de la población costera. Esto debido a que se venía cargando una carencia de maquinaria y equipo, que desde el primer año de su gestión quedó solucionada, dando cabida después a la cereza de su pastel, con la negociación que diera pie al fin de la concesión de la recolección de la basura, contratada precisamente por otro priista, Gustavo González Villaseñor.

De ahí en adelante todo han sido buenas noticias para Puerto Vallarta, porque la hotelería está de fiesta con ocupaciones por las nubes y la inversión allá por la estratósfera.

Sin embargo, más allá del excelente trabajo del presidente municipal Arturo Dávalos Peña, quien en el esquema político superó por encima del 90% la prueba de la llamada ratificación de mandato hace apenas unas semanas, está la creciente civilidad de su población, que se fortalece con grupos de la sociedad civil que están defendiendo sus propias causas, como la del Bienestar Animal, donde el puerto es punta de lanza en materia de legislación municipal, así como en todo lo relativo al movimiento de quienes usan la bicicleta y la transparencia.

Así es el puerto ahora, una ciudad que ha cambiado visualmente –incluso mantiene la restricción en lo concerniente a la instalación de espectaculares-, con un gobierno municipal muy destacado en lo administrativo, bien calificado por la población, que no baja la guardia en la defensa de sus derechos colectivos. Una ciudad con una excelente calidad de vida, rankeada como la ciudad más segura de México por el INEGI.

Sí ha cambiado Vallarta.

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