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La muerte de la CNDH

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Por: Verónica Juárez Piña

México sufre una gravísima crisis en materia de derechos humanos. Lo vemos todos los días: desapariciones, feminicidios, violencia de género, insuficiencia de medicamentos, educación de mala calidad, salarios insuficientes. Los derechos humanos son la columna vertebral del Estado de Derecho y, sin ellos, no hay democracia. ¿A quién le conviene una Comisión Nacional de Derechos Humanos sin legitimidad en un momento así? ¿Quién se beneficia de la debilidad de las instituciones que deben ponerle freno al abuso del poder?

Toda la elección de la nueva presidenta de la CNDH fue un cochinero. Primero, la opacidad del proceso. Más que currículum o trayectoria, se priorizó la cercanía con el poder político. Y no juzgo a Rosario Piedra, a quien considero una mujer valiente y respeto la lucha de su madre y su familia, pero ¿cómo es posible que una abierta militante de un partido político pueda convertirse en la Ombusdperson de los derechos humanos? ¿No existía, alguien más, que también representara a las víctimas y que pudiera proteger la independencia de la Comisión?

Cinco años son muchos y Piedra Ibarra comienza su cargo con dudas sobre su independencia y, también, la legalidad de su nombramiento. Al día de hoy, no sabemos si alcanzó los votos necesarios para el nombramiento. Existe una sospecha velada sobre un posible fraude en el Senado. Es decir, una presidenta nacional sin autonomía, cuestionada por su cercanía con el partido del Gobierno, y también con baja credibilidad por la forma en que fue electa. Es la tormenta perfecta para tener una Comisión que no sirva y no tenga la legitimidad para ser contrapeso a las decisiones del Gobierno.

Pero no sólo eso, de forma automática, renunciaron cinco integrantes del Consejo Consultivo de la CNDH. Renunciaron porque no quieren ser parte de esta farsa. No quieren ser parte de una Comisión que piense antes en los intereses políticos y partidistas, y muy hasta el fondo en los intereses de los ciudadanos.

Debemos reconocer también la gran labor que realizaron para la Comisión y para la infancia. Es el caso particular de Alberto Athié quien denunció los crímenes de pederastia en la iglesia católica de nuestro país y que fue victima de la arbitrariedad presidencial que desconoció su arduo trabajo y como consecuencia un abuso desmedido en redes sociales. Es cierto que el trabajo de la CNDH era muy mejorable, pero habían avances innegables. Por ejemplo, el gran papel que jugó la CNDH en el caso Ayotzinapa o en la protección de derechos humanos de tercera generación como las estancias infantiles. Seamos francas, lo que le molestó a López Obrador de la CNDH fue que hiciera su trabajo: cuestionar al poder.

No dejaremos que este Gobierno mate la autonomía de la CNDH. Existe una mayoría de mexicanos que considera que la protección de los derechos humanos es un asunto de Estado y que sólo se puede hacer con instituciones fuertes que se pongan del lado de las personas. Las perredistas buscaremos detener cualquier atentado contra la función principal de la CNDH y, de la misma manera, fortaleceremos su labor más allá del cuestionamiento de su titular. México necesita una defensoría de los derechos humanos que esté a la altura de las circunstancias, no podemos volver al viejo régimen.

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