Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

Merece Vallarta estrellita en Derechos Humanos

Hará por lo menos diez años que la fama de destino gay friendly para Puerto Vallarta se remitía a la zona de la Playa de Los Muertos, mientras que actualmente esta denominación ya rebasa las fronteras.

Situado junto a destinos internacionalmente famosos por su apertura al reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales), Puerto Vallarta no solamente se distingue por ofrecer servicios turísticos, sino incluso por celebrar –y promover- bodas entre personas del mismo sexo. Más allá de reconocer como iguales a dos personas que expresan y profesan su amor en público sin importar que se trate del mismo sexo, Puerto Vallarta, sus autoridades y turisteros, han probado y comprobado los beneficios de este segmento, que prefiere el turismo de categoría especial, al turismo masivo del cual se sostienen hoteles del todo incluido.

Afamado a nivel internacional, el Vallarta Pride (evento que rinde tributo a la comunidad LGBT con diversas actividades durante el mes de mayo) se ha consolidado como uno de los encuentros obligados para los amantes del orgullo gay, fruto principalmente de la iniciativa privada y diversos patrocinadores.

Sin embargo, más allá de la oda de los derechos de la comunidad LGBT construida entre la colectividad vallartense, existe un apartado de especial atención y cuidado única y exclusivamente para las autoridades municipales, encabezadas en este caso por su presidente Arturo Dávalos Peña, el cual tiene que ver con el reconocimiento a los Derechos Humanos consignados en la Constitución y respetados cabalmente por el Gobierno de Puerto Vallarta.

Y es que desde el comienzo de su administración, allá por octubre del 2015, el municipio de Vallarta y sus autoridades se han ido limpios en cuanto a recomendaciones por parte de la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco se refiere.
Fruto de un gran trabajo realizado por María Nicolasa García Reynoso, aquella promotora de los Derechos Humanos, que se encargó en buena medida de destapar los abusos cometidos por el estadounidense Thomas White, pederasta consumado que allá por los dos miles, se había colado hasta el tuétano de la comunidad local.

María Nicolasa, sumada al equipo de trabajo en el municipio en una oficina especializada en atender y responder las quejas en materia de Derechos Humanos en las que tiene que ver este municipio, ha sabido canjear su actividad desde la trinchera ciudadana hacia el lado opuesto de un escritorio desde el tedio de la burocracia, manteniendo limpio el historial de quejas para el gobierno davalista.

Un trabajo callado y que no se ve, pero que al momento de las estadísticas brilla por su eficiencia y que será seguramente uno de los más destacados factores a reflejar por las autoridades de Puerto Vallarta al momento de rendir cuentas en su ya próximo informe de gobierno y que bien le merece una estrellita, tanto al Gobierno local, como al trabajo de María Nicolasa, que sigue sumando éxitos a su trayectoria como activista especializada en Derechos Humanos, desde la más difícil trinchera que representa el servicio público.

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