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Odebrecht, ya pisa talones a EPN

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Por: Salvador Cosío Gaona

Parece no tener fin el demoledor caso Odebrecht, que tras cinco años de haber sido develado continúa provocando más que dolores de cabeza a quienes tuvieron el infortunio de involucrarse, aunque en su momento recibieron millonarios dividendos. Hoy, muchos han visto quebrar sus empresas, y venir abajo su estabilidad económica, sin menoscabo de su tranquilidad, libertad y ya algunos, han perdido hasta la vida. Conforme avanzan las indagatorias y declaran más personas, otras tantas resultan involucradas, por lo que no es descabellado que en  los próximos días conozcamos más nombres y empresas relacionadas en este gigantesco caso de corrupción que ya pisa los talones del ex presidente Enrique Peña Nieto y algunos de sus más cercanos colaboradores.

El caso Odebrecht que salió a la luz pública en 2014 producto de la Operación Lava Jato, desvelando una impresionante red de sobornos pagados por grandes constructoras brasileñas  a políticos de diferentes países para obtener contratos en la estatal Petrobras, continúa dando de qué hablar, barriendo reputaciones y tumbando reinos.

Todo salió a la luz en junio de 2015, cuando la policía brasileña encargada de investigar la macrotrama corrupta de la petrolera estatal Petrobras arrestaba, en su lujosa casa de São Paulo, a uno de los empresarios más poderosos de Brasil, Marcelo Odebrecht. El mundo económico brasileño se echó a temblar; el mundo político, también. Y no han parado desde entonces de hacerlo. Los secretos que podía guardar el nieto –y ya por entonces presidente- de la mayor constructora de América Latina, con 168.000 empleados, y con ramificaciones en 28 países, entre otros, en Venezuela, Colombia, Perú o EE UU, eran de tal calibre y de tal potencia que podían, por si solos, derribar presidencias o hacer caer gobiernos en toda la región. 

Marcelo, un hombre pagado de sí mismo y de carácter fuerte, se negó durante muchos meses a aceptar el regalo envenenado de la Fiscalía brasileña: confesar lo que sabía –esto es: a quién había sobornado para conseguir contratos golosos- a cambio de rebajar la condena. Pero la situación en caída libre de la empresa, sobre la que pesaba una prohibición de presentarse a concursos públicos, más las pruebas recogidas por los investigadores (la carpeta olvidada de una secretaria en la que figuraban los nombres y apodos de los políticos sistemáticamente sobornado constituyó una de las más concluyentes) le hicieron doblegarse.

Finalmente, aceptó hablar y delatar a cambio de rebajar diez años la condena (de 19 años). Con él, otros 77 altos cargos de la empresa se prestaron también a dar nombres, fechas y cuantías a la policía a cambio de años de libertad.

Odebrecht reconoció que entregó sobornos por unos 800 millones de dólares en diversos países de Latinoamérica a cambio de la concesión de grandes obras de infraestructura.

Tras ofrecer un perdón públicamente, la empresa, asimismo, se avino a pagar la mayor multa impuesta a una compañía acusada de corrupción: 3.500 millones de dólares, repartidos entre los Gobiernos de Brasil, EEUU y Suiza (países que también investigaban a Odebrecht por sus prácticas corruptas). A cambio, dejaba de estar proscrita y volvía a poder concursar a obras públicas, su principal fuente de ingresos.

Pero una vez que las investigaciones se habían puesto en marcha, nada iba a impedir que el torrente de revelaciones siguiera arrasándolo todo. Desde EE UU y pasando por las fiscalías locales, ya afecta, fuera de Brasil, al presidente colombiano Juan Manuel Santos y al expresidente peruano Alejandro Toledo. “Odebrecht empleó una secreta, pero totalmente funcional, unidad de negocios de la empresa-un departamento de sobornos, por decirlo de alguna manera- que, sistemáticamente, pagó cientos de millones de dólares para corromper a funcionarios del Gobierno en países de los tres continentes», afirmó en diciembre de 2016 Sung-Hee Suh, fiscal general asistente de la División Criminal del Departamento de Justicia norteamericano.

