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Un capricho costoso y mediocre

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Por: Salvador Cosío Gaona

El «voto en contra” en una consulta amañada que no reunió ni al 2 por ciento del Padrón electoral canceló la icónica obra de lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM); un proyecto que se construía en Texcoco, Estado de México y que nunca contó con la simpatía de Andrés Manuel López Obrador, quien en campaña prometió destruirlo y una vez convertido en presidente de la República lo cumplió, para dar paso a la edificación del Aeropuerto Felipe Ángeles de Santa Lucía, que esta semana nos dimos cuenta, constituirá un engaño, un fraude, un despropósito mayúsculo que en nada resolverá la problemática que dio origen a la proyección de contar con una nueva terminal aérea para la capital del país. 

El proyecto del NAIM planteaba una terminal aérea de primer mundo que iba a permitir a nuestro país catapultarse entre las naciones que cuentan con los mejores aeropuertos del orbe y recibiría además amplios beneficios para la economía nacional.  

La propuesta ganadora se seleccionó con base en criterios tales como funcionalidad y eficiencia, sustentabilidad, factibilidad técnica, financiera y del plan de trabajo, flexibilidad de crecimiento futuro e innovación tecnológica, entre otros. El jurado incluyó a funcionarios públicos y directivos de organizaciones civiles nacionales e internacionales.

“El objetivo era revolucionar el diseño de los aeropuertos y la experiencia de viajar, creando un edificio e infraestructura que no solo funcionara durante el siglo XXI, sino que también se manifestara en un ícono para México durante el resto del tiempo”.  

En abril de este año, el proyecto elaborado por el equipo que lideraban Fernando Romero y Norman Foster, ganó el Global Architecture & Design Awards (GADA) 2021 entregado por Rethinking The Future.

Pero todo ello es historia. 

La construcción se canceló para dar paso al Aeropuerto Felipe Ángeles, que hoy, a escasos cinco meses de su puesta en marcha prevista para marzo de 2022, nos hemos venido a enterar que no cumplirá las expectativas ni el fin para el que está siendo construido por su limitada capacidad para recibir visitantes, sin menoscabo de múltiples carencias, fallas y desorden; y ni hablemos del exorbitante costo que representará; un despilfarro para un edificio que no satisfará las necesidades que lo originaron.

Este texto de Erick Haw Mayer, periodista especializado y colaborador de la revista Avión Revue de Latinoamérica, devela el fraude fraguado en torno a Santa Lucía:

Todos sabemos que la decisión de cancelar el Aeropuerto de Texcoco en favor del AIFA en Santa Lucía fue simplemente un capricho presidencial, se la pasó criticando el proyecto tantos años (sin bases) que prefirió tomar el costo tanto financiero como político, económico y operativo de cancelar el proyecto de aeropuerto de primer nivel a cambio de su central avionera en Santa Lucía.

Es cierto que el costo del AIFA ronda los $80 mil millones de pesos contra los más de $150 mil millones de Texcoco, pero si a eso le agregamos los $100 mil millones que oficialmente costó la cancelación (hay otros datos que dicen que fue el triple) tenemos que el costo real oficial es de $180 mil millones de pesos.

Si esa inversión fuera para un proyecto de la misma magnitud y clase, al menos tendríamos un aeropuerto de primer mundo y una gran puerta de entrada al país como iba a ser el proyecto de Norman Foster. Pero ni eso. Y hay otro dato muy importante de lo que recibiremos a cambio de esos $180 mil millones de pesos: la nula capacidad del AIFA para atender el crecimiento esperado de demanda que sí iba a atender Texcoco.

El proyecto del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México preveía que al abrir sus puertas debería atender la demanda actual del AICM y estar preparado para crecer en los siguientes años conforme se construyeran las siguientes fases. La fase inicial con el edificio en “X” tendría más de 50 puertas de contacto, es decir, con pasillo a la puerta del avión; más una zona de posiciones remotas para poder recibir más aviones en horas pico. Cuando el proyecto estuviera terminado estaban previstas 120 posiciones de contacto más áreas de posiciones remotas.

