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“El Cascanueces” rompe récord de audiencia en el Auditorio Nacional

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Con más de 110 mil espectadores, la renovada versión del clásico navideño “El Cascanueces”, a cargo de la Compañía Nacional de Danza (CND), rebasó las expectativas de audiencia, que el año pasado fue de 75 mil personas, cuando aún faltan dos de las 14 funciones previstas para este año.

De acuerdo con información difundida por el Auditorio Nacional, de 2001 a la fecha, y tras el éxito de la actual temporada, al concluir las funciones de hoy este ballet habrá sido visto ya por más de 700 mil personas.

La propuesta se confirma así como un éxito de público, al romper récord de audiencia y establecer una cifra histórica para un espectáculo de este género en el escenario capitalino.

Considerado un elto un clásico de la Navidad en la capital del país regresó este 2017 con una puesta en escena totalmente renovada, hecha especialmente para las dimensiones e isóptica del magno escenario de más de 240 metros cuadrados, con escenografía de Sergio Villegas, vestuario de Tolita y María Figueroa e iluminación de Laura Rode.

El año pasado, debido a la demanda del público, el Auditorio Nacional abrió por primera vez localidades en su segundo piso, para dar cabida al público que abarrotó las 10 funciones de la temporada de esta puesta en escena galardonada con la Luna del Auditorio en la categoría Ballet, en 2009, 2012 y 2013.

Para corresponder a la preferencia del público y celebrar los 125 años del estreno mundial de este ballet en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, Rusia, este año Mario Galizzi, titular artístico de la CND, decidió estrenar una fastuosa versión de El Cascanueces, que se sitúa en la Rusia de finales del siglo XIX; cuando Chaikovski compuso la música y Lev Ivanov trazó la coreografía, cuando la anterior producción se ubicaba en la Inglaterra victoriana.

Este ballet reúne a más de 150 artistas en escena, incluida la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirigida por el maestro Srba Dinic, así como alumnos de la Academia de la Danza Mexicana y de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA.

La versión original de “El Cascanueces” se estrenó en 1892 en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, Rusia. En la Ciudad de México fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes el 2 de diciembre de 1980 y desde 2001 se presenta en el Auditorio Nacional.

Entre las sorprensas del montaje, la producción destaca un elemento que condensa la fastuosidad y la magia en torno a todo lo que puede contener un regalo: el huevo Fabergé, una pieza de orfebrería salida de las manos de Peter Carl Fabergé (1846-1920), joyero oficial de la corte de los Romanov, la cual está presente de diversas formas en el escenario.

Para poner en pie los diferentes elementos que conforman la escenografía, con un peso total de 12 toneladas, 150 especialistas en diversas áreas trabajaron durante cuatro días. Entre las nuevas estructuras con las que cuenta el montaje están un huevo de Fabergé de siete metros, un sillón de nueve y un majestuoso árbol de Navidad de 10 metros de altura.

Los principales desafíos a los que se enfrentó el escenógrafo fueron respetar la coreografía, ocupar inteligentemente las enormes dimensiones del recinto y cuidar que todos los elementos pudieran ser vistos desde cualquier asiento del Auditorio Nacional. Villegas, supo encontrar soluciones a todo pensando siempre primero en el público.

Para evocar a la Rusia zarista, María y Tolita Figueroa tuvieron la oportunidad de experimentar con nuevas opciones tecnológicas en la impresión digital de textiles, y así crear 200 cambios de vestuario. Se imprimieron modelos propios elaborados específicamente para el montaje, diseños de William Morris, reproducciones textiles de época y barridos de color.

Se utilizaron unos dos mil metros de tul, que dejaron por una semana a la Ciudad de México sin este material. También se echó mano de 240 metros cuadrados de telas impresas en seda, gasa, terciopelo y raso, entre otras. Se emplearon siete mil 200 piedras Swarovski de todos colores, para dar una pátina a todo el vestuario, más de dos kilos de canutillo de vidrio en la decoración de las coronas de las flores y 300 pares de mallas.

También destaca el nuevo diseño de iluminación, cuyo objetivo es contribuir a contar la historia, apoyar la acción y darle credibilidad, así como intervenir directamente en las emociones del espectador; y un sistema de programación que sincroniza a un equipo robótico de 330 instrumentos, que funciona de manera tersa y precisa, para que la iluminación sea parte del desarrollo dramático de la historia junto con la coreografía y escenografía.

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