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DESAZOLVE #TRUMPyCHOQUES

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Por: Salvador Cosío Gaona

El patán y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la Política que infortunio del mundo es Presidente de Los Estados Unidos de América, llamado Donald Trump, se alzó con una victoria en el legislativo al lograr la aprobación de su nuevo esquema fiscal, y presenta su plan fiscal como un “gigantesco recorte de impuestos” para la clase media que impulsará el crecimiento, mas el tal Trump no señala hacia donde irá el posible dinero extra que tendrán las personas y las familias, pues se afirma que la gran mayoría de los contribuyentes, en todos los niveles de ingresos, verá reducir su declaración del impuesto sobre la renta, pero no se señala que los más ricos y las grandes empresas ganarán claramente más que el resto de los habitantes del vecino país del norte.

El comité conjunto de fiscalidad del Congreso calcula que las rentas medias se beneficiarán de una cuarta parte del recorte de impuestos a los individuos por la reforma fiscal, lo que equivale a 61 mil millones de dólares en el ejercicio fiscal 2019, cuando estará funcionando a pleno rendimiento. Es la misma rebaja que tendrán las grandes fortunas, con la diferencia que beneficia a un 1% de los contribuyentes, los considerados como los más ricos, el grupo en el que sin duda está el tal Trump. El Tax Policy Center calcula que la rebaja llegará al 80% de los contribuyentes, según las estimaciones el grupo con ingresos anuales de entre 49 mil y 86 mil dólares tendrá un recorte de 930 dólares en los impuestos y para los más acaudalados, con ingresos por encima de los 733 mil dólares, la rebaja media es de 51 mil dólares. El grupo intermedio tendrá 7 mil 640 dólares de más.

Para el grupo de bajos ingresos, la situación no cambia. La reforma se concentra en la clase media y no contempla aportar beneficios adicionales a los más pobres. Medidas como los créditos para familias con niños no se les activará en la práctica. Sí puede afectarles indirectamente la reforma por vía del seguro médico, si se disparan las primas al eliminarse la obligación de tener cobertura y de ello señala Frederick Isasi, del grupo Families USA que afirma: “Habrá millones que pagarán más por su seguro sanitario o que lo perderán. Todo para pagar las rebajas de impuestos de sus donantes y de las corporaciones”, en tanto Neera Tanden, del Center for American Progress, califica por eso la legislación de “inmoral y corrupta”.

Lo cierto es que son muchos los factores que van a determinar cuánto se tendrá que pagar de impuesto sobre la renta por los contribuyentes en el vecino país al norte partiendo de las líneas principales de la reforma, hay provisiones más complejas que necesitan descifrar, como el efecto de eliminar la obligación de estar asegurado y hay más ejemplos: Un matrimonio con dos hijos, una vivienda en propiedad e ingresos de 150 mil dólares ahorrará 3 mil 560 dólares. Un contribuyente soltero y sin familia con una renta similar, recortará la factura fiscal en solo 101 dólares, pero si el mismo individuo trabaja como autónomo y gana 70 mil dólares, pagará mil 500 dólares porque se eliminan algunas deducciones a los gastos de su negocio.

Se estima que un 5% de los contribuyentes pagará más impuestos y organizaciones como El Businesses for Responsible Tax Reform, que representa a pequeños emprendedores, señala que la reforma fracasa al simplificar el código fiscal y dice: “Seguirán destinando su tiempo y el dinero a lidiar con un sistema que favorece a los grandes empresarios que pueden contratar contables que toman ventajas de las puertas traseras”.

Las grandes corporaciones también ganan, pues el impuesto de sociedades pasa del 35% al 21%, incluye un impuesto del 10.5% para los beneficios que se generan fuera del vecino país, busca así incentivar que repatríen los 2.3 billones que tienen depositados en el exterior y compensar parte de los ingresos que se van a perder con la reforma, que sumará 1.47 billones a la deuda en lo que será la siguiente década.

Doug Holtz-Eakin, del American Action Forum, cree que “merece la pena asumir el riesgo” porque la reforma hará más atractivo “para las empresas invertir y generar empleo”. Considera que “lo que no es aceptable es que la economía siga rindiendo por debajo del potencial”. “La rebaja de impuestos es un incentivo a la competitividad y al crecimiento”, añade la Business Roundtable.

La Reserva Federal asume que la rebaja de impuestos dará un impulso adicional al crecimiento. La última proyección publicada la semana pasada indicaba una expansión del 2.5% para 2018, cuatro décimas más de lo que anticipaba hace tres meses. Pero sus miembros no se lo creen del todo. Ese ritmo de crecimiento es medio punto inferior al objetivo de Trump y se moderará al 2.1% en 2019.

