El fraude que esconde el zapato de cristal de Cenicienta

El fraude que esconde el zapato de cristal de Cenicienta

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Con la ayuda del Hada Madrina, Cenicienta consigue que sus harapos se transformen en un espléndido vestido, y una calabaza en un carruaje lujoso. Al menos hasta las doce de la noche. Por que en ese momento, según dice el cuento, Cenicienta tiene que salir corriendo con sus zapatos de cristal antes de que la ilusión se desvanezca y el Príncipe descubra su verdadero aspecto.

Pero la Física no entiende de ilusiones ni de hadas. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Leicester ha demostrado que Cenicienta no podría haber huido del Príncipe a las doce de la noche si hubiera ido calzada con zapatos de cristal. En una investigación, publicada en «Journal of Physics Special Topics», una revista en la que los estudiantes hacen trabajos que relacionan la ficción y la realidad y en la que caben curiosidades pero no adelantos científicos, estos jóvenes han evaluado la resistencia que tendría un zapato de tacón de cristal.

«Mientras que Cenicienta podría haber permanecido de pie con sus zapatos, sin importar el tamaño del tacón, no se puede decir lo mismo si hubiera intentado caminar o correr», explican estos jóvenes en su particular estudio.

En el mejor de los casos, según los cálculos de resistencia del cristal y de las fuerzas en juego, estos científicos sostienen que Cenicienta podría haber huido del Príncipe con un zapato con un tacón de como máximo 1,15 centímetros. Una longitud mucho menor de lo que se suele ver en los dibujos.

Para llegar a esa conclusión, los estudiantes aplicaron ecuaciones para medir la resistencia del zapato al peso, cuando Cenicienta estaba de pie, cuando estaba caminando o corriendo.

También estimaron la resistencia del cristal, a través de una simplificación: consideraron que estaba hecho de uno de los vidrios más comunes, así que aplicaron los parámetros de dureza y resistencia de este tipo de material.

Además, se vieron obligados a estimar las medidas de la chica: para simplificar las cosas, acordaron que Cenicienta pesaba 55 kilogramos y que tenía un 32 europeo. También hubo que tener en cuenta el ángulo de ataque del tacón al suelo al caminar o al correr, la altura de las zancadas, la distribución de la presión a lo largo de la longitud del tacón…

Tal como dijo Mervyn Roy, uno de los profesores responsables de este trabajo, en National Geographic, «Solo hay un mundo real, pero una vez que te fijas en la ficción, hay un reino enorme de cosas por explorar».

Al margen de lo curioso, o no, que resulte este tipo de estudios, este científico también recordó que si hoy los los estudiantes pueden resolver problemas tan sencillos como este es gracias al trabajo de otras personas en el pasado. Pero, incluso en el caso del estudio del zapato de Cenicienta, aún habría que continuar los estudios con nuevos materiales o distintos ángulos de impacto del tacón. La ciencia es incansable hasta cuando roza el reino de la fantasía.

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