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Ciclistas llevan víveres por la Ciudad de México

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Después de horas, Johnny Zepeda ya no sabe cuánto ha pedaleado en su bicicleta, las gotas de sudor en su frente han comenzado a descender suavemente hasta sus ojos, voltea hacia sus dos amigos y ríe: “¿nos echamos otro viaje?”, sabe la repuesta, el es uno de los cientos de ciclistas que se han ofrecido a repartir víveres tras el sismo que asoló la Ciudad de México el 19 de septiembre.

Con su chaleco antireflejante y casco, desconoce las vueltas que ha dado, lo que tiene seguro es que no se iba a quedar sin hacer nada luego de que viera por la televisión los estragos del movimiento telúrico del martes pasado, y desde la colonia Martín Carrera al norte de la ciudad, tomó su bicicleta y se enfiló hacia la Roma para ayudar de alguna manera.

“No se me hacía justo estar con los brazos cruzados, viendo por televisión lo que pasaba sin hacer nada” asegura, por lo que llegó al Parque Pushkin y se ofreció para llevar en su mochila víveres a las personas de las colonias aledañas que necesitaran alimentos. A él se sumaron sus dos amigos que lo acompañan a cada viaje entre las calles y los escombros.

Johnny Zepeda dice que hay muchas calles cerradas, unas por los edificios que se vinieron abajo o por aquellos que están en riesgo de colapsar, otras porque hay fugas y han impedido el tránsito, por lo que la bicicleta es una opción rápida y fácil para llevar su encomienda.

La tarea parece sencilla, pero es agotadora, en Parque Pushkin reciben los víveres y la dirección a donde debe llegar la ayuda, así él ha conducido hasta la colonia Doctores, en la calles de la Roma, la Obrera y la Condesa. Toma pausas solo para beber algo e hidratarse, se niega a comer son sándwiches que le ofrecen: “que sea para la gente que lo necesita, yo estoy bien”, afirma.

No pasa de los 20 años, es uno de los tantos jóvenes que han tomado las calles de la ciudad y dan lo que pueden, su trabajo, sus manos, sus pies para ayudar, uno de esos jóvenes anónimos que dicen en las redes sociales no deberían de volver a soltarla, un héroe sin capa.

Mientras que en la calle de Álvaro Obregón el cuadro se repite una y otra vez, hordas de ciclistas van y vienen llevando ayuda en las mochilas en sus espaldas, sorteando los autos, las calles cerradas, el veloz paso de ambulancias y bomberos que desde el martes pasado no han dejado de hacer sonar sus sirenas.

Parece un Tour de Francia en las calles de la capital mexicana, antes de llegar  a los cruces de las avenidas, el estruendo de chiflidos y gritos busca alertar a los autos y transeúntes de su paso a fin de evitar accidentes, después se empiezan a diseminar cada uno hacia la dirección encomendada.

Luego de unos minutos de descanso, Johnny Zepeda se alista para salir de nuevo a repartir víveres, enfunda sus manos en sus guantes y cubre su cabeza con el casco, “ya nos vamos” dice mirando a su par de amigos, se monta a su bicicleta y de nuevo a pedalear, llevado giro a giro ayuda a quien lo necesita.

La solidaridad, después del sismo del 19 de septiembre, también pedalea por las calles de esta megalópolis.

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