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Niños mártires y nuevos santos mexicanos dominan la Plaza de San Pedro

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Un estandarte con la imagen oficial de los nuevos santos mexicanos, Cristóbal, Antonio y Juan, los niños mártires de Tlaxcala, ya domina la Plaza de San Pedro desde la fachada de la basílica vaticana.

Trabajadores colocaron en las últimas horas los cuatro pendones gigantes con las representaciones de los beatos que el próximo domingo serán elevados al honor de los altares durante una misa de canonización celebrada por el Papa Francisco.

Ese detalle es la confirmación de que se encuentra todo listo para la ceremonia, en la cual serán reconocidos como santos también André de Soveral, Ambrósio Francisco Ferro, presbíteros, y Mateus Moreira, junto con otros 27 compañeros, martirizados en 1645 en Río Grande do Norte, Brasil.

Además de Faustino Míguez, sacerdote escolapio, fundador del Instituto Calasanzio de las Hijas de la Divina Pastora, y Angelo de Acri, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos.

El cuadro de los niños mártires, que mide tres por cuatro metros, es una copia de la representación más famosa que existe de los beatos indígenas, pintado por el maestro tlaxcalteca Desiderio Xochitiotzin y que también se encuentra plasmada en un mural del seminario diocesano de Tlaxcala.

Los feligreses que visitaron este viernes el Vaticano pudieron admirar la imagen, en la que se ve a los tres pequeños con sus clásicas vestimentas indígenas blancas, cada uno portando una palma verde en su mano, símbolo del martirio, y, sobre ellos, un gran sol amarillo con una cruz en medio.

Abajo, sobre la Plaza de San Pedro, ya se encuentran dispuestas las miles de sillas que acogerán a los feligreses que llegarán para participar en la ceremonia de canonización, más de 600 de ellos procedentes del central estado mexicano de Tlaxcala.

Jorge Iván Gómez Gómez, vicario general de la diócesis de esa entidad mexicana, adelantó que el Papa ya manifestó su deseo por declarar a los niños como “promotores de la nueva evangelización para los adolescentes”.

El pontífice le comentó sobre dicha intención a Julio César Salcedo Aquino, actual obispo tlaxcalteca, al finalizar el pasado miércoles su audiencia pública semanal en el Vaticano.

Francisco tiene la idea de promover la figura de los tres indígenas en 2018, elegido por el pontífice como un año dedicado a escuchar los problemas de los jóvenes.

Gómez Gómez recordó que, además, ellos van a ser reconocidos como “protomártires de América”, ya que son los primeros fieles indígenas convertidos al cristianismo en haber perdido la vida a causa de su fe.

“En muchos lugares son conocidos como patronos de las catequesis, en otros como patronos de los monaguillos. Vamos a ver qué matiz va a expresar oficialmente el Papa con respecto a ellos”, dijo el vicario en declaraciones a Notimex.

También reveló que existe la solicitud de la diócesis tlaxcalteca y de la Conferencia Episcopal Mexicana para que sea cambiada la fecha de su fiesta oficial, del 23 de septiembre (como se celebra actualmente) al 30 de abril.

“Si uno pregunta en México qué día es la fecha de la festividad de los niños mártires todos responden naturalmente que el 30 de abril porque allá es el Día del Niño. Quisiéramos entonces cambiar la celebración, pero no sabemos a qué punto esté esa diligencia”, añadió el vicario.

Precisó que, debido a ello, por ahora los nuevos santos seguirán siendo festejados en septiembre y se espera la aprobación pontificia para el cambio de fecha.

Cristóbal, llamado también con el diminutivo “Cristobalito”, nació en Atlihuetzia (Tlaxcala) entre 1514 y 1515; era el hijo predilecto y heredero del cacique Acxotecatl. Asistió a la escuela de los misioneros franciscanos.

Tras una discusión, el muchacho comenzó a romper los ídolos paganos de su padre y este último urdió un plan para asesinarlo: lo molió a golpes y luego lo empujó a una hoguera. Aunque su madre lo salvó, murió unos días después. Todo ocurrió en 1527, cuando tenía 13 años.

Antonio y Juan nacieron entre 1516 y 1517 en Tizatlán (Tlaxcala). Antonio era nieto y heredero de un cacique local, mientras Juan era su servidor; ambos asistían a la escuela de los franciscanos.

Ellos decidieron acompañar a unos frailes en una expedición a Oaxaca, para fungir como intérpretes ante otros indígenas. En Cuauhtinchán, Puebla, fueron atacados por algunos lugareños mientras recogían los ídolos de barro.

Primero golpearon con palos a Juan, que murió al momento. Antonio, fue apaleado hasta perder la vida tras reclamarle a los asesinos. Sus cuerpos fueron arrojados en un terreno cerca de Tecalco, pero fueron recuperados y trasladados a Tepeaca, donde recibieron cristiana sepultura.

Los tres niños mártires de Tlaxcala fueron declarados beatos por el Papa Juan Pablo II en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de México, el 6 de mayo de 1990.

“Son santos por el valor que tuvieron de dar razón de su fe y defenderla, Cristóbal en su familia y Antonio y Juan acompañando a los dominicos camino a Oaxaca combatiendo precisamente a los ídolos del tiempo”, explicó Gómez Gómez.

“Su canonización es una muestra de predilección del Papa para con los niños, los adolescentes, los preadolescentes, para con la Iglesia mexicana y reconocer en ellos que pueden muy bien, en este momento concreto, ser motivadores de evangelización”, apuntó.

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