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¿A quién conviene ir contra los nombres protegidos?

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Por: José Ángel Gutiérrez

Amenazados por particulares y ahora, hasta por algunos gobiernos, los nombres protegidos y las Denominaciones de Origen enfrentan constantes riesgos y, con ello, la posibilidad del caos y el desorden en cadenas productivas que han costado años de esfuerzo para colocarlas en niveles de excelencia.

Así como el tequila enfrenta amenazas con la cerveza Desperados, el Champagne de Francia también ve ahora afectada su protección.

“Ardiente defensor de la historia y las tradiciones de su país, Vladimir Putin no aplica la misma vara cuando se trata de otras naciones, en particular aquellas que lo irritan. Esta semana, el presidente ruso firmó una nueva y controvertida enmienda de la ley sobre la reglamentación de las bebidas alcohólicas, según la cual, a partir de ahora, solo los productores rusos podrán utilizar la apelación ‘champagne’ en las botellas de ese vino espumante, símbolo secular de la cultura francesa”, publicaba el lunes 5 de los corrientes el diario La Nación.

Y agregaba: “Según el texto, los vinos importados deberán contentarse con el adjetivo “vino espumante’. La decisión indica con claridad que la legislación rusa decidió ignorar la protección representada por las indicaciones francesa y europea AOC-AOP (apelación de origen controlado-apelación de origen protegido)”.

La decisión rusa significa un duro golpe para los productores franceses que, ya afectados por las restricciones de la pandemia y por las decisiones proteccionistas del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luchan desde hace años para proteger esa AOC amenazada en el mundo.

El mismo lunes, la Comisión Europea dijo estar al corriente de la ley en Rusia que obligaría a los productores de champán a renunciar a esa denominación en ese país y aseguró que, de ser finalmente adoptada, tomará medidas para proteger sus derechos.

“Tendría un impacto importante en las exportaciones. Haremos lo necesario para exponer nuestra preocupación y desacuerdo si al final es adoptada y para proteger nuestros derechos” en caso de que entre en vigor, dijo en la rueda de prensa diaria de la CE la portavoz de Comercio, Miriam García.

Por su parte, el director general de la Union des Maisons de Champagne, David Chatillon, protestó contra esta ley, al afirmar a France News Live que “se trata de la apropiación de un nombre en el que los champañeses han invertido 300 años”. “Nos sienta mal que nos muerdan”, subrayó.

Y es aquí donde vienen las preguntas…. ¿A quién conviene ir contra los nombres protegidos? ¿Quién o quiénes salen beneficiados al proceder contra toda una cadena productiva? ¿Porqué tratar de morderle al pastel con trampas y leguleyadas?

Tenemos claro quiénes resultan afectados: productores que invirtieron años, dinero y esfuerzo para alcanzar niveles de organización ejemplares. Campesinos, industriales, productores de diferentes ramas como el vidrio, el embalaje e incluso la industria logística…. Todos pierden. Y solo ganan vivales que exclusivamente piensan en sus intereses.

El caso del Champagne y la amenaza desde Rusia, es el más vivo ejemplo del abuso y la falta de respeto a un nombre cuyo prestigio había sido -hasta ahora- irrefutable. ¿Y todo porqué? Por rascarle al éxito mediante una competencia desleal.

Según estimaciones del Centro de Investigaciones de los Mercados Federal y Regionales de Productos Alcohólicos (TSIFRRA, por sus siglas en ruso), Rusia importa anualmente cerca de 50 millones de vinos espumosos y champañas, el 13 % de los cuales proceden de Francia. Quitarle el casi mágico nombre “Champagne”, en automático degrada a la bebida, la abarata frente a otros vinos espumantes de menor calidad, la degrada por completo y trata de menospreciar a una región geográfica con características específicas y calidad indiscutible.

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