Como comparación, el AICM tiene actualmente 34 posiciones de contacto en la Terminal 1, 29 en la Terminal 2 considerando el parche nuevo mal hecho en donde se paran aviones de Aeroméxico Connect, más una buena cantidad de posiciones remotas en ambas terminales.

¿Y el AIFA? Cuando abra sus puertas y luego de gastar los $180 mil millones de pesos tendrá la fabulosa cantidad de 14 puertas de contacto y un número indeterminado de posiciones remotas que al parecer ni falta van a hacer, dado el nulo interés de las aerolíneas en operar ahí y de los pasajeros en trasladarse. ¡14 puertas por $180 mil millones de pesos! Bonito negocio. Y esos son datos oficiales y a la vista. De acuerdo con la Secretaría de Defensa, a cargo del proyecto del aeropuerto, en 10 años podría estar la segunda mitad del edificio terminal, con lo que se tendrían otras 14 posiciones de contacto; y para el 2042 que se finalice la tercera etapa se agregarían otras 6 posiciones. Es decir, para el 2042 tendrá 34 posiciones de contacto, la mitad de lo que hoy tiene el viejo AICM al que de ninguna manera podrá sustituir.

A manera de comparación y para que se vea lo ridículo de lo que obtendremos por la cuantiosa “inversión” en un aeropuerto inútil, el Aeropuerto de Guadalajara tiene actualmente 12 posiciones de contacto y 15 remotas que lo hacen absolutamente insuficiente para la demanda, está en un proceso de ampliación que duplicará su capacidad, con más del doble de puertas que se tienen hoy.

Monterrey tiene actualmente 9 puertas de contacto en la Terminal A, 6 en la Terminal B y posiciones remotas en ambas terminales, así como la Terminal C que utiliza Viva Aerobus y que a propósito no quiere puertas de contacto para bajar los costos. Con la ampliación que actualmente se lleva a cabo para el 2024 o 2025 tendrán 21 puertas de contacto en la Terminal A, 6 en la Terminal B y se ampliará considerablemente la Terminal C con un edificio que eventualmente podría tener también pasillos a los aviones si Viva Aerobus así lo decide.

El Aeropuerto de Cancún que actualmente es el de mayor crecimiento, tiene 8 puertas de contacto en la vieja Terminal 2 más 10 remotas; la Terminal 3 tiene 11 puertas de contacto y la nueva Terminal 4 tiene 12 puertas de contacto. La Terminal 1 actualmente en desuso tiene solo 4 puertas sin pasillo a los aviones. En total se tienen 31 puertas de contacto y al menos 12 posiciones remotas.

Y el Aeropuerto de Tijuana, también en crecimiento y expansión, tiene actualmente 12 posiciones de contacto y 4 remotas.

Estos aeropuertos tienen obviamente una capacidad mucho menor al AICM pero dan una idea de lo máximo que podría atender el AIFA si realmente se utilizara a su máxima capacidad, y de ninguna manera puede sustituir al actual aeropuerto de la Ciudad de México como estaba previsto que Texcoco sí lo hiciera. Y la inversión en sus ampliaciones están muy lejos de los $80 mil millones que el AIFA está costando de manera directa.

Y también a manera de comparación de lo que México necesitaría si se hiciera un aeropuerto de clase mundial, el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles tiene actualmente 125 puertas de contacto y varias remotas en 10 terminales, ofrece una capacidad similar a la que eventualmente tendría el aeropuerto de Texcoco. Y el Aeropuerto Jackson-Hartsfield de Atlanta, que es el de mayor capacidad en el mundo, cuenta con 195 puertas de contacto.

Así que esa capacidad ínfima con la mayor inversión final contra el proyecto de Texcoco es un verdadero fraude para los mexicanos, ya que el aeropuerto ni tendrá la capacidad ni el atractivo para convertirse en el principal aeropuerto del país.

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@salvadorcosio1

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