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Escombros de mi mente – “El Cardenal los conocía”…

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Por: Rodolfo Chávez Calderón

Habíamos llegado a Tijuana el reportero gráfico Salvador Alcalá y yo, una noche antes, en busca de información que nos aclarara el contexto en torno al asesinato, en Guadalajara, el 24 de mayo de 1993, era el dos de junio y teníamos una larga jornada, por lo que acudimos en busca del obispo Emilio Berlie, de Tijuana. Ahí mismo, en esa sede había servido años atrás, el Cardenal Posadas.

Retornaba hacia la sacristía seguido por un grupo de oficiantes que cantaban, portaban velas mientras caminaban, por lo que temeroso de que ya no pudiera verlo, me adelanté para pedirle que me concediera la entrevista. A pesar de lo inoportuno de mi aparición, asintió con la cabeza y lo seguimos. Ya en una especie de vestidor nos invitó a sentarnos y comencé a preguntarle lo que creía pertinente.

Ya no recuerdo qué tantas cosas quise saber en esos momentos, pero sus respuestas fueron muy firmes, palabras más, palabras menos: “claro que el Cardenal Posadas los conocía (a los narcos), yo los conozco, y vienen aquí a recibir los sagrados sacramentos, son creyentes y nosotros (sacerdotes) no tenemos derecho de negarles el acceso a los santos oficios”.

Supe posteriormente que un día antes de su muerte, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ofició una misa de confirmación en el templo situado por la Avenida Del Sol, entre Mariano Otero y López Mateos, justo a un costado de Plaza del Sol. En esa ceremonia cuatro niños, apadrinados por el “Tigrillo” Arellano Félix, habían reforzado su entrega a la Iglesia católica sin saber que al día siguiente, tanto el Padrino, como el Sacerdote, se verían involucrados en un suceso que conmovería al mundo. Porque no hay duda, según el expediente de la Procuraduría, que uno de los pistoleros que sería un efectivo del Ejército Mexicano comisionado o infiltrado en el Cartel de Tijuana, un individuo “Güero” que al parecer tenía el grado de teniente, fue quien disparó más de 50 tiros con un Cuerno de Chivo contra el auto del Cardenal Posadas y enseguida entró al aeropuerto, atravesó la zona de abordaje y ya en el avión le gritó al oído a “El Tigrillo” que acababa de matar a “El Chapo”.

En fin, tras de la entrevista al Cardenal Berlié, tuvimos, Salvador Alcalá y quien esto escribe, que acudir a una rueda de prensa presidida por el Subprocurador Mario Ruiz Massieu, quien fue a anunciar cambios en la delegación de Tijuana. Ahí, mientras esperábamos, pude ver a hurtadillas unas fotos recién impresas, de los decomisos que hicieron los federales en las propiedades de los Arellano Félix. 

En una de ellas estaban cortando con soplete la tapa de una caja fuerte de aproximadamente metro y medio de altura, por un metro, aproximadamente, de ancho y en lo que ya había cortado se veía que estaba llena de pacas de dólares. Claro, que al darse cuenta el Jefe de Prensa, un individuo que tenía apellidos de narco, de inmediato las retiró de mi vista y las puso a buen recaudo.

Enseguida tendríamos que ir a Tecate, donde las autoridades habían descubierto un narco túnel, que cruzaba la línea divisoria entre México y Estados Unidos, utilizado para trasladar droga y traficar con personas, de manera clandestina.

Ya al anochecer regresamos al periódico El Sol de Tijuana, para escribir nuestras notas y enviarlas a Guadalajara. Azorado Paco, el reportero local que asignaron para que nos acompañara, nos preguntó: “así trabajan diario allá en Guadalajara”… tras responderle afirmativamente, respondió “aquí nada más vamos a recoger el boletín, y después nada se escribe a menos que sea muy importante”… 

Al día siguiente, tres de junio, nos correspondería pasar la línea y acudir a la ciudad de Los Ángeles, para continuar con la aventura…

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