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El desierto florido, impresionante espectáculo

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De acuerdo a estadísticas, libros mundiales de récord y científicos, el Desierto de Atacama es el más árido del mundo, por lo que observar su florecimiento este año, constituye un espectáculo sin comparación en Chile.

Las primeras muestras de este fenómeno natural aparecen poco antes de la localidad de Los Vilos, 230 kilómetros al norte de Santiago, con cerros que durante todo el año lucen agrestes, pero que en esta oportunidad lucen un color amarillo que sorprende a los turistas.

La localidad de La Higuera, 540 kilómetros al norte de Santiago, marca un segundo punto en este recorrido rumbo al árido desierto chileno, ya que a la orilla de la Ruta 5 aparecen flores de otros colores y el amarillo ya no es el dominante.

Decenas de turistas se detienen a la orilla del camino a observar este fenómeno natural, el cual se produce algunos años debido a la caída de lluvia durante el invierno, lo que permite la aparición de plantas con flores de varios colores, en un espectáculo natural inédito.

Ya en pleno Desierto de Atacama, entre las ciudades de Vallenar y Copiapó, distantes 670 y 800 kilómetros al norte de esta capital en forma respectiva, los campos floridos son una constante, en una postal difícil de olvidar para quien ha visto en otros meses del año sólo tierra agreste y estéril.

Amarillo, blanco y violeta son los colores que predominan en estas verdaderas alfombras naturales que se extienden por el llamado “norte chico” chileno, cuyas entrañas guardan semillas en estado de latencia de 200 especies, a la espera de las condiciones de humedad para germinar.

De acuerdo con expertos, el desierto florido nacerá sólo los años en que las lluvias superan los 15 milímetros, agua suficiente para que la vida crezca por algunas semanas durante agosto y septiembre.

Entre las especies que florecen se encuentran las añañucas amarillas (Rhodophiala bagnoldii); el borlón de alforja (Polyachyrus poeppigii); la garra de león (Leontochir Ovallei), y las patas de guanaco (Cistanthe cachinalensis), entre otras.

Según expertos, el fenómeno del desierto florido ocurre hace más de cinco mil años en Chile y las primeras evidencias de su existencia datan de 1525.

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