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Los difuntos exigen justicia y descanso

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Por: José Ángel Gutiérrez

Más allá de buscar un culpable por el exceso de cuerpos sin identificar y su penoso trayecto por diferentes sitios de la Zona Metropolitana, tratando de “hacer tiempo” en tanto se encuentra una solución, deberíamos comenzar por asumir responsabilidades.

Y digo “deberíamos” porque en el más estricto sentido, todos como sociedad quedamos a deber. Algunos por solo criticar sin proponer, otros por la forma de manifestar rechazo solo porque sí a la construcción de un panteón forense, como si eso significara una maldición, unos más por pegar el grito en el cielo tan solo por saber que los llevaron a su colonia.

Pero principalmente, quienes desde la posición que la ciudadanía les encomendó, no supieron, no pudieron o no quisieron actuar con la oportunidad debida.

A partir de 2010, los cuerpos no identificados dejaron de ser enviados a la fosa común. Desde entonces fueron cremados, de tal suerte que en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses se tienen las cenizas de aproximadamente 500 personas. Después, con las modificaciones a la ley, quedó prohibida la cremación y se obligó a las autoridades correspondientes a conservar los cuerpos hasta su debida identificación y entrega a sus deudos.

Acaso quienes modificaron la ley, los legisladores, no previeron que se podría generar esa saturación?

Porqué no plantearon la disposición de mayores recursos para la construcción de instalaciones más amplias a fin de dar cabida a todos esos cuerpos?

Y los Presidentes Municipales que solo dijeron no, se rasgaron las vestiduras y se lavaron las manos, sin ofrecer siquiera un espacio alternativo?

Y desde el Ejecutivo…. qué se hizo?

No solo el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, sino diversas dependencias del gobierno del Estado quedaron a deber. Y no se trata de cortar cabezas, eso poco o nada resuelve. Se trata de ofrecer soluciones lo más pronto posible, aunque ya sea tarde.

Y encontrar soluciones no solo es habilitar un sitio más grande para alojar cuerpos. Al ritmo que vamos, no habrá espacio que alcance. El verdadero reto es lograr la identificación plena de los restos humanos. Identificar a esas personas. Porque disculpen ustedes, más que carne en descomposición se trata de personas que si bien perdieron la vida, lo único que no deben perder es la dignidad. Esa dignidad se la deben conferir los vivos.

Esas personas merecen que se les identifique, se conozcan las causas de su muerte y que se haga justicia.

Qué tanto hemos avanzado para que se logre esa identificación?

Se cuenta realmente con el personal y la tecnología para ello?

Cuántas pruebas de ADN han sido practicadas en Jalisco?

Existe comunicación y coordinación con otros Estados? Muchos de esos cuerpos podrían ser de otra entidad.

Qué tipo de contacto y coordinación existe con los familiares de personas desaparecidas?

Se han buscado y atendido recomendaciones de expertos en la materia incluso a nivel internacional?

Tan solo algunas de las tantas preguntas que se vienen a la mente.

Cuando vemos que los familiares de las personas desaparecidas han hecho más que aquellos que desde un cargo público se supone tienen la responsabilidad y la posibilidad, no queda sino sorprendernos, preocuparnos, indignarnos…. encabronarnos.

Esos cuerpos, esas personas difuntas, no quieren justificaciones, no buscan chivos expiatorios. Solo esperan justicia, un trato más digno y descansar en paz.

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