Inicio COLUMNA INVITADAS DESAZOLVE

DESAZOLVE

0
Compartir

Lo que se juega Trump este martes

Por: Salvador Cosío Gaona

A un día de que los Estados Unidos de América celebren sus elecciones intermedias en las que deberán votar para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, así como 39 gobernadores, el presidente Donald Trump, hace circo, maroma y teatro para llegar mejor perfilado a esta contienda a la que según la encuesta semanal Gallup, se presenta con un bajo nivel de aprobación, pues reportó una caída de 40 por ciento en el transcurso de una semana, de acuerdo al último sondeo realizado el pasado 28 de octubre. Un 40% de los estadounidenses apoya a Trump cuatro puntos porcentuales menos que la semana anterior, lo que indudablemente lo debe tener enfadado pero principalmente maquinando cómo hacer para revertir esa tendencia.

La Elección del 6 de noviembre, programada a medio mandato de la gestión presidencial, es de vital importancia para el futuro del país, dado que incidirá no solo en las decisiones legislativas, sino que pueden impulsar un procedimiento revocatorio del actual presidente en caso de que el Partido Demócrata logre la mayoría, o en caso contrario, darle un empujón más al polémico presidente para buscar la reelección, lo que evidentemente no sería una buena noticia para México ni los mexicanos.

En la encuesta de popularidad referida,  54% de los encuestados valoró negativamente el desempeño del jefe de Estado, abarcando a 1.500 estadounidenses adultos y su margen de error es de uno por ciento. Trump sabe que no está en su mejor momento, a pesar de que se ha beneficiado de la aprobación de la reforma fiscal, su primer éxito legislativo, pero sigue por debajo del 45% de popularidad que tenía al inicio de su mandato y del 51% de su predecesor Obama al final de su primer año. Mantiene, sin embargo, un sólido apoyo de la base de votantes que lo catapultó a la Casa Blanca y a ellos dirige muchos de sus mensajes, por ejemplo de aislacionismo internacional y dureza en inmigración.

El mandatario de los Estados Unidos de América ha recurrido nuevamente a los insultos, a la agresividad, a la mofa,  a sus mensajes xenófobos, nacionalistas, racistas y discriminatorios para tener de su lado a los mismos que lo llevaron a ganar la Elección de 2016 a la Casa Blanca. La intimidación es otra de las banderas que ha desdoblado para ejercer mayor presión.

En este marco, han incrementado los ataques contra grupos o personas por su etnia, religión o ideología en Estados Unidos, pero lo mencionado no viene de la última semana, si bien es cierto que se ha recrudecido en estos días, este fenómeno se ha registrado en los últimos años, para ser más exactos viene de 2016 a la fecha, cuando las elecciones presidenciales nos dejaron ver el rostro de ese personaje que engendraba todo el odio y la xenofobia que no se había visto públicamente en los últimos años por un aspirante a dirigir la Casa Blanca y mucho menos por un presidente en funciones. Consiguió despertar en muchas personas, si es que alguna vez estuvo dormido, ese odio, ese racismo, esa ira, que en otras décadas tanto dañó y dividió a los estadounidenses.

“Todos los judíos deben morir”, le dijo a los policías el asesino de 11 judíos en una sinagoga de Pittsburgh el sábado pasado. Por esos mismos días, fueron asesinados dos negros por un supremacista blanco en Kentucky; y a ello se sumó la detención de un fanático ultraderechista que había enviado una docena de cartas bomba a políticos demócratas, la cadena CNN y figuras que han sido críticas con el presidente.

Trump despertó al monstruo y ahora son cómplices; entre ellos se inspiran, se motivan y se celebran. Cuentan que ese monstruo, presente en un mitin el pasado sábado en Murphysboro, Illinois, le impidió guardar compostura cuando el presidente intentó mostrarse serio por lo ocurrido horas antes en una sinagoga de Pittsburgh. Cuando Trump anunció que “bajaría un poquito el tono” y les preguntó ¿Les parece bien?, el monstruo respondió con un enérgico: «¡Noooooo!», y entonces el presidente respondió entre risas, “Mmm, ya me parecía que iban a decir eso”.

De acuerdo al diario Vanguardia, los insultos a los extranjeros y las teorías conspirativas que tanto predicamento han tenido siempre en Estados Unidos, acrecentadas por las redes sociales, resuenan ahora en los tuits y las intervenciones del presidente, el partido republicano y algunos medios de comunicación afines. Refiere que horas después de la masacre antisemita de Pittsburgh, un invitado del programa de Lou Dobbs en la cadena Fox Business seguía difundiendo sin prueba alguna la teoría de que el dinero del judio George  Soros está detrás de la caravana de inmigrantes que viaja hacia la frontera de México con Estados Unidos.

“Los grupos más de izquierda del partido (demócrata) están implicados. Es una operación muy organizada y sofisticada” en la que “mucha gente recibe dinero del Departamento de Estado que Soros tiene ocupado”, aseguró Chris Farrell, director de la fundación conservadora Judicial Watch, usando términos propios de supremacistas blancos como los que han actuado, a tiros, esta semana. Es la misma teoría que Robert Bowers, presunto autor de la matanza de la sinagoga, había esgrimido en la red social Gab para justificar su mortal misión. La cadena emitió un comunicado en el que “condena la retórica” del invitado de Dobbs y anuncia que prescindirá del comentarista.

Los medios estadounidenses acotan que el propio Trump ha alentado y exacerbado los ánimos entre demócratas y republicanos  -vía redes sociales-. Le señalan de instigar y fomentar el odio. Por ejemplo, hace unos días lanzó un tuit en el que mencionaba que “la cosa esa de las bombas” era un montaje de los demócratas para perjudicar a los republicanos. Unas horas después fue detenido en Florida como supuesto autor de los hechos un hombre blanco que viajaba a bordo de una furgoneta forrada con fotos de Trump y ataques a personas a las que el presidente ha vilipendiado en sus mítines.

Trump ha respondido con ataques a quienes le recuerdan que, aunque no sea responsable de estos actos, su retórica ultranacionalista alimenta e inspira a los extremistas y debe dar ejemplo y restaurar el tono del debate público. Lo haría, replica el presidente, si los medios de comunicación –a los que define como “el enemigo del pueblo”– pusieran fin a su “cobertura injusta”.

Notas periodísticas refieren que Trump sí bajó un poco el tono en el evento del sábado; no insultó a sus rivales, no aplaudió a quienes agreden a periodistas, pero tampoco evitó sus retórica incendiaria para referirse a demócratas e inmigrantes ni ocultó su risa descarada que tanto lo caracteriza. Con ese tono que sabe, alimentó al monstruo con un contundente, “Están animando a millones de extranjeros a romper nuestras leyes, violar nuestras fronteras y arruinar nuestro país”, dijo a los presentes.

De acuerdo con información de Clarín, Mundo y The Guardian, la cámara de Representantes tiene 435 diputados, y el Senado, 100 bancas. En la cámara Alta, los republicanos tienen 51 senadores, y los demócratas 47. Hay dos asientos independientes que suelen votar con la oposición.

En Diputados, la brecha es más amplia. Los republicanos tienen 241 legisladores, y los demócratas, 194. Sin embargo, es en este recinto donde la oposición tiene más chances de ganar.

Los republicanos están en una posición más vulnerable en Diputados, porque allí deben defender 41 bancas con candidatos nuevos, el número más grande desde 1930.

Los votantes estadounidenses generalmente se muestran reacios a expulsar a un representante que busca su reelección. Entonces, para los demócratas, algunas de sus mejores esperanzas están en escaños donde el titular ya no se presenta. La buena noticia para los demócratas es que un récord de 39 republicanos, muchos de los cuales eran anti-Trump, optó por retirarse en lugar de disputar sus asientos en noviembre, y algunos de ellos se encuentran en estados clave como Florida y Pennsylvania.

En el Senado, que da más voces a los votantes rurales (que son parte importante de la base de Trump), el Grand Old Party  (GOP-republicanos) tiene una gran ventaja sobre los demócratas en este enfrentamiento, porque el Partido Demócrata está defendiendo 26 escaños (incluidos dos independientes, que suelen votar con ellos), mientras que los republicanos solo tienen que defender nueve.

Actualmente el Partido Republicano controla ambos hemiciclos, lo que es esencial para avanzar la agenda legislativa de Trump. Si los conservadores ya han tenido problemas para aprobar leyes, por ejemplo su prometida contrarreforma sanitaria, con su actual mayoría exigua en el Senado, un cambio de color político en el Capitolio pondría en jaque la obra legislativa de Trump. Las elecciones serán un termómetro social sobre el mandatario dos años antes de las elecciones presidenciales de 2020.

opinió[email protected]

@salvadorcosio1

Comments

comments