Como ya mencionaba, no hay señales de que la tormenta vaya a parar. Al contrario. Las confesiones de los más de 70 altos cargos (incluida la de Marcelo Odebrecht) están hoy por hoy en Brasil protegidas por el secreto de sumario. Pero no lo estarán por mucho tiempo y, más pronto o más tarde, se harán públicas. La prensa brasileña las denomina, acertadamente, “la confesión del fin del mundo”. En un momento se filtró la declaración de uno de esos altos cargos. Solo uno. Se llamaba Cláudio Melo Filho y su trabajo consistía, según afirmó ante la policía, en presionar (y sobornar) a políticos brasileños a cambio de que favorecieran los intereses de la empresa a la hora de conceder contratos o modificar leyes. Aseguró también que el actual presidente, Michel Temer, aceptó en la terraza de su palacio 10 millones de reales (más de 3 millones de euros) para su campaña electoral. Lo que esconda la declaración de Marcelo Odebrecht, que trataba con presidentes y ministros de muchos países, es dinamita pura a punto de estallar.

MÉXICO

Odebrecht reconoció haber pagado 10,5 millones de dólares en sobornos a “altos funcionarios de una empresa controlada por el Estado [mexicano]”. Los representantes de la constructora brasileña admitieron en diciembre de 2015 a las autoridades judiciales de Estados Unidos que el pago de coimas se hizo entre octubre de 2013 y finales de 2014 para ganar contratos con una compañía de la que no revelaron el nombre.

La Secretaría de la Función Pública (SFP), que se encarga de investigar las acusaciones de corrupción en contra de funcionarios, dijo que investigaría el caso. Petróleos Mexicanos (Pemex, la petrolera paraestatal) también se pronunció públicamente en favor de revisar tres grandes contratos que otorgó a Odebrecht y por los que obtuvo 39 millones de dólares en beneficios. Entre ellos la construcción al norte del país del gasoducto Los Ramones, de 450 kilómetros de longitud, y el acondicionamiento de un terreno donde se levantará la refinería de Tula, Hidalgo.

En el tiempo en que se pagaron los sobornos, Pemex era un actor central en la apertura del sector energético mexicano. A finales de enero, Arely Gómez, la titular de la SFP, dijo que el caso de los sobornos de Odebrecht a funcionarios mexicanos es una de sus prioridades, pero nunca presentó ningún avance en la investigación.

El 13 de abril de 2017 se dio el primer señalamiento en contra de Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex, quien es acusado por Hidelberto Mascarenhas Alves da Silva de haber recibido un soborno por 5 mdd para favorecer a la constructora brasileña con contratos de Pemex.

De entonces a la fecha, ha transcurrió el tiempo entre acusaciones, pruebas, fallos a favor y en contra, hasta el 6 de diciembre de 2018 en que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que quitaría reservas al Caso Odebrecht. El 22 de mayo de 2019, la Secretaría de la Función Pública SFP dio a conocer inhabilitación por 10 años del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, y una semana después le congelaron sus cuentas y se giró una orden de aprehensión en su contra por tres delitos.

Este viernes 5 de julio, la Fiscalía General de la República obtuvo orden de aprehensión contra Emilio Lozoya Austin, su esposa, su madre y su hermana por Caso el Odebrecht.

Y en tanto se conoce que Estados Unidos investiga al expresidente Enrique Peña Nieto por sobornos en Pemex, el abogado de Emilio Lozoya ha señalado que el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray y el expresidente Enrique Peña Nieto deben declarar sobre el caso, al tiempo que una nueva información internacional del caso Odebrecht revela la transferencia encubierta de otros 13 millones de dólares del llamado «departamento de sobornos» a cuatro empresas mexicanas durante la gestión de Enrique Ochoa.

La vorágine parece no tener fin y cada vez surgen más nombres de personajes y empresas involucradas en la red de corrupción que ya cuenta en su haber con caídas de presidentes, empresas en quiebra, presos, y suicidios. El tema no es menor, y en el caso particular de México, los presuntos involucrados van siendo de mayor nivel, así que estaremos atentos para ver de qué tan alto van algunos a caer. 

Opinió[email protected]

@salvadorcosio1

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