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DESAZOLVE #PESOyTROPIEZO

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Por: Salvador Cosío Gaona

Pareciere que culminó el buen camino hacia la recuperación que el peso mexicano venía consolidando en los últimos siete meses y las razones de esto, según analistas, son el posible fin del Tratado de Libre Comercio (NAFTA) por sus siglas en inglés, la escalada del dólar ante el alza de tasas de la Fed (sistema de la reserva federal, -el banco central de los Estados Unidos) y la posición en las recientes encuestas del previsible candidato de MORENA Andrés Manuel López Obrador rumbo a las elecciones por la Presidencia de la República Mexicana en el 2018, y que por ahora lo ubican como puntero en esa carrera.

El pasado viernes 13 de octubre el tipo de cambio interbancario tocó los 19 pesos por dólar, el nivel más elevado de los últimos seis meses. La recuperación que tuvo el peso mexicano en los últimos siete meses terminó y ahora se enfrascó en una racha bajista que ya liga 10 sesiones.

La combinación de los tres factores provocó que el tipo de cambio registrara su racha bajista más extensa desde mayo de 2012 y ubicara al tipo de cambio en un nivel de 18.94 unidades, según datos del Banco de México.

Por ahora los pronósticos no son nada optimistas y la previsión es que el peso siga una trayectoria a la baja.

Cuando el peso se deprecia, suenan las alarmas y hay quienes piensan que nuevamente estamos al borde de una situación como la que vivimos en las primeras semanas de este año. Hay algunas analogías en los dos momentos, pero muchas diferencias. Los dos momentos se parecen básicamente en una cosa. La primera es que la fuente de incertidumbre que ha propiciado una depreciación de nuestra moneda frente al dólar es externa y tiene su origen en las políticas del gobierno de Estados Unidos de América.

En las primeras semanas de este año había el temor de que, apenas llegando a la Casa Blanca, Trump fuera a repudiar el Tratado de Libre Comercio y a proponer el llamado BAT, impuesto transfronterizo, que amenazaba con impactar al comercio. Ahora, el alza reciente del dólar tiene tras de sí la percepción de que las propuestas inaceptables que ha estado haciendo el gobierno norteamericano en la mesa de negociación del NAFTA llevarían en algún momento no muy lejano a que se hiciera efectivo el retiro del vecino país del norte del Tratado. Pero hasta allí están las analogías ya que hay profundas diferencias en los dos momentos.

Quizá la más importante de todas ellas es que los sectores productivos han observado que, aun sin el Tratado, sería factible mantener con relativa normalidad el comercio con Estados Unidos bajo la perspectiva de las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y es que es un hecho que una buena parte de las exportaciones mexicanas ya se hacen bajo los términos multilaterales más que los del NAFTA. Otra diferencia es que el propio Trump se ha ido debilitando en Estados Unidos y que ya hay cuestionamientos respecto a si tiene o no la autoridad para decidir sacar a ese país del Tratado. Ahora también, se debe agregar que por lo menos en la percepción y en los discursos, el Premier canadiense estaría ejerciendo presión para mantener el tratado comercial y de alguna manera está apoyando a México en negarse a aceptar las condiciones que el gobierno de Trump plantea en la negociación, así lo ha dejado ver muy especialmente en su reciente visita a nuestro país donde fue claro al señalar que las prácticamente imposiciones que Estados Unidos pretende establecer son inaceptables, sobretodo la propuesta de terminar y reinventar cada cierto periodo de tiempo el acuerdo, lo que a todas luces en vez de beneficiar provoca inestabilidad y desconfianza en los inversores.

En enero pasado, el impacto de una salida de los Estados Unidos hubiera sido mucho más serio. En este momento, no es que no fuera a tener impacto, pero sería más asimilable para la economía mexicana, máxime aun cuando el guiño chino esta cada vez más cercano. Ahora bien, a decir de los estadistas, quienes hablan de un tipo de cambio que se va a 24 pesos por dólar o más, tras una posible salida de los Estados Unidos del Tratado, exageran. El nivel de casi 19 pesos por dólar al que nuestra moneda llegó el viernes pasado, en buena medida ya está descontando el efecto de la salida de nuestro vecino del norte. Si las negociaciones fueran tersas y sin complicaciones mayores, quizás estaríamos todavía por debajo de 18 pesos por dólar.

Por otro lado, hay que recordar que en este tipo de eventos usualmente hay sobrerreacciones durante los primeros días o semanas, que gradualmente se borran cuando se dimensionan los impactos reales de las decisiones.

Por otro lado, estadísticamente, el peso tiene un sesgo bajista durante las campañas presidenciales, lo que podría enviar al dólar a un nivel de 19.25 en los próximos 6 meses, más aun si el propio régimen se encarga de hacer el trabajo sucio y difundir que en caso de un triunfo de Andrés Manuel López Obrador, varias de las reformas impulsadas por este gobierno serían reversibles, asunto que sin duda de momento causaría impacto negativo en los mercados. Hay que recordar que durante los 3 pasados ciclos electorales, la depreciación del peso frente al dólar del inicio del año hasta el día de la elección, ha sido en promedio de 5 por ciento.

Lo cierto ahora es que lamentablemente ya no solo luchamos como país con nuestros propios problemas internos, sino que ahora debemos sortear los embates externos que provocan los berrinches y arrebatos de Donald Trump y que pueden tanto a mediano como a largo plazo acarrearnos severos daños colaterales.

La probabilidad que el tratado comercial trilateral vigente entre Los Estados Unidos de América, Canadá y México sea anulado, se ha acrecentado al acabar la cuarta ronda de la posible renegociación al existir tres grandes escollos en la mesa de discusión y las discusiones habrán de prolongarse más de lo esperado, posiblemente hasta el primer trimestre de 2018, pese a que estaba previsto que concluyeran en diciembre, debido a lo alejado de las posturas entre los equipos negociadores de los tres países.

La Administración de Donald Trump ha propuesto condiciones que preocupan a los otros dos socios: quiere más contenido estadounidense en los automóviles para poder considerarlo producto local, que el actual mecanismo de resolución de conflicto desaparezca y que, cada cinco años, el acuerdo termine de forma automática salvo que los socios firmen lo contrario.

El negociador en Jefe de Los Estados Unidos de América Robert Lighthizer, el Secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo Villarreal y la Ministra de Relaciones Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, se presentaron ante la prensa después de siete días de conversaciones ásperas con cara de poca alegría. Lighthizer se declaró “sorprendido y decepcionado” con lo que calificó de “resistencia al cambio” por parte de los dos países vecinos. “Nafta ha causado un enorme déficit comercial en Estados Unidos y decenas de miles de empleos en el sector manufacturero”, señaló el estadounidense, entonando el mismo discurso del arranque de estas conversaciones.

La renegociación del TLCAN comenzó el pasado agosto en Washington, celebró su segunda y tercera ronda en México y Canadá, respectivamente, y estos días ha regresado a la capital estadounidense. Se discuten nuevas reglas de juego para una zona de libre comercio que el año pasado movió 1.2 billones de dólares.

El calendario fijaba este próximo mes de diciembre como fecha final del proceso y ahora se ha prolongado hasta el primer trimestre del próximo año, aunque nadie puede descartar la posibilidad que los plazos puedan acortarse en razón que alguno de los socios se levante de la mesa y los tres vuelvan a regirse por el marco general de la OMC, con el regreso de los aranceles.

Guajardo Villarreal ha insisitido en expresar optimismo a lo largo del proceso, destacando todo lo que les une a sus vecinos estadounidenses y se mantuvo en esa línea, recalcando que México afronta las conversaciones como “una negociación de ganancia mutua” frente a una “situación de pérdida mutua”. En esta línea, llamó a seguir trabajando juntos para “conseguir equilibrios”. Los tres volverán a verse en la ciudad de México el 17 de noviembre, para la quinta ronda.

La Administración de Trump llegó el pasado agosto a la mesa al ataque, advirtiendo que el TLCAN había fracasado para muchos estadounidenses y que la reforma del acuerdo trilateral tendría que ser profunda para que su país permaneciera en él. A la defensiva estaban Canadá y sobre todo México. Esta es una negociación que los mexicanos preferían evitar a toda costa, aunque el discurso público sí acepta ahora que un acuerdo comercial de hace 23 años necesita modernizarse con los cambios experimentados en cada país y la digitalización de la economía.

Las tres grandes condiciones que pone el Gobierno que encabeza el tal Trump son identificadas como líneas rojas para los mexicanos. La relacionada con la industria automovilística resulta la más perjudicial. Trump quiere elevar el porcentaje de composición norteamericana (es decir, procedente de cualquier de los tres países socios) en los vehículos del 62.5% actual, que es lo que fija ahora el TLCAN, hasta el 85%. Además, el 50% los materiales tienen que provenir específicamente de factorías estadounidenses. La cuestión es si de estos requisitos se beneficiarían los trabajadores estadounidenses o, en buena medida, lo de las fábricas asiáticas, que podrían recibir más pedidos de las marcas americanas para reducir costos.

Las postura de Trump ha recibido críticas dentro de su propio país. Más de 300 empresas estadounidenses enviaron la semana pasada una carta a la Casa Blanca reclamando a su Gobierno que mantenga el TLCAN. Y en un reciente editorial el influyente Dario The Wall Street Journal, decía que finiquitar el pacto supondría el mayor error económico desde que Nixon quebró Bretton Woods e impuso controles de precios y sueldos.

La moneda está en el aire, pero ya ahora con un ambiente distinto porque a los caprichos, rabietas y necedades del payaso lenguaraz hay una posición más sólida de México y de Canadá, advirtiéndose por Gobierno y empresariado mexicanos que no se acabará el mundo si llega a anularse el TLCAN.

@salvadorcosio1
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