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Democratizar el mundo del trabajo

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Por: Verónica Juárez Piña

Coordinadora GPPRD

Cámara de Diputados 

Los perredistas tenemos como principio fundacional la defensa de la democracia y la libertad sindical. No creemos en gremios charros, oficialistas o de cuello blanco. Confiamos en el trabajador y queremos un México con sindicatos fuertes, pero siempre que tengan como prioridad la defensa de los intereses de las y los obreros, profesionistas o comerciantes.

A diferencia del Presidente de la República, nosotros creemos en el asociacionismo, aunque respetando la libertad individual del trabajador.

Por ello, la reforma laboral aprobada este jueves en la Cámara de Diputados es importante. Sin embargo, es increíble que desde el extranjero nos venga la exigencia de someter la ratificación de un tratado económico a la ampliación de las libertades sindicales.

Es increíble, también, que en pleno siglo XXI existan sindicatos charros que se oponen a que las y los trabajadores puedan votar libre y secretamente por sus dirigentes. La CROC, una organización vinculada al PRI, rechaza este derecho democrático y existen otros como el SNTE, que no quieren perder la exclusividad. La democracia sindical no puede ser un valor a discusión en pleno siglo XXI.

De la misma forma, nos parece correcto que se castiguen prácticas abusivas por parte de los gremios. Una cosa es la defensa irrestricta de los derechos laborales, así como los incrementos en sueldos y prestaciones para las y los trabajadores, y otra es la extorsión o la corrupción.

Distintos artículos de la reforma penalizan estas prácticas, así como la proliferación de sindicatos fantasma que sólo sirven para la protección de negocios privados. La democratización y la libertad sindical pueden ser un incentivo para elevar los salarios.

Y es que las reformas laborales sucesivas han acentuado la precariedad de los trabajadores, permitiendo que exista un sindicalismo favorable al gobierno y en sometimiento de los intereses corporativos.

Digamos que por décadas, el modelo laboral ha beneficiado la supuesta paz entre sindicatos o la estabilidad empresarial, pero muy poco los salarios y las condiciones sociales de la clase trabajadora.

Nosotros, en el PRD apoyamos esta  reforma con el fin de articular un tejido sindical que funcione para todas y todos. Y no, como ha sido hasta hoy, que los únicos beneficiarios sean líderes o lideresas sindicales que utilizan sus prerrogativas para consolidar poder político y económico.

De la misma manera, nos unimos a las voces de los sectores industriales y obreros en Canadá y Estados Unidos que exigen apuestas ambiciosas para incrementar los salarios en México. No podemos ser el patio trasero de América del Norte. Los acuerdos de comercio tienen que servir para mejorar las condiciones de vida de las y los mexicanos y tenemos que estructurar un plan que nos permita revalorizar los salarios en un futuro cercano.

Sabemos que el reto es mayúsculo. Las sucesivas reformas laborales han ido debilitando los derechos de las y los trabajadores y apostando por la subcontratación y la precariedad.             Empero, hoy, las y los perredistas nos comprometimos con una reforma que permita  empoderar al trabajador frente a las corruptas élites sindicales.

Nunca más sindicatos oficialistas, charros, de cuello blanco o fantasmas que no tienen en mente la protección y continua mejora de salarios y condiciones laborales. Nos jugamos mucho en esta reforma y es un paso que México tenía que dar hace mucho tiempo.

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