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Escombros en mi mente – La Venganza

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Por: Rodolfo Chávez Calderón

Para quienes no leyeron el capítulo anterior de esta “novela”, hablamos de que el procurador de aquel tiempo, Jorge López Vergara, se había decidido a vengarse del director de la Policía Auxiliar del Departamento de Seguridad Pública del Estado, Gerardo López Coronado, debido a que tuvo el atrevimiento de poner un retén e interceptarlo cuando él apenas había sido nombrado procurador de Jalisco.

Así, de repente surgió una acusación, muy en secreto, de que López Coronado había asesinado a tres personas en el Periférico. Quien esto escribe se enteró, o digamos me enteré, porque los agentes comisionados acudieron a consultarme del riesgo que tenían, ya que a cargo del Departamento de Seguridad estaba el temido capitán Horacio Montenegro, y consideraban posible que al tratar de detener a Gerardo habría resistencia armada contra ellos.

Me comentaron que irían a Querétaro para que el sobreviviente, un transportista de carga, identificara la foto de Gerardo, para poder solicitar la orden de aprehensión. Fue entonces que pregunté cómo es que supieron ustedes que fue Gerardo?… Me informaron que el jefe de grupo Marcelino, o algo así, sentado a su escritorio había llegado a la conclusión de que así era, puesto que en el cajón tenía la foto de Gerardo, y cuando observaba el retrato hablado del autor del crimen, repentinamente dio por concluida “la investigación” y se puso de pie para ordenar: “vamos por él”.

Pero tenían que contar con la identificación del testigo, quien por cierto había ido a Querétaro y hasta allá irían con él, para tomar su declaración.

Sumamente extrañado por la forma como se había desarrollado ese suceso, y la forma como se realizó la “investigación”, a todas luces me pareció que era algo inducido desde la cumbre del poder en la Procuraduría, por lo que tuve a bien preguntarle al jefe de la Policía de Zapopan, Luis Octavio López Vega, tío de Gerardo, si él sabía algo respecto a ese triple asesinato. Respondió que no, y desechó el asunto. Todavía le hizo el comentario respecto al caso, al capitán Montenegro, quien a su vez cuestionó a la subsecretaria de Seguridad, la maestra Verónica Martínez y ella por su parte interrogó al respecto al procurador López Vergara, quien negó todo.

Al día siguiente yo contaba con una copia de la declaración del sobreviviente, a quien entrevistaron los judiciales en Querétaro, sólo que el escrito estaba fechado en Guadalajara.

Convencido de que era perseguido, Gerardo López cometió el error de improvisar una rueda de prensa y en ella mostró el documento para evidenciar su falsedad. Dijo que se había concretado en Querétaro y estaba fechado en Guadalajara. Eso dio pie para que el Procurador López Vergara enviara de inmediato a los judiciales en vuelo privado, a Querétaro, ya con una orden de presentación y el exhorto correspondiente, para que con auxilio del Ministerio Público de aquella entidad, se volviera a tomar declaración, ahora sí, con todas las de la ley.

Debido a la vinculación, que nunca perdió el Capitán Montenegro, con el Ejército, de inmediato intervino personal militar y ellos también fueron por el testigo, al que trajeron a Guadalajara y fue presentado al día siguiente en rueda de prensa, desmintiendo su declaración anterior.

Entre tanto teje y maneje, la Procuraduría consignó el caso al Juez Penal, y Gerardo, aconsejado por su abogado Tomás Arturo González (QEPD), decidió entregarse, de manera que días después fue liberado por falta de pruebas.

Impresionante la forma como las intrigas, venganzas y demás, se tejen en los entretelones de las instituciones policíacas.

En materia periodística siempre hubo personas que me favorecieron con información de esta forma, lo que me proveyó de notas diferentes a las de los demás periódicos.

En ese tiempo trabajaba en el periódico Siglo 21, un excelente medio de información que a pesar de todo, no se escapó de padecer la influencia y soportar el peso del procurador López Vergara, quien con el tiempo llegó a darse el lujo de hablar por teléfono para ordenar que fueran a su oficina a entrevistarlo y daba las asignaciones, ya que pedía, con sus respectivos nombres, fotógrafo y reportero.

Y así fue como llegó el momento en que mi columna “Juicios y Juzgados”, que escribía en Siglo 21, fue suspendida por orden del entonces director Jorge Zepeda Paterson, quien me llamó a su oficina para informarme que tenía quejas del procurador Jorge López, y no se publicaría más mi columna.

Todo se debió precisamente a que un día antes, respecto a este mismo caso que hoy expongo, palabras más, palabras menos, había escrito: “la supuesta investigación fue llevada a cabo por el jefe de grupo Marcelino (no recuerdo su apellido), de quien existe un antecedente muy interesante, del que mañana le habremos de hablar”.

Ese antecedente era respecto a que cuando conocí al Procurador López Vergara, quien acudió a mí días antes de ser designado, me comentó en la cafetería del hotel Fénix, que necesitaba información de la Procuraduría, porque ahí al único que le tenía confianza era a Marcelino. O sea que al publicar todo eso quedaría claro de dónde vino la orden para inculpar a Gerardo López y vengarse así de aquel “atorón” que la Policía Auxiliar, a cargo de López Coronado, le había dado a López Vergara semanas atrás.

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