Los expertos de la Tax Foundation calculan que ese crecimiento adicional generará 600 mil millones en ingresos fiscales, por un incremento del 3.3% en los salarios y la creación de 1.6 millones de empleos. Está por verse, sin embargo, si el recorte es un incentivo suficiente para que las grandes multinacionales inviertan lo que ahorren o repatrien los beneficios que tienen en el exterior. Alan Viard, del American Enterprise Institute, comparte que la reducción del impuesto a las empresas “era necesaria desde hace tiempo” y anticipa que contribuirá a elevar la productividad y los salarios. Pero concluye que se debe adoptar un plan que permita corregir el desequilibrio en las cuentas públicas.

La rebaja de impuesto sobre la renta impulsada por el patán y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la Política que infortunio del mundo es Presidente de Los Estados Unidos de America, llamado Donald Trump, que fue aprobada por las Cámaras Legislativas de su país es un reflejo del carácter megalomaniaco del payaso lenguaraz y su despreocupación por asuntos tan graves como la desigualdad y la protección social de sus conciudadanos. La caída impositiva es de 1.5 billones de dólares en diez años, sobre todo en el impuesto de sociedades (del 35% al 21%, un regalo para las grandes empresas) incluye además beneficios fiscales descarados para la inversión inmobiliaria (el mercado de Trump). Una comparación lo dice todo: el paquete fiscal supondrá una reducción anual de impuestos de 50 dólares para las rentas más bajas y de 3 mil 440 dólares para las altas.

Por muchas y peligrosas razones, el plan es un desatino que tendrá consecuencias perniciosas en el próximo decenio porque aumenta la desigualdad hasta límites de tensión social propias de la Gran Depresión. Trump no solo ataca el Obamacare sino que perdona (y se perdona) la carga fiscal a las grandes empresas a cambio de mantener la presión sobre las rentas medias y bajas. Recuérdese que la intelligentsia empresarial estadounidense (Soros, Rockefeller, Buffett) ha deplorado el plan por injusto, contraproducente y dañino para los intereses sociales.

No se entiende un programa de estímulo fiscal en una fase de crecimiento sólido. La reducción faraónica de impuestos casi garantiza un aumento desorbitado del déficit público en cerca de 1.5 billones de dólares en diez años; de forma que la política monetaria tenderá a endurecerse, acelerando las pautas fijadas por Yellen, para compensar la amenaza de déficit. Por la vía de financiación exterior de un gigantesco déficit y por la de un endurecimiento de la política monetaria, otras áreas (como la del euro) acabarán pagando las consecuencias.

Aunque los asesores y representantes o asesores de la Casa Blanca insisten en que el propio Donald Trump pierde personalmente con la reforma fiscal, el neoyorquino no puede negar que sus negocios familiares van a beneficiarse con algunos de los cambios que se introducen en el novedoso sistema tributario federal que recién impulsó.

Hay nuevas provisiones en la reforma fiscal que, de hecho, benefician a multimillonarios que, como el tal Trump y algunos congresistas, gestionan grandes propiedades inmobiliarias o negocios familiares. En lugar de pagar un 40% de impuestos sobre los beneficios que generan sus negocios, tendrán que retener ahora un 30%. Además, sus contables podrán seguir jugando con las deducciones por la depreciación de los activos y otras puertas traseras que recoge la legislación. Como señalan desde el Tax Policy Center, la fórmula pactada por los republicanos en la reforma del impuesto de sociedades “es ideal” para negocios que gestionan propiedades comerciales, porque no solo permite a los propietarios sacar tajada de un tipo impositivo más reducido sino que además pueden acogerse a deducciones muy generosas. Cuestiona, también, que este incentivo fiscal vaya a apoyar la creación del empleo por el tipo de sector que es. “El presidente tratará de decir a los estadounidenses que su gran victoria política es para la clase media”, decía el senador demócrata Jack Reed en el debate previo al voto, “pero todo el mundo ve que va a beneficiar a los tipos de negocios que tiene”. Trump transfiere los beneficios que genera su empresa familiar a su fortuna personal, mientras que las grandes corporaciones -que tendrán un tipo del 21%- suelen hacerlo en forma de dividendos a los accionistas.
El senador Bob Corker es objeto de críticas porque se beneficia financieramente gracias a sus inversiones inmobiliarias. El de Tennessee fue el único miembro entre los republicanos que se opuso a la reforma fiscal cuando se adoptó hace unas semanas en el Senado. Dijo que disparaba el déficit. Sin embargo, cambió repentinamente de posición y apoyó de manera contundente la redacción que pactada con la Cámara de Representante. Argumenta que no estaba al corriente del efecto.

En cuanto al impuesto para las personas físicas, el gravamen en el tramo de renta más alto se rebaja del 39.6% al 37%. En ese caso, el beneficio no es tan grande. Y aunque no se aplica aún a la familia Trump, las grandes fortunas también reciben una ayuda por vía del impuesto de sucesiones. Los herederos estarán libres de pagar impuestos cuando los activos que pasan de manos no superen los 11 millones en el caso de los individuos y de 22 millones en las parejas. Pese a ello, Trump insiste que la reforma no le da ventaja sobre el resto de los contribuyentes y dice : “Creerme, tengo amigos con mucho dinero que no están contentos, es un regalo de Navidad increíble para la clase trabajadora”, pero ya se ha dicho que más que beneficiar a los más desprotegidos es un regalo para los más ricos.

El tal Trump tiene una fortuna estimada en 2.860 millones de dólares, según Bloomberg, no ha precisado en qué términos le afectará el cambio en las reglas fiscales y no se advierte intención alguna de publicar su declaración de impuesto sobre la renta.

El Gobierno de Los Estados Unidos de America vuelve a ser un aliado de las contaminantes empresas dedicadas a petroleo y gas. A lo largo de los últimos meses, la Administración federal a cargo del tal Donald Trump – ese patan y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la política que para infortunio del mundo es el Presidente del vecino país del norte, que en junio pasado ordenó retirar a su nación del llamado ‘Acuerdo de París’, ha cumplido con numerosas peticiones del sector energético para eliminar importantes leyes destinadas a limitar la polución del agua y el aire.
El giro del republicano en este asunto con respecto a la política ambiental que sostuvo su antecesor Barack Obama se cristalizó en junio, cuando Estados Unidos de America se retiró del Acuerdo de París, tema emprendido por el Jefe la Agencia gubernamental para el medio ambiente Scott Pruitt, un escéptico del cambio climático.

El Instituto de Petróleo Americano, el organismo referencial del sector privado para incidir en la política pública relativa a las industrias del gas y del petróleo, envió en mayo a la Agencia para la Protección del Medioambiente de Estados Unidos una lista de leyes que consideran indeseables para sus negocios y especialmente destacaron ocho regulaciones, en consecuencia siete meses después, la Administración del tal Trump ha eliminado o retrasado seis de ellas. La influencia es clara. Junto a la lista de leyes incómodas para el sector, un alto ejecutivo del Instituto de Petróleo Americano envió una carta pidiendo al Gobierno que alterara las regulaciones para “promover el acceso al petróleo y gas natural a nivel nacional, facilitando el proceso con normativas que sean rentables”. Entre otras cosas, ese instituto —que representa a más de 625 empresas de la industria— solicitaba la suspensión de regulaciones en torno a las consecuencias de las fugas de petróleo en operaciones de perforación o la eliminación de medidas que limitan las emisiones de metano y otros gases.

El responsable es el director de la agencia medioambiental, Scott Pruit, un escéptico del cambio climático que durante su posición anterior, como fiscal general de Oklahoma, favoreció los intereses del sector energético y llegó a presentar hasta 14 demandas contra la agencia que ahora dirige. Tal y como hizo en su Estado, Pruitt aboga por reducir y descentralizar la agencia, concediendo más autonomía a cada gobierno estatal para establecer las regulaciones que afectan a la contaminación y las actividades empresariales. En 2011, una investigación de The New York Times reveló que enviaba cartas críticas contra el Gobierno de Barack Obama a petición de grandes petroleras como Devon Energy. Entre otras de las peticiones que ha cumplido Pruitt se encuentran el retraso de regulaciones para mejorar la seguridad en plantas químicas o la reevaluación de medidas que limitan la contaminación del aire en las plantas energéticas, según un estudio de The Guardian. “Es evidente que para ellos el petróleo, el gas y la industria del carbón van por encima del pueblo americano, de la salud ciudadana y las organizaciones medioambientales”, afirmó Liz Gannon, exdirectora de comunicaciones de la Agencia.

Pero la complicidad gubernamental federal en el vecino país del norte hacia el sector energético proviene directamente de Trump ha retirado a su país del pacto mundial contra el cambio climático y firmado una orden ejecutiva para eliminar las protecciones de contaminación en ríos y fuentes de agua natural. A principios de este mes, el presidente ordenó la mayor reducción de reservas naturales en la historia del país, abriendo la puerta a la explotación de actividades como la extracción del gas y petróleo, la minería o la tala en tierras históricamente protegidas.

Más de 700 empleados de la Agencia Ambiental han abandonado sus puestos desde que el tal Trump tomó posesión en enero. Muchos de ellos son científicos o especialistas desmotivados con la llegada de Pruitt y el brusco cambio de dirección que ha dado el Gobierno de neoyorquino payaso lenguaraz investido como Presidente con respecto a la protección al medioambiente. Según una investigación de ProPublica y el New York Times, la Administración también está solicitando acceso copias de correos electrónicos para detectar funcionarios que se opongan a la visión del secretario y del presidente.

El estudio revela que quieren recortar hasta 3200 puestos, un 20% de los que conforman la citada Agencia. La mayoría de los empleados que ya han dimitido, se han retirado o han aceptado paquetes de destitución no serán reemplazados, una decisión de la Agencia coherente con la promesa de Trump de reducir el Gobierno federal.

@salvadorcosio1
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