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Trump sigue enrocado en las demandas legales sin reconocer su derrota

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El presidente, Donald Trump, sigue sin reconocer su derrota electoral, aferrado a sus denuncias de fraude no demostradas y dividiendo a los republicanos y a su círculo íntimo entre quienes le piden ceder a la evidencia y quienes le animan a seguir con sus reclamos.

Desde que se confirmó este sábado que Biden alcanzó los votos del Colegio Electoral suficientes para ser investido presidente en enero, noticia que le sorprendió jugando al golf, Trump ha estado enclaustrado con su círculo íntimo, estudiando sus planes para revertir el resultado de la elección y sin agenda pública.

Sus manifestaciones públicas, aparte de fotografías jugando de nuevo al golf el domingo, se han reducido a numerosos retuits de personajes y medios que se hacen eco de sus denuncias de “fraude”, y a un tuit esta mañana en el que reaccionó a los avances de las farmacéuticas en el desarrollo de una vacuna contra la covid-19.

“El mercado de valores a lo grande, próximamente las vacunas. Informe 90 % efectivo. ¡Que grandes noticias!”, escribió el gobernante sobre los primeros resultados, efectivos en más de un 90 %, de la vacuna de Pfizer y BioNTech, una noticia que esperaba como agua de mayo antes de las elecciones y que le llega tarde.

Entretanto, según los medios locales, su círculo íntimo se encuentra dividido entre los que le aconsejan tirar la toalla y quienes le animan a seguir con su estrategia de presentar demandas en los estados clave para demostrar el “fraude” que denuncia.

Según los medios, su esposa Melania y su yerno Jared Kushner se inclinan por que asuma el trago amargo de aceptar la derrota, mientras que sus hijos Donald Jr. y Eric le animan a seguir.

Jason Miller, asesor de la campaña de Trump, salió rápidamente al paso de estas informaciones para negarlas e incluso Melania Trump publicó un tuit en el que pidió que se cuente “cada voto legal” y llamó a proteger la democracia del país con “total transparencia”.

Los medios, sin embargo, se han reafirmado en esas informaciones que, según la cadena de televisión ABC News, implican que la práctica totalidad del círculo íntimo de Trump es “plenamente consciente” de la derrota y que el problema radica en cómo convencer al presidente de que haga “una salida elegante”.

Sin pruebas de sus alegaciones, la campaña de Trump no ha dejado de recaudar fondos para sufragar las demandas destinadas a que no se contabilicen los votos por correo que llegaron después del cierre de los colegios electorales, aunque el matasellos muestre que fueron emitidos a tiempo, y para pedir recuentos en estados clave.

El problema es que en ningún caso ha habido denuncias de las irregularidades masivas que alega Trump, y que un recuento de votos no debería dar resultados muy diferentes a los anunciados.

A eso se une la complejidad de que las quejas implican a varios estados, no como ocurrió con Florida en 2000, donde tras un caótico proceso de recuento el candidato demócrata, Al Gore, admitió la victoria de George W. Bush por una ventaja de 537 votos, y que los resultados no han sido tan ajustados como entonces.

La campaña de Trump ha anunciado demandas contra las autoridades electorales de Pensilvania, el estado que le dio la victoria a Biden, así como el equipo que se encargará de supervisar el recuento de votos en Georgia, donde con el escrutinio prácticamente concluido Biden aventaja al presiente saliente por unos 10.000 votos.

Aunque el silencio es abrumador entre los republicanos, ya hay congresistas que le han dado la espalda a la estrategia de Trump poner en duda la fiabilidad del proceso electoral.

Es el caso de los senadores Mitt Romney, uno de los habituales críticos de Trump dentro del partido, y Lisa Murkowski, quienes felicitaron a Joe Biden por su victoria electoral, como también hizo ya el expresidente republicano George W. Bush.

Pero la tónica general ha sido el silencio, con la excepción de algunos de los más incondicionales, como los senadores Ted Cruz y Lindsey Graham, o el líder de la minoría republicana en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, que han defendido un caso, el de Trump, que parece abocado al fracaso.

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