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Qué nos dejan las elecciones…

Por: Alberto Velasco Vera

Los resultados de la elección llevadas a cabo en el país en cuatro Estados, México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, dan como resultado una serie de observaciones que debemos de analizar y que los legisladores deben de poner especial atención.

​En la pasada contienda electoral ocurrió una situación muy peculiar a media hora de haber concluido la jornada electoral, los partidos políticos empezaron a proclamar su triunfo, por igual, PRI anunciaba ser el ganador, Morena decía haber derrotado al PRI en la contienda, esto en el Estado de México; sin embargo, en los estados donde hubo elección (Coahuila, Nayarit, y Veracruz) ello, no fue la excepción.

​Este tipo de estrategias que los Partidos Políticos utilizan conlleva a desprestigiar y poner en duda el proceso electoral, además de crear confusión y dar la apariencia de que el proceso fue amañado y fraudulento.

​La autoridad Electoral, en este caso el INE a nivel federal o el organismo público local electoral, debiera regular estos anuncios prematuros que sólo causan confusión y desconfianza; sin embargo, como es que la propia autoridad promueva a través de las encuestas de salida que de manera aleatoria se cuestiona a los participantes en el proceso electoral para conocer la intención de su voto y de esta manera prospectar un resultado a priori de la jornada electoral, resultado no oficial.

El otro sistema propuesto por la autoridad electoral es el PREP, Programa de Resultados Electorales Preliminares, que no es más que el cómputo de las actas que son recibidas en cada junta electoral para dar a conocer los resultados de la elección de una manera informativa y no definitiva, pero que después del 80 por ciento de las actas computadas puede marcar la tendencia de la votación, aunque el resultado finalmente y de manera oficial lo dé la autoridad electoral del cada Estado, una vez que haya hecho el recuento de la votación.

Estos resultados que se mencionan, son aprovechados por los partidos políticos para tomar ventaja de su posición y poder proclamarse ganador de manera no oficial, sobre todos cuando no se han computado ni el 20 ó 30 por ciento de las actas, y se basan sólo con la encuesta de salida, dándola como un resultado oficial y generando la confusión en el electorado.

El ejemplo más palpable y como lo dije al principio de este texto, es el Estado de México, los principales partidos en la contienda, PRI y Morena, salen a proclamarse ganadores pero con sus reservas. Cuando la encuesta de salida al PRI le favorece, lo hace oficial y lo anuncia como tal; en tanto, y conforme se van dando los resultados a las 11 de la noche, la candidata de Morena se autoproclama ganadora y una hora después, su presidente nacional anuncia evidencias fraudulentas y que se promoverán acciones legales, todo ello para cuestionar el proceso electoral; por ello es que la autoridad y partidos políticos deben regularse en materia de resultados.

Diferencia es cuando la ventaja es contundente.

A este respecto, es momento de que en México la reforma electoral defina la segunda vuelta electoral, sobre todo cuando los resultados entre los candidatos son diferencias mínimas como es el caso de Coahuila, parte de la democracia electoral es dar certidumbre al electorado y una de las maneras de lograrlo es esa.

La segunda vuelta electoral, permitirá que los candidatos que se encuentren en una posición de diferencia menor o a punto de considerarse un empate técnico. Esta acción permitiría que los que no votaron por estos candidatos tengan la oportunidad de hacerlo por alguno de los dos contendientes (caso Francia), sin embargo, serán los legisladores quienes determinen las pautas para llegar a procesos electorales con segunda vuelta.

En toda buena democracia, en tratándose de manera electoral, y en el caso de México, la garantía política se limita al derecho de votar y ser votado. Si queremos una mejor democracia electoral, debemos reducir los recursos que se otorgan a los partidos políticos, disminuir los plurinominales legislativos en ambas cámaras, establecer el plebiscito y el referéndum, así como la revocación del mandato para cualquier funcionario elegido por la vía del voto; estos aspectos podrán dar certidumbre al electorado.

En materia de garantía política, nos falta mucho por hacer y es momento de replantearnos esta oportunidad de poder fortalecer nuestra democracia.

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