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Libertad o libertinaje…

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Por: José Ángel Gutiérrez

Enorme molestia provocó al Alcalde de Zapopan, Pablo Lemus, así como a su familia y amistades, el cartón publicado por un periódico local -de raíces regiomontanas- en el que se mofan del Don Jesús Lemus, padre del edil, quien se aprecia en una fotografía en que aparentemente está dormido y a la que agregaron la leyenda: Opinión general de los informes.

Con justa razón -estimo en lo personal- el cartón provocó la ira de la familia Lemus y de buena parte de la alta sociedad jalisciense. Y es que debemos reconocer que en aras de la extrema libertad de expresión, de repente los comunicadores y los medios llegamos a caer en el libertinaje, afectando la imagen de terceros, a veces de manera irreversible.

Luego nos quejamos por las denuncias de las cuales llegamos a ser objeto.

En una misiva para el diario, Pablo Lemus advierte: “Todos los servidores públicos debemos saber que nuestras acciones están sujetas al escrutinio público. Somos blanco de la crítica y hasta de la mofa. Y eso es entendible. Lo que no es entendible ni se puede disculpar es que Mural se burlara de mi padre en el cartón de Paco Navarrete publicado este domingo”.

En la misma, el empresario llegado a político apunta que Don Jesús es un hombre de 83 años, con problemas de salud normales en alguien de su edad, y que acudió con muchos esfuerzos a escuchar el informe de su hijo. Cuestiona que el periódico haya optado “por el recurso fácil y el lugar común”.

Y agrega:

“¿Que le aporta a sus lectores mofarse de un hombre de 83 años?
“Grupo Reforma se ha caracterizado por exigirle a los actores políticos apegarse a una ética pública intachable.
“¿Pero qué dicen de la ética periodística?
“La reputación de una persona se construye durante años o décadas y en un día, con una foto jocosa, su medio puede hacerla añicos.
Don Jesús no es servidor público y tiene el derecho a no aparecer en un medio sin su autorización.
“Tiene derecho de ser recordado por su trayectoria, no por la imagen que Mural está difundiendo de él”.

A la indignación y exigencia de una disculpa pública se sumó la señora Maya Navarro de Lemus, madre del Alcalde, quien en su cuenta de Facebook exigió disculpa pública del diario y del propio Pablo Navarrete, sumando decenas de manifestaciones de solidaridad, muchas de ellas de personajes de la alta sociedad jalisciense.

Ya el propio Navarrete, en un acto de buena fe, respondió en la misma red social a la Sra. Navarro ofreciéndole disculpas y prometiendo hacerlo de forma pública. Explicó además que no conocía a Don Jesús ni de su salud y que la intención de su cartón fue expresar la flojera que provocan los informes de gobierno.

Este hecho nos da pie para reflexionar sobre la forma como nuestra sociedad -que no solo los medios de comunicación y los periodistas- está haciendo uso de la Libertad de Expresión. Habremos de reconocer que nos hemos ido a los extremos: de la limitación y el control oficial, a un excesivo y desmedido libertinaje.

Ello nos lleva a hablar y escribir con enorme ligereza sobre las personas y las instituciones, acostumbrados a que -en teoría- no pasa nada. Aunque sí pasa. En esa ligereza se van reputaciones y en ocasiones, nada vuelve a ser igual para la persona criticada o señalada.

Y si los medios de comunicación se prestan para esos excesos, las redes sociales aún más. Hoy en día todos nos sentimos expertos y aptos para opinar, cuestionar, señalar, denostar, criticar, juzgar y sentenciar. Todo por la famosa vía del “fast track” y sin medir consecuencias.

Creemos que con lo que decimos y publicamos, no pasa nada. Y sí pasa.

Sin que esta sea una invitación a la censura, lo cierto es que antes de publicar algo, debemos medir sus alcances o en su caso, atenernos a las consecuencias.

Actualmente existen a nivel nacional más de 100 denuncias contra periodistas por daño moral. En lo particular -sin concederme un nivel de autoridad que en absoluto tengo- he salido a defender a algunos compañeros periodistas que son objeto de esas denuncias. Pero existen casos, enorme cantidad de ellos, que resultan indefendibles.

No solo entre los periodistas, reitero, sino en lo general, en esta sociedad que se está adaptando a los nuevos tiempos, a las redes sociales y a una libertad que no sabemos medir y controlar.

Sea este el momento oportuno para recordar: nuestra libertad termina donde comienzan la libertad y los derechos de los demás.

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