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La pandemia de la desigualdad (Segunda parte)

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Por: María Elisa Bravo Navarro

Lic. En Comunicación por la Universidad Panamericana y Analista de problemáticas sociales

Como veíamos en la primera parte de este artículo, la llegada del SARS-CoV-2 dejó en evidencia las deficiencias más grandes de los países, y según el tamaño de sus fallas, fue y será su grado de afectación. Es evidente que en países con brechas de desigualdad inmensas, será devastador en todos los sentidos. 

Desde el inicio de la epidemia, algunos científicos-académicos y prestigiosas Instituciones Internacionales, ya expresaban su preocupación de que el virus alcanzara América Latina. Mucho se escribía sobre la deficiencias de los Sistemas de Salud Pública de la mayoría de los países en esta Región. Por otro lado, algunos economistas hablaban de sus afectaciones económicas posteriores al confinamiento, pero poco se habló de los temas sociales, de aquellos grupos más vulnerables y en desventaja, que serían quienes más padecerían las consecuencias; Por ejemplo, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.

Respecto a las niñas, niños y adolescentes

Explicarle a un niño qué es el coronavirus, por qué dejó de ver a sus compañeros y a sus maestras, o por qué ir al parque resulta un riesgo para su salud, es complicado. Pero explicarle a un niño que debe dejar la escuela para trabajar, que ir al “parque” (si es que hay uno) representa un riesgo, pero no solo para su salud o que para lavarse las manos debe caminar largas distancias para llevar agua a su casa, es devastador.

Si bien ya eran afortunados las y los niños que tenían acceso a la educación previo a la pandemia, hoy, aquellos que solo cambiaron las aulas por sus casas, son privilegiados. 

Según estimaciones del PNUD, debido al cierre de escuelas y las brechas digitales, en los países de bajo nivel de desarrollo humano el 86% de los niños en nivel primaria, no reciben educación, mientras que en aquellos países con mayor desarrollo humano, la cifra desciende al 20%. Esta enorme diferencia en la tasa de escolaridad es preocupante, porque pareciera que los países menos desarrollados siguen una especie de patrón que los condena a seguir siendo menos desarrollados. Si las generaciones que serán el futuro, no cuentan con acceso a la educación, cuando sean el presente, las fallas seguirán siendo las mismas. Si se educa de manera integral a las niñas y niños, el resto se da de manera natural y seguramente los indicadores de los países se mostrarían favorables con el tiempo, de lo contrario, ya sabemos qué sucedería.

Si bien las y los jóvenes, ya se veían afectados por diversas problemáticas como la inseguridad, la falta de oportunidad laboral y los bajos salarios, la situación actual los ha colocado como el grupo más afectado por la pandemia. Antes de ésta, el 67 % de las y los jóvenes carecían de ingreso suficiente para cubrir el costo de la canasta básica, y las jornadas laborales del 25% superaba las 48 horas. Agregando a esta fórmula la situación actual, el resultado ha sido que los jóvenes fueron los primeros en perder su empleo como consecuencia de la crisis económica derivada de la pandemia y el 70 % de los empleos formales perdidos corresponden a dicho sector. De aquellos que lograron mantener su trabajo, el 50 % tuvo una reducción en su salario (IIEG,2020).  Es preciso mencionar que el 31% de las y los jóvenes tienen dependientes económicos, es decir son jefa o jefe de familia, complejizando el modo de vida, tanto de ellos, como de sus familiares.

 Respecto a las Mujeres

Las mujeres, históricamente, han padecido la desigualdad laboral, con salarios mucho más bajos que los hombres y poca posibilidad de llegar a puestos directivos.

Cerca del 60 % de las mujeres de todo el mundo trabajan en la economía informal y ganan menos que el sexo masculino, por lo que no cuentan con un ingreso seguro, así como derechos laborales y prestaciones de ley, limitando la posibilidad de mantenerse en casa.

Por otro lado, quienes se encuentran en primera línea de atención y han dado frente a la batalla contra el Covid son las enfermeras, ya que el 86% de esta profesión, son mujeres que arriesgan su vida todos los días por un sueldo muy bajo. En promedio perciben 9,900 pesos al mes, en comparación con un médico (que en su mayoría son hombres), el promedio es de 16,400 pesos, hablamos de prácticamente el doble y por una condición de accesibilidad de oportunidades a cierta educación. Cabe resaltar que ambos salarios en México son muy bajos en comparación con otros países.

Por su parte, aquellas mujeres que permanecen en casa, están recibiendo una mayor carga de trabajo no remunerado, combinando su tiempo entre su trabajo, labores domésticas y  cuidados de los hijos u otros familiares dependientes.

Además, derivado del confinamiento, la violencia familiar ha tenido un incremento, prueba de ello es, que tan solo en el mes de marzo, las llamadas al 911 para reportar distintas formas de violencia aumentaron el 20%, y se recibieron 155 llamadas por hora (Iniciativa Spotlight 2020, SESNSP). A través de google trends, una herramienta que permite identificar tendencias y búsquedas de los usuarios, se ha identificado el aumento en las búsquedas sobre protocolos e información sobre violencia doméstica. La herramienta mide con una escala en donde 1 es el punto más bajo y 100 el más alto, y desde el inicio del confinamiento, se observaron picos por encima de 75.

La desigualdad, la violencia, la deserción escolar o el desempleo, no hacen cuarentena, mientras las personas estamos encerradas, las injusticias salen más que nunca.

No se sabe a ciencia cierta, cuánto tiempo más durará la pandemia, pero de lo que sí podemos estar seguras, es de los estragos que ya dejó, los que vienen y que seguramente no será la última. Cuando esto suceda, debemos estar mejor preparados en todos los sentidos, pero sobre todo, socialmente. Las mujeres, niños, niñas y adolescentes, así como otros grupos en condiciones de vulnerabilidad, exigen ser una prioridad a atender por parte de los gobiernos, con políticas públicas encaminadas a su desarrollo social y no de manera asistencialista o paternalista. Hoy, este virus, nos deja una gran lección, prepararse con ciencia, innovación y tecnología, no es suficiente si no es para todos y si no se  complementa con una sociedad menos desigual. El Covid-19 logró hacer visible la pandemia más larga que se ha tenido en la historia, una que parece no tener fin: la desigualdad.

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