¿Qué tienen en común los pepinos, la mostaza y las almendras?

¿Qué tienen en común los pepinos, la mostaza y las almendras?

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«¿Qué tienen en común los pepinos, la mostaza, las almendras y la alfalfa?», se preguntan desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Su apariencia es muy distinta. Sin embargo, los cuatro deben su existencia a la labor que realizan las abejas.

Durante siglos no se ha valorado lo suficiente el trabajo de las abejas silvestres, que han permanecido a la sombra de su pariente más popular, la abeja melífera, cuya labor de producir miel es mucho más visible y reconocida, subrayan desde la institución. Por suerte para ellas, agradece la FAO, una reciente publicación científica constata el papel clave que estos insectos juegan en la mejora de la producción de unos 2.000 millones de pequeños campesinos; garantizando, al mismo tiempo, la seguridad alimentaria y nutricional de una cada vez más creciente población global.

«Nuestra investigación muestra que mejorar la densidad y diversidad de polinizadores -asegurarnos que sus plantas reciben cada vez a más tipos diferentes de abejas e insectos- tiene un impacto directo sobre los rendimientos agrícolas», comenta Barbara Gemmill-Herren, una de las autoras del informe publicado en la revista Science, que trabaja en la FAO.

Visitas de polinizadores
En el estudio de campo, coordinado por la FAO, los científicos compararon 344 parcelas en África, Asia y América Latina.

«Los rendimientos fueron notablemente más bajos en los terrenos agrícolas que atrajeron a un menor número de abejas durante la temporada principal de floración, que en las parcelas que recibieron más visitas», explica Gemmill-Herren.

Al comparar explotaciones de menos de 2 hectáreas, los resultados sugirieron a los expertos que las de menos rendimiento podrían aumentarlo en una media del 24% atrayendo a un mayor número de polinizadores.

La investigación analizó también parcelas más grandes y concluyó que, aunque se beneficiaron de más visitas de polinizadores, el impacto en los rendimientos fue menos importante que en los terrenos más pequeños; probablemente porque a muchas abejas les resulta difícil abarcar campos extensos, lejos del hábitat donde anidan.

«La diversidad de abejas -con diferentes capacidades de vuelo- ofrece beneficios tanto para los pequeños agricultores en los países en desarrollo, como para las grandes explotaciones», destaca Gemmill-Herren.

Planificación de estrategias de seguridad alimentaria
¿Cómo ayudar, pues, a los pequeños campesinos a producir más sin dañar al medio ambiente? Fue la cuestión que se plantearon desde la FAO.

Las estrategias de seguridad alimentaria en todo el mundo podrían beneficiarse si incluyesen la polinización como un componente integral, responden con rotundidad los expertos de la organización.

La intensificación ecológica -impulsar la producción agrícola aprovechando la energía de los procesos naturales- es una de las vías sostenibles para aumentar el suministro de alimentos.

«Las flores en algunas partes del mundo se están abriendo en momentos diferentes a lo que era habitual debido al cambio climático, y las abejas no están allí para polinizar», advierte Nadine Azzu, Coordinadora del Proyecto Global en la División de Protección y Producción Vegetal de la FAO, que también participa en el citado informe. Esto significa que resulta imprescindible encontrar fórmulas para mantener a los polinizadores zumbando alrededor de las explotaciones agrícolas durante todo el año. «Y lo mejor es que sus servicios son gratuitos», se congratula Azzu.

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