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OMS, 2 millones de muertes después

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Por: Salvador Cosío Gaona


 
Llama la atención que la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en su momento aceptó “sin cuestionar” la palabra de las autoridades de China en torno al surgimiento del Coronavirus, ahora esté muy interesada en llevar a cabo una investigación al respecto y hasta haya enviado a una delegación con la encomienda de emprender dichas pesquisas. 
 
Hay que recordar que incluso en respuesta a esa pasiva actitud de la OMS, el todavía presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, excluyó a su país de dicha organización, y le retiró el importante apoyo económico que aportaba.
 
Lo anterior, a razón de que el inquilino de la Casa Blanca acusaba a la OMS de haber protegido a aquella nación asiática que omitió dar a conocer de manera oportuna al mundo el surgimiento del Coronavirus en Wuhan, hasta que fue imposible ocultarlo, con las consecuencias ya de todos conocidas que derivaron en una pandemia que ha dejado cientos de miles de muertos en todo el mundo y millones de contagios. 
 
Desde su óptica, la OMS impidió la transparencia informativa sobre el brote de coronavirus. “Si la OMS hubiera hecho su trabajo y enviado expertos a China para evaluar objetivamente la situación en el terreno, el brote se hubiera contenido con muchas menos muertes”, dijo Trump en aquel momento aunque ya en abril había suspendido temporalmente las contribuciones de su país al presupuesto de la OMS, estimadas en unos US$450 millones al año, equivalente a 15% del presupuesto de la institución, que dejó de recibir ese ingreso en forma definitiva de parte del país más afectado por la pandemia, los Estados Unidos de América del Norte, que a la fecha suman más de 23 millones de contagios y 386 mil fallecimientos por COVID-19.
 
“La OMS incluso llegó a halagar por su transparencia a China”. “Dijeron que no había necesidad de imponer restricciones de viaje. Eso probablemente causó que la cantidad de casos se multiplicara por 20, y la cifra podría ser mayor”, se quejó Trump.

Ahora, más de un año después del descubrimiento del virus y el surgimiento de la enfermedad por Covid-19, la OMS ha enviado un equipo internacional de 13 científicos a  Wuhan, China, con el propósito de buscar los orígenes que causan la COVID-19.
 
Los  expertos pasarán dos semanas de cuarentena, requisito para viajeros internacionales y una vez que puedan disponerse a trabajar, su misión “prioritaria” será encontrar el origen del virus y sus canales de transmisión: pese a meses de investigaciones, solo se sabe que es un virus zoonótico, es decir, transmitido desde los animales al hombre, y que comenzó a propagarse a través de un mercado de Wuhan.
 
Existen sospechas de que murciélagos oriundos del sur de China o el pangolín podrían haber participado en su transmisión, que podría haber pasado por más de una especie antes de llegar al ser humano.
 
Según un informe de Términos de Referencia (TOR) para China, que la OMS publicó el 31 de julio, no está claro si el mercado wuhanés “fue la fuente de la infección, si actuó como amplificador para el contagio entre humanos o si fue una combinación de esos factores”.
 
Entretanto, la prensa oficial del régimen ha planteado en los últimos meses una narrativa alternativa según la cual el brote inicial de la pandemia podría haber estado relacionado con las importaciones de alimentos congelados o haber surgido antes en otros países.
 
En un artículo de opinión, la agencia estatal Xinhua señala que “hay más pruebas” de que la COVID habría circulado fuera de China antes de lo que se creía”, y apunta a supuestos casos registrados a lo largo de 2019 en países como Brasil, Italia, España y Francia.
 
El medio también indica que afirmar sin pruebas que el brote comenzó en un solo país es “peligroso y contraproducente”, y que la investigación debe llevarse a cabo simultáneamente en otros lugares del mundo “para recopilar la mayor cantidad de información posible”.
 
Aunque expertos de la OMS ya visitaron China en febrero y julio del año pasado -sin que trascendieran demasiados detalles-, la organización de esta misión se ha demorado durante meses y ha estado rodeada de secretismo, tanto por parte de ese organismo como de las autoridades chinas.
 
Xinhua se apresuró a defender la “buena predisposición” del país respecto del viaje en cuanto que “China apoya una investigación científica basada en los hechos”, y criticó a los “políticos occidentales, particularmente estadounidenses, que no han dejado de atacar a China con rumores infundados” sobre el origen del coronavirus, “bajo la presunción de que China tiene la culpa”.
 
Por cierto, la llegada del grupo de expertos -científicos de diversas organizaciones internacionales provenientes de EUA, Japón, Rusia, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Australia, Vietnam, Alemania y Catar-, se produjo el mismo día que las autoridades sanitarias chinas informaron de un nuevo fallecimiento por COVID, el primero desde el anunciado el pasado 17 de mayo.
 
Con este nuevo deceso, la cifra oficial de fallecimientos por COVID en la China continental se situó en 4.635.
 
Según las autoridades, el deceso se produjo en la provincia nororiental de Hebei, que circunda Beijing, y que es escenario de un rebrote que ha llevado al cierre de tres ciudades, entre ellas, la capital provincial, Shijiazhuang, de 11 millones de habitantes. Asimismo, China detectó el miércoles 13 de enero del presente 138 nuevos casos de coronavirus, el dato de nuevos contagios más alto desde principios de marzo.
 
Cabe señalar que la visita es muy delicada para el régimen chino, que desea disociarse de cualquier responsabilidad en esta pandemia, aunque como ya se mencionaba llega más de un año tarde, cuando el virus ya ha cobrado la vida de más dos millones de personas en todo el mundo. 
 
Opinió[email protected]
@salvadorcosio1

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