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La Industria de la Corrupción

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Por: Arq. Carlos Enrique Martínez Gutiérrez

Dicen los que saben, que los políticos cuando establecen alguna aseveración o alguna equivocación no es fortuita, en la política no hay coincidencias o casualidades por eso llama la atención que el señor Gobernador del Estado en una comida con los miembros de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción Delegación Jalisco, tuviera un desliz y en su discurso dijera “La Industria de la Corrupción” y esta frase si bien no fue muy replicada o publicitada, fue comentada desde un aspecto mediático. Se tiene mucho que reflexionar en el tema de la industria de la construcción y que efectivamente se habla, se dice, se ha comprobado y hay manifestaciones de que hay toda una industria de la corrupción, tanto en la obra pública como en la obra privada.

Muchas veces cuando se habla de la corrupción en la obra se piensa solo en la Obra Pública que ejecutan los tres órdenes y los tres niveles de gobierno con recursos que se ejercen producto de los fondos fiscales o ingresos por los diversos impuestos o aprovechamientos que pagamos todos los ciudadanos.

La corrupción va desde los clásicos moches para obtener contratos, como concursos amañados o el pago de favores políticos, así como la violación constante de leyes y reglamentos o su manipulación en beneficio de prestanombres o amigos, obras donde se tira el dinero a la basura, obras sin ninguna planeación de su verdadera utilidad, obras malhechas entre otras muchas manifestaciones de corrupción generada en su mayoría por la ineficiencia e irresponsabilidad de los funcionarios públicos y el contubernio entre políticos y contratistas de obra.

Pero pocas veces se habla de la corrupción en las obras privadas, será porque los recursos provienen del capital privado, pero la corrupción es tanto o quizás más que la obra pública, debido a reglamentos de construcción amañados e imprecisos, tortuosos y absurdos procedimientos para obtener un permiso de construcción, planes parciales de desarrollo urbano malhechos o que no se respetan, los cambios de usos del suelo ilícitos, autorizaciones de construcciones ilegales, la venta de firmas de los directores responsables o peritos, entre otras muchas manifestaciones, generan un gran negocio para un grupo selecto de funcionarios.

Los tristes ejemplos de corrupción en obras privadas y sus consecuencias los acabamos de tener en la Ciudad de México, que afloraron a raíz de los recientes sismos, construcciones malhechas, directores irresponsables, permisos indebidos etc. Pero desgraciadamente no es privativo de la capital del país, ejemplos hay de todos lados y de todos los tipos. Hay reglamentos municipales de construcción donde validan la venta de firmas y utilizan al profesionista para que solo “avalen y supervisen” las construcciones, abriendo todo un campo para la corrupción.

Lo absurdo de la situación es que se han inventado asociaciones de directores responsables de obra para defender sus derechos de “Validar y supervisar” las obras y más aún se firman convenios para que colegios de profesionistas realicen tareas que le corresponden a la autoridad municipal.

La simulación a la hora de construir, de autorizar los permisos y en las construcciones mismas en cuanto a su calidad y ubicaciones, nos habla también de una corrupción, pero también habla de profesionistas sin ética y pésimos empresarios o inversionistas, por supuesto coludidos con funcionarios públicos.

Las instancias responsables de vigilar y en su caso sancionar estas prácticas en primera instancia son las contralorías municipales o ciudadanas como hoy les llaman, pero la pregunta sería ¿Y El Congreso del Estado a través de la Auditoría Superior, qué ha hecho en estos temas?
Desgraciadamente la Auditoría Superior del Estado se concentra solo en verificar que de papel esté todo amparado, aunque sea ilegal, nunca se ha conocido que se sancione a funcionarios por autorizar cambios de usos del suelo, violar los planes de desarrollo urbano, otorgar licencias de construcción fuera de los tiempos estipulados o más aún que una obra pública cuente con todos los permisos requeridos.

Pero ante tantas manifestaciones de corrupción en el sector de la construcción, queda claro que el Gobernador del Estado no se equivocó al mencionar la “Industria de la Corrupción”.

En días pasados se acaba de aprobar por parte del Congreso del Estado una nueva ley de Obra Pública llamada “antimoches” y con ella se pretende mitigar la corrupción en la obra pública que ejecutan los diferentes entes de gobierno y los municipios en el Estado, pero muchas veces el problema no es de leyes, es de aplicación y cumplimiento de la misma, la impunidad es un elemento más que abona a la corrupción, veremos qué resultados positivos nos da esta ley en los próximos meses, pero sobre todo que las contralorías hagan su verdadero trabajo y no sirvan de comparsa de los funcionarios.

Pero en la obra privada, pareciera que no hay la voluntad política para poner remedio, armonizar leyes y reglamentos pareciera una tarea titánica, hay instancias gubernamentales que no asumen su compromiso empezando con el Congreso del Estado con una verdadera adecuación al Código Urbano y no soluciones de parche para cumplir el requisito, un Instituto Metropolitano totalmente ausente en estos temas y los municipios, adecuando reglamentos a su libre albedrío.

Hoy que se habla de un sistema anticorrupción con todo un andamiaje institucional en los diferentes niveles de gobierno y la creación de un Sistema Estatal Anticorrupción con un Fiscal y un Nuevo Auditor Superior, valdría la pena revisar a fondo las funciones de ambas Instituciones y si realmente pretenden llegar a fondo en estos temas y no solo se concentren en el sistema judicial.

En la industria de la construcción intervienen miles de personas, desde los trabajadores de obra, proveedores, profesionistas y empresarios honestos que no están de acuerdo con estas prácticas de corrupción pero las padecen y se convierten en víctimas y pareciera que por unos cuantos vivales y corruptos se generalice un sector tan importante en el desarrollo del país, estos ciudadanos honestos exigen tener una verdadera industria de la construcción, una industria limpia, sana, pujante y sobre todo eliminar estas prácticas que laceran a nuestra sociedad, la respuesta la tienen las autoridades